Recorriendo el Valle de Tena

Día 6 | 7 de septiembre de 2018

Mapa de la etapa 6

Cerrar la ventana para que no entraran moscas, conversaciones ajenas ni el emergente fresco de la fría noche de Biescas ha sido una buena decisión. Llevar al dormitorio el cómodo y blando colchón del sofá-cama del salón, una todavía mejor. Despertamos tras una de las hasta ahora noches más plácidas y en las que mejor hemos descansado. Cuando entramos de nuevo al salón, cuyo balcón ha permanecido abierto mientras dormíamos, el golpe de fresco es notable.

Tras el cambio de planes de ayer por el que la jornada de hoy estará dedicada a visitas más cortas y esparcidas por la zona -en lugar de una sola excursión-, desayunamos con la tranquilidad que da no tener una hora límite para salir. Repasamos una vez más todo lo que sabemos sobre el Valle de Tena y sus alrededores, y aceptamos sugerencias de amigos y conocidos que han estado en la zona. Cuando ya tenemos un plan aproximado, nos echamos a la calle.

Comenzamos a pie, recorriendo las calles de Biescas esta vez en pareja tras mi escapada rápida y solitaria tras nuestra llegada de la tarde anterior. El pueblo permanece en completo silencio pese a alcanzar ya las 9:30 de la mañana, y en nuestro recorrido por la zona alta junto a la iglesia podemos ver el balcón de nuestro apartamento desde las alturas.

De nuevo aquí arriba
La Parroquia del Salvador, desde otro ángulo
Las irregulares calles de Biescas

Nuestros pasos nos llevan al Río Gállego, junto al cual la Oficina de Turismo permanece abierta. Encontramos en su puerta conexión a Internet gratuita, rápida y bastante más estable que la de nuestro alojamiento. Entramos al interior y una amable chica nos completa la información necesaria para nuestros planes de hoy con algunas indicaciones y folletos para llevar con nosotros. Nos dirigimos ya hacia el coche, donde verificamos que la ruta nos permita recaer de nuevo en Biescas alrededor del mediodía. Hemos visto un par de locales de restauración que no nos importaría probar para la comida de hoy.

Cada calle, una foto
De nuevo a la vera del Río Gállego
La mitad norte desde la mitad sur
Alguien se quiere mudar

Nuestro primer tramo en coche nos lleva hasta la zona de Baños de Panticosa tras conducir 35 minutos hacia el norte, siendo los 15 últimos ascendiendo desde Panticosa hasta Baños por una carretera asfaltada en muy buen estado que gana altura a toda prisa gracias a un largo zig-zag. Nos encontramos los aparcamientos prácticamente vacíos, estacionando el coche junto al Refugio de Casa de Piedra junto al cual nuestro sendero comienza a subir.

Refugio de Casa de Piedra

El ascenso es muy intenso pero también muy corto. En apenas 15 minutos y tras ganar 90 metros de altura respecto al aparcamiento, alcanzamos un mirador hacia toda la explanada donde tanto el hotel como el balneario conviven rodeados por las montañas y acompañados de un Ibón de los Baños de grandes dimensiones. Completa la escena un helicóptero que carga materiales, desaparece tras unas colinas y regresa sin ellos, previsiblemente dejándolos en un refugio situado por encima de nosotros. Le quita algo de tranquilidad el ruido de los martillos neumáticos procedentes del valle, donde con la temporada baja parecen haberse iniciado algunas tareas de ampliación del complejo turístico. El entorno natural es bonito, pero la parte construida nos resulta antigua y desangelada, casi ruinosa y con aspecto de haber vivido tiempos mejores.

La subida es corta pero intensa
Un helicóptero que va y viene
Baños de Panticosa

Para no repetir el mismo camino que a la ida, descendemos por una ruta alternativa que nos lleva 25 minutos con nuestros pies literalmente sobre un torrente casi sin agua y nos hace reaparecer en el valle por detrás del edificio del balneario, en el que ya se ven varios huéspedes disfrutando de las termas calientes al exterior. Desde abajo los edificios ya no tienen un aspecto tan soviético, gracias a quedar escondidas esas terrazas llenas de vegetación que podíamos distinguir desde el mirador. Antes, poco después de haber comenzado el regreso, el camino nos ha llevado por un puente que atraviesa un vistoso tramo del Río Caldarés.

Una pausa en el Río Caldarés
Una versión menos vistosa pero más amplia
Edificios en ruinas a pocos metros del hotel y el balneario
Caídas de agua escondidas
El Ibón de los Baños
Melancólico

Abandonamos Baños de Panticosa más tarde de lo que preveíamos, y siguiendo un consejo cercano nos desviamos de nuestro regreso hacia el sur en el municipio de Tramacastilla de Tena para buscar Casa Blasco, un restaurante con buenas referencias. Sin embargo a la entrada descartamos esta opción por precio y tiempo: el menú nos resulta algo caro para lo que ofrece, y además el lugar tiene aspecto de ser más ideado para largas sobremesas que para una comida rápida antes de continuar el camino. Regresamos a nuestra idea inicial de comer en Biescas, pero antes hacemos un nuevo desvío -esta vez a mano izquierda y que nos introduce en una subida de montaña de unos 10 minutos- hacia el municipio de Hoz de Jaca. Alcanzamos aquí un anunciado mirador que consiste en una jaula suspendida en el vacío, permitiendo de ese modo vistas con la mayor panorámica posible hacia lado y lado del Embalse de Búbal. Es fácil deducir por el dibujo de la orilla que el embalse ha vivido momentos de mayor capacidad. A nuestro lado una pareja se lanza en tirolina durante varios cientos de metros a un precio de 18 euros. Me quedo con las ganas.

Tramacastilla de Tena
Embalse de Búbal, mirando al sur
Embalse de Búbal, mirando al norte
La jaula-mirador
Tramacastilla, ahora desde lejos
Sin miedo

Antes de las 15:00 ya hemos vuelto al aparcamiento junto a nuestro apartamento y caminado un par de minutos hasta el Bar L’Aspiga, uno de los locales que por la mañana habían captado nuestra atención. Al entrar descubrimos un interior reducido pero acogedor, en el que solo dos meses están ocupadas. Tras la barra varios motivos futboleros, algunos del Huesca pero otros del equipo local. Lo que nos ha convencido es el anunciado menú del día por 11 euros, del que consumimos un arroz a la cubana, una crema de verduras y sendos churrascos de segundos. Las raciones son suficientes -bueno, el arroz a la cubana traía mucho arroz-, queda claro que se trata de comida casera, lo sirven rápido a la mesa y está sabroso. Hemos acertado.

Menos florituras...
... y más comida

Con el estómago haciendo su trabajo, hacemos una parada en boxes en nuestro apartamento hasta algo más de las 16:00 antes de ir a por la segunda tanda de paradas de la jornada. Para la siguiente tendremos que explorar un poco, ya que no nos queda nada claro con qué nombre debemos buscar una catarata que una amiga nos ha recomendado. Cascada de Orós Alto, de Orós Bajo, de Lucas… al final encontramos el lugar correcto buscando un término medio entre lo que nos indica Google Maps y lo que dice Maps.me. Encontramos el aparcamiento donde se inicia el camino en la población de Orós Bajo, y tras 15 minutos caminando en paralelo al Barranco Dos Lucas, la encontramos.

La Cascada de Oros Alto (según Google Maps), Cascada dos Lucas (Según Maps.me) o Cascada de Oros Bajo (según una web de excursiones) es un salto dividido en dos partes que termina en un pequeño lago ideal para venir a refrescarse en familia. Eso es precisamente lo que nos encontramos: un matrimonio con sus dos hijas desafiando al frío de unas aguas que, al tocarlas con la mano, no resultan tan gélidas como cabía esperar. Tras lo de la tirolina, es la segunda vez que me quedo con las ganas. No haber cargado con bañador y toalla podría superarlo, pero sin un calzado apropiado no quiero arriesgarme a pisar el irregular fondo del agua con los pies descalzos.

Procesando...
Procesado
Lástima de toalla que se ha quedado en el apartamento
Caminando junto al Barranco Dos Lucas

Con esto damos por acabadas las visitas turísticas de hoy, menos de las esperadas pero que nos han dejado satisfechos. Por tercera vez recaemos en el Mercadona de Sabiñánigo para completar nuestras provisiones y hacer realidad algunos planes para la cena de esta noche, y emprendemos el camino a Biescas. Durante unos instantes nos planteamos un cambio en nuestros planes que serían una locura: en la ciudad de Calatayud, unas dos horas en coche al sur de Biescas, esta noche celebran un concierto varios de los ex-concursantes de una edición de Operación Triunfo que hemos seguido muy de cerca. Sin embargo el concierto sufrió un retraso hace unos días y no empezará hasta bien entrada la madrugada, lo que supondría el suicidio de no regresar hasta Biescas hasta prácticamente el amanecer. De no haberse atrasado, hubiéramos llegado de vuelta al apartamento algo más tarde de medianoche y todavía sería factible, pero en estas condiciones solo planteárselo ya parece una locura.

Así que nuestro plan es mucho más tranquilo. Esperar a que Javier, uno de los encargados del negocio, venga a visitarnos al apartamento para rendir cuentas y pagar los 140 euros de la reserva por dos noches. Darnos una ducha. Y por último, darnos un pequeño homenaje en forma de cena. Una bandeja de nachos con salsa boloñesa, queso y guacamole cortesía del horno que disponemos en la cocina y hemos encendido de todas formas para preparar unas pizzas que llevar mañana de excursión, casi media sandía entera y un par de postres de tarta de queso. Acabamos tan llenos, que la intención original de volver a la calle para tomar un mojito en un local cercano se diluye en favor de meternos en la cama. Echaremos de menos Biescas.

El cómo se hizo
Un pato feliz