Pont d'Espagne y Lac du Gaube

Día 9 | 10 de septiembre de 2018

Mapa de la etapa 9

La suerte empieza a remontar. Durmiendo en el sofá-cama del salón para evitar interrumpir el sueño de L en caso de que mi riñón contraatacara, parece que las drogas lo han mantenido a raya y yo también he podido recuperar horas de sueño perdidas. Solo nos quedan tres cosas por hacer en Eaux-Bonnes antes de abandonarlo: desayunar, devolver nuestro abultado equipaje al maletero del coche, y alarmarnos cuando a nuestra salida nos fijamos en el cartel de una grúa junto al portal del edificio. Buscar la traducción exacta solo consigue aumentar nuestra inquietud: al parecer las obras que se están llevando a cabo son para eliminar el amianto del edificio.

Hago ahora un pequeño parón en la narración para explicar qué ocurrió con esto. Tras el descubrimiento de que habíamos pasado dos noches en un edificio no libre de amianto, decidimos presentar una reclamación en el “Centro de resolución de conflictos de Airbnb”. Nuestra demanda era clara: si hemos estado expuestos a un riesgo para la salud por desinformación del anfitrión, exigimos como mínimo el reembolso de la reserva. Caroline contestó a las pocas horas, sorprendida por la reclamación y asegurando que la extracción de amianto había terminado hace un mes y que podía conseguir pruebas que así lo demostrasen. Sin más que su palabra, nos apoyamos en los responsables en Airbnb para que reclamasen esa documentación y actuasen en consecuencia. Unos días más tarde, el personal de la compañía nos contesta indicando que efectivamente la anfitriona ha presentado pruebas de que durante nuestra estancia ya no existía riesgo para la salud y que por lo tanto dan por cerrada la reclamación al no haber un agravio demostrable. Las “pruebas” se limitan a un correo en francés de la comunidad de vecinos enviado en esos mismos días indicando que el amianto había sido eliminado durante el mes de julio y que solo quedaba retirar todo el material de construcción de la zona. Una prueba bastante discutible en nuestra opinión, pero que no tenemos ánimo de seguir combatiendo. Así termina un capítulo que, como parte positiva, se cierra con Airbnb obsequiándonos por las molestias con un cupón de 60 euros a gastar en reservas durante el próximo año.

Un cartel muy alentador
Y así estaba el otro acceso al edificio

Tras el alto en el camino, seguimos. El objetivo de hoy es visitar el prometedor Lac de Gaube en lo alto de la estación de esquí de Pont d’Espagne, varios kilómetros al este de nuestra ubicación actual. Como en todo el viaje, la previsión del tiempo dicta nuestros horarios. En esta ocasión las lluvias se esperan a partir del mediodía, así que tras el chasco de la jornada anterior nos obligamos a ponernos especialmente temprano. No hemos alcanzado las 7:00 cuando el motor echa a andar y salimos por última vez de este Eaux-Bonnes que nos ha acompañado en una experiencia peor de la que esperábamos.

Para ir de Eaux-Bonnes hasta Pont d’Espagne se nos presentan tres alternativas:

  • Opción A: atajar por plena montaña, recorriendo 66 kilómetros en 108 minutos.
  • Opción B: recorrer más distancia pero aprovechando las mejores carreteras que atraviesan Lourdes, en un total de 96 kilómetros en 117 minutos.
  • Opción C: ampliar todavía más el desvío para pasar primero por Pau y después por Lourdes, minimizando la distancia a recorrer por montaña pero sumando un total de 124 kilómetros en 149 minutos.

No nos apetece en absoluto pasar más de hora y media -y menos con tan poca luz- superando curvas ciegas a velocidad de tortuga pero tampoco queremos incrementar necesariamente la distancia y tiempo del viaje, así que nos decantamos por la opción intermedia. Nos quedan por delante dos horas que empiezan con el inevitable alejamiento de los Pirineos por carreteras dignas de uno de un rally clásico, con poca luz y el piso mojado. Afortunadamente a estas horas tan tempranas el tráfico no es excesivo, si bien vemos ya mucha furgoneta y vehículo particular con matrícula de la región que nos recuerdan el hecho de que hoy es un día laborable. A nuestra llegada al ya considerable núcleo urbano de Lourdes debemos poner todos nuestros sentidos en no tomar el desvío equivocado, ya que la circulación y la red de carreteras dentro de la ciudad es algo caótica. Superada la gran ciudad, volvemos a dirigirnos hacia el sur regresando a las carreteras de pendiente ascendente y curvas que superan las montañas, hasta llegar a la meta a las 8:45 acompañados de 10 grados que nos saben a gloria. El viaje ha sido más llevadero gracias a ir acompañados por la discografía completa de las Spice Girls. Porque sí, el “girl power” perdura. Cuando meses después estoy publicando esto, hace apenas unos días que hemos comprado vuelos, alojamiento y entradas para ver a 4 de las 5 componentes del grupo en el Wembley Stadium de Londres, no digo más.

Nos encontramos una estación de esquí todavía adormilada, con el edificio de información y el teleférico cerrado hasta las 9:30. Tenemos así tiempo de darnos un paseo antes por las cascadas que separan el aparcamiento del propio puente que da nombre a la estación. Pasamos antes por el servicio, donde nos encontramos unas instalaciones sorprendentemente modernas. Los habitáculos en los que se esconden los retretes se cierran automáticamente tras haberlos utilizado para proceder durante varios segundos a lo que los carteles informan como “autolavado”. Magia.

El aparcamiento prácticamente vacío a primera hora
Precios y horarios

Las pequeñas cascadas que se suceden a lo largo del “Gave du Marcadau” son un paraíso para la fotografía. Miramos los tres miradores que hay hasta el puente y cometemos la torpeza -ya la corregiremos más tarde- no de alcanzar el último y más importante, que pasado el propio Pont d’Espagne ofrece vistas a la catarata principal. En su lugar regresamos hasta el punto de inicio, donde entramos en la oficina de información para hacernos con el pack de Parking + Teleférico + Telesilla para dos personas por 30 euros. El teleférico cubre una distancia que fácilmente podríamos recorrer a pie, pero el precio del pack es el mismo que si pagásemos por separado el aparcamiento y el telesilla -que vamos a coger sí o sí-. Así que probaremos “gratis” las cabinas.

El Pont d'Espagne propiamente dicho
El puente, el río, la vegetación... todo suma
El río sigue su curso tras pararse para hacerse la foto
Pequeñas cascadas a lo largo del camino

Tampoco es que sean gran cosa. El recorrido es corto y, aunque las vistas son más bien monótonas por estar rodeados de vegetación, tampoco las podemos disfrutar demasiado porque los cristales de la cabina están sucios y empañados. Sin embargo, el telesilla al que nos subimos tras caminar unos pocos metros de estación a estación ya es otra cosa. Nos mojamos el trasero mientras vemos como el suelo se hace cada vez más y más pequeño, y queda bajo nuestros pies el tortuoso sendero que deberíamos tomar para ganar 225 metros de altura y alcanzar el Lac de Gaube si no hubiéramos optado por la opción cómoda.

Las líneas del teleférico a través del sucio cristal
La estación superior del teleférico
Otra vez cruzando el rio para ir de estación a estación
Y ahora sí, a subir
Los valientes que dejamos bajo nuestros pies
Y sube... y sube... y sube...

Tras bajar de la silla colgante con un pequeño salto, hacemos un alto para quitarnos ropa -la temperatura ha ido subiendo- antes de seguir la marcha. Tan solo 15 minutos sin apenas desnivel nos separan del objetivo del día: un majestuoso Lac de Gaube rodeado de montañas y precedido por multitud de vacas y un burro que parecen colocarse a propósito a lado y lado del camino para dar la bienvenida a los visitantes.

El plácido camino hasta el lago
Bienvenidos a mi hogar

Estamos en el lugar, pero no es la hora. El escenario no alcanzará su momento de mayor lucimiento hasta que el sol comience a superar las montañas que lo rodean e ilumine tanto las paredes como el agua. Para hacer tiempo y no enfriar las piernas decidimos alcanzar el extremo más virgen del lago -en este tenemos a mano izquierda un restaurante- caminando en paralelo a su orilla derecha. Para ello debemos superar un tramo de grandes rocas que ralentizan la marcha por tener que plantearse a cada paso donde poner el pie a continuación. En el otro extremo nos espera todavía menos compañía, si bien la temprana hora permite que el ambiente sea por ahora muy tranquilo en todo el lago. Desde aquí podríamos continuar la marcha y tras una moderada excursión alcanzar el Refugio de Oulettes de Gaube, superando por el camino varias cataratas y ganando una altura de 400 metros respecto al lago. Sin embargo no queremos arriesgarnos a que la anunciada tormenta nos coja a medio recorrido, así que hoy nos conformamos con una visita de mucha menos exigencia para asegurarnos así de disfrutar del lago en toda su plenitud.

El lugar, pero todavía no es la hora
Desde el extremo contrario la cosa ya pinta mejor
Disfrutando del momento
Rodeando el lago sin quitarle ojo
El camino que dejamos por delante

Con la pared oriental comenzando a iluminarse, a las 11:30 deshacemos esta media vuelta al lago. L lo hace por el mismo camino, pero yo remonto varias rocas para intentar ganar perspectiva y hacer algunas fotos desde aquí que inmortalicen lo mejor posible el escenario.

Volvemos al extremo más al norte de Lac de Gaube y, ya con más luz, nos espera La Vista en mayúsculas. El pequeño torrente del Gave de Gaube que sale del lago y continúa su marcha completa la imagen de las tranquilas aguas, las majestuosas paredes a lado y lado y la Cascade Esplumouse hasta la que no hemos querido llegar al fondo de la imagen. Sigue sin haber muchísima gente, pero sí la suficiente para hacer complicado conseguir una fotografía solitaria. Tras la sesión, nos sentamos en una de los montículos entre el camino que lleva al restaurante y el lago para comer por nuestra cuenta. El burro no solo sigue por aquí si no que se pasea y mendiga comida sin ningún pudor, rozando el acoso en algunos casos cuando se pone demasiado cerca de alguien que está intentando comer en paz. No es nuevo en esto, ya que se deja querer y acariciar porque sabe que normalmente ese es el peaje a pagar para luego echarse algo a la boca. Mirando al agua y la fauna nos dan las 13:00, momento en el que bancos de nubes aparecen tanto por el sur como por el norte en el que dejamos atrás el telesilla. La previsión meteorológica no acertó del todo con la hora de llegada, pero parece que la tormenta alcanzará Lac de Gaube después de todo. Cuando las nubes comienzan a dibujar manchas de color azul oscuro sobre el lago, lo consideramos nuestra señal para iniciar el camino de vuelta.

Ahora sí, Lac de Gaube en todo su esplendor
El color del agua luciendo de orilla a orilla
Complicado tomar una sola fotografía sin gente
Panorámica desde el extremo norte del lago
Este sigue buscando víctimas...
¡¿Qué demonios es esto?!
Las vacas, a lo suyo

En poco tiempo estamos de nuevo en el telesilla haciendo esta vez el recorrido inverso. Es entrañable ver como a L, que normalmente le tiene mucho menos miedo que yo a las alturas cuando superamos algún barranco a pie, le sudan las manos mientras su cara va palideciendo. Al llegar abajo y tras recuperar el color, cazamos una cobertura de móvil que se nos había negado durante todo nuestro tiempo junto al lago y el móvil de L empieza a sonar como si fuera el día del juicio final.

De nuevo hacia abajo...
Vértigo, más bien poco

El día iba a compensarnos todavía más tras el despropósito de ayer. Para no extenderme demasiado, lo resumiré todo lo que pueda. L lleva ya más tiempo del que le gustaría recordar preparando una oposición autonómica. Creía haber conseguido ya una plaza del nivel al que aspiraba, pero debido a numerosas impugnaciones la última prueba de informática se declaró nula y todavía estaba esperando a conocer la fecha en la que repetirla con el fin de conseguir nuevamente esa plaza que ya creía suya. Pero nada de eso iba a importar ya, porque las notificaciones en su móvil eran de compañeros de trabajo felicitándola. Resulta que tras el último examen de las pruebas para un nivel superior al que ella aspiraba -se preparó uno, pero para ir practicando se había presentado a varios niveles-, también ha conseguido plaza en él. Y en este no parece haber problemas de preguntas mal formuladas o ambiguas. Dicho rápido y mal: es aquí, tras perder el color bajando en telesilla desde el Lac de Gaube, donde L recibe la noticia de que con casi total seguridad ya es funcionaria autonómica. No es mal sitio para llevarse tal alegría.

Tras una inevitable media hora invertida en responder mensajes, consultar notas y asimilar -sin éxito- la noticia, volvemos a poner el foco en una excursión a la que ya le queda poco. Pasamos de largo por ahora el telecabina para visitar el Hotel de Pont d’Espagne, y frente a él nos encontramos ese mirador que tuvimos a pocos pasos hace unas horas pero no llegamos a alcanzar. Con el Pont d’Espagne a mano izquierda, tenemos al lado contrario el mayor de los saltos que el agua del Gave de Gaube realiza durante su recorrido a lo largo de la estación de esquí. Lo contemplamos, lo fotografiamos, nos asustamos con los precios del restaurante del hotel, y remontamos varios metros para volver a tomar un telecabina cuyas ventanas ahora ya dejan ver un poco más el paisaje.

El río que separa las estaciones, ahora con mejor luz
El mayor de los saltos de agua
Y el Pont d'Espagne, ahora desde el otro lado

Pasan las 15:00 cuando estamos de nuevo en el aparcamiento, satisfechos ante una visita que nos ha resarcido en gran medida de la desastrosa jornada anterior. Es hora de abandonar Pont d’Espagne para dirigirnos primero de nuevo hacia Lourdes, donde queremos hacer algunas compras de productos típicos franceses para llevar a la familia. Por el camino, reforzamos nuestra opinión completamente sesgada y basada en una muestra insuficiente sobre los conductores franceses: algunos resultan desesperantes. Conducen de forma errática, en ocasiones a menor velocidad de la que es aconsejable para la vía y frenando en momentos donde no hay ninguna necesidad -sorprendiendo así al coche que llevan detrás que debe frenar abruptamente para no chocar contra él-. No serán todos así, pero hay muchos. Irónicamente, es el típico comportamiento que vemos en Mallorca pero en coches de alquiler conducidos por turistas. La diferencia es que aquí son vehículos con matrícula ya no solo francesa, si no de la misma región de Aquitania en la que nos encontramos. Conductores locales, vaya.

Encontramos el Carrefour Market de Lourdes en una zona con un ambiente enrarecido, probablemente en un barrio de clase baja. Esta noche no tenemos nevera ni cocina, así que no podemos aprovisionarnos de gran cosa más allá de unas galletas francesas que nos llevamos para regalar a familiares. Los altos precios elevan la cuenta hasta 55 euros pese a haber cargado muy poco las bolsas, y eso que supuestamente estos Carrefour Market son más económicos que los Carrefour Montagne que la franquicia tiene esparcidos por varios pueblos de montaña.

Al día solo le quedan 45 minutos más de carretera, los que separan las poblaciones de Lourdes y Luz-Saint-Saveur. Superado este último y sin llegar a alcanzar la población vecina de Barèges nos espera el Hotel Castets d’Ayré, un modesto alojamiento que nos ofrecerá techo para esta noche. Lo encontramos en plena curva, lo cual hace divertido cada paso que debemos hacer cargados de bolsas entre su entrada y el aparcamiento al otro lado de la carretera. Nos recibe un hombre curioso, pero al que agradecemos el escaso español que habla con el que conseguimos entendernos. Sigo sufriendo muchísimo de una barrera lingüística a la que no estoy acostumbrado ya que en todos los viajes anteriores el inglés me había sido suficiente.

Literalmente a pie de carretera

Nos acompaña hasta una habitación en la planta más superior del hotel, con una cama de matrimonio y dos individuales, buenas vistas a los alrededores y cuarto de baño. Intentamos averiguar cuánto costaría añadir a nuestra reserva de solo alojamiento el servicio de media pensión -hemos leído opiniones muy buenas sobre él-, pero nuestro gozo en un pozo. Aunque el folleto informativo de la habitación diga que puede reservarse la cena hasta las 18:00 y no hayamos alcanzado dicha hora, nuestro anfitrión nos dice que ya no están a tiempo para poder ofrecernos la cena. Sospechamos que es porque somos los únicos huéspedes en todo el hotel para esta noche y por lo tanto ya tenían totalmente descartado tener que cocinar para desconocidos.

Hacemos un par de viajes más para traer hasta la habitación nuestro equipaje, superando por el camino un cuarto de juegos con mesa, máquina de café y dos telescopios. El imprevisto de no poder cenar sin salir del hotel nos obliga a investigar la oferta de la zona, ya que poca cosa podemos prepararnos para cenar al no disponer siquiera de un microondas.

Tras una ducha y un rato de descanso en la habitación nos echamos a la calle para intentar cenar sin necesidad de coger el coche en la cercana vía principal de Barèges. Tras caminar un par de minutos cuesta arriba llegamos al único local que nos parece aceptable de entre los pocos que permanecen abiertos. Entramos a la recepción, y pasamos cinco minutos esperando a que aparezca alguien que nunca llega. Un poco indignados -¿esperas que la gente te persiga para ser tus clientes?-, nos damos media vuelta y decidimos resignarnos a bajar en coche hasta Luz-Saint-Saveur, donde con toda seguridad habrá más oferta de restauración.

Tras dejar el vehículo en un parking público gratuito nos decidimos por la pizzeria Pizz’Ariane, con buenas opiniones y unos precios contenidos -para ser Francia- de 12 euros por cada pizza. Encargamos dos pizzas para llevar y nos hubiera gustado probar ese tiramisú y banoffe del postre, pero la dueña lamenta que no les quede ya ninguno. Sin embargo, cuando pagamos y recogemos el pedido vemos en la nevera cercana varios postres… en fin, qué más da.

Volvemos a la habitación, pasando antes por la recepción de Castets d’Ayré cuyos dueños intentan ofrecernos todo lo que necesitemos en cuanto a indicaciones. Parecen tan amables y cercanos como decían las opiniones en TripAdvisor, pero nos sabe fatal no poder corresponder a tanta amabilidad debido a la barrera idiomática. Cenamos nuestras abundantes pizzas -L ya tiene desayuno para mañana- y a dormir con todo el hotel para nosotros solos. Conviene estar descansados para nuestro último madrugón en Francia.

Nos lo merecemos