Cola de Caballo por las Gradas de Soaso

Día 3 | 4 de septiembre de 2018

Mapa de la etapa 3

El sol no empieza a bañar las paredes de las casas de piedra en Oto hasta que pasan unos minutos de las 7:00. El día parece arrancar con una climatología estable, dejando atrás el sonido de la lluvia rebotando contra los adoquines y de los truenos que asolaban la zona. Habiendo dormido una cantidad de horas suficiente gracias a acostarse muy pronto, desayunamos en silencio mientras planificamos el contenido de la mochila para hoy. Es turno de hacer algunos sacrificios, ya que aunque durante el recorrido planificado para la excursión de esta jornada se sucedan varios saltos de agua -algunos de ellos muy característicos-, la distancia que estimamos recorrer es larga y superando tal desnivel que cargar con el peso adicional del trípode se hace muy cuesta arriba, valga la redundancia. Cuando salimos a la terraza de nuestra casa la anfitriona Montse nos ha dejado unos paraguas junto a la puerta.

Amanece en Oto

En menos de 10 minutos al volante nos desplazamos de Oto a Torla, lugar del que parten los autobuses que permiten subir a la Pradera de Ordesa. A nuestra llegada se acaba de ir un servicio, pero el siguiente aparece pocos minutos después para comenzar a cargar un nuevo pasaje. Paramos en el mostrador del centro de visitantes de parque para conseguir un mapa sobre el que la empleada nos dibuja en bolígrafo la ruta que queremos realizar y pagamos en el kiosco anexo los 4,5 euros por persona que cuesta el billete de ida y vuelta. Nos subimos a bordo y enseguida arrancamos, con el televisor del autocar proyectando un cortometraje documental sobre la historia del Parque Nacional.

El conductor mantiene constantemente una conversación con la coordinadora y el resto de chóferes mediante una frecuencia privada. Ante nosotros una autocaravana hace caso omiso de las señales indicando que no está permitido el acceso a vehículos particulares, pero enseguida parece darse cuenta de su error. Nuestro conductor para el vehículo y se acerca a pie hasta su ventanilla, donde parece darle indicaciones sobre cómo dar media vuelta. Vuelve a su asiento y espera a que uno de sus colegas aparezca en dirección contraria por la carretera que queremos subir. A su paso junto a nosotros y con la autocaravana observando la maniobra desde una mediana, nuestro chófer le dice a su compañero “ahí tienes al artista”. A partir de aquí, empezamos a subir y oímos como va informando por radio de su posición para que la chica que está coordinando los coches de las órdenes necesarias para que dos autocares no coincidan en un tramo sin espacio suficiente para que se crucen. No tardan en aparecer baches, y a las 9:05 ponemos ya nuestros pies sobre la Pradera de Ordesa.

Venimos a lo inevitable en Ordesa, que es alcanzar la catarata conocida como Cola de Caballo. Para hacerlo se presentan dos alternativas: la primera, más asequible y recomendada para el público general, exige 17,5 kilómetros de ida y vuelta atravesando las Gradas y el Circo de Soaso y superando un desnivel de 500 metros. La segunda se conoce como Senda de los Cazadores y lleva a los excursionistas por la Faja de Pelay, y aunque el punto de inicio y final sea el mismo, requiere de una subida inicial que añade una distancia y un desnivel a superar en muy poco tiempo que hace que no sea apta para todos los públicos. Nosotros volvemos a optar por una estrategia conservadora y, a la vista de todo lo que nos queda por caminar en los próximos días, nos decantamos por la opción “fácil”. Pese a ello, sobre el papel será la excursión más larga de todo nuestro viaje.

Echamos a caminar siguiendo las estratégicamente situadas señales y tras los dos primeros kilómetros el camino comienza a dibujar un clásico “zig-zag” de los que permiten ganar mucha altura en poca distancia. A las 9:50 llegamos al mirador a la Cascada de Arripas, la primera de las tres cataratas que se suceden durante esta primera mitad del recorrido. El mirador queda algo lejos de ella, pero no está nada mal como primer entrante del menú.

Echamos a caminar
El sol y el bosque juegan con nosotros
Una pequeña caída de agua como anticipo
Cascada de Arripas

Seguimos avanzando y ganando altura y pasamos de largo el desvío que nos llevaría hasta la Cascada de la Cueva, decididos a tomarlo durante el camino de vuelta para no repetir exactamente el mismo recorrido en ambos sentidos. Sin embargo no podemos evitar salirnos de la senda principal levemente para asomarnos ya a los miradores a la Cascada del Estrecho, en este caso mucho más cerca de nuestro posición y permitiendo ver con todo detalle unas aguas de color gris claro que nos recuerda mucho al de las Athabasca Falls de la Columbia Británica de Canadá. Más paradas, más miradores inundados, más fotos, y seguimos ganando altura en “zig-zag”.

Las aguas de la Cascada del Estrecho
Una solitaria cabaña en el bosque
Sigue la subida...

El bosque de los últimos kilómetros se abre para dar paso a un prado y la reacción es de decir “guau”. Una señal indica que todavía estamos a más de una hora de la meta de nuestro recorrido y nuestras cabezas dicen “buf”. Tras caminar un poco más llegamos al inicio de las Gradas de Soaso y no podemos evitar pensar “wow”. Decenas de saltos se suceden a lo largo de varios cientos de metros en paralelo a la senda señalizada, si bien la mejor vista está al inicio donde el terreno permite acercarse todo lo posible al agua y ver la caída en toda su longitud.

Las Gradas del Soaso
Un detalle de los múltiples saltos que da el agua
¡Agua!
Panorámica de las Gradas desde su lateral

Los últimos dos kilómetros hasta la Cola de Caballo se harían muy pesados de no ser porque consisten en atravesar el Circo de Soaso. Pero es que el Circo resulta ser uno de los parajes que con posterioridad situaremos como uno de los más bonitos que habremos visto a lo largo del viaje. Un valle que cubre una distancia muy grande de lado a lado y se extiende hasta el horizonte en el que esperan numerosas cimas sobre nuestras cabezas, siendo la más relevante la del Monte Perdido que figura en el propio nombre del Parque Nacional. Llamado así por los franceses ya que en su vertiente francófona no es detectable hasta prácticamente alcanzar su falda pese a ganar a toda su competencia colindante con sus 3.355 metros de altura.

El fantástico Circo del Soaso
Una injusta panorámica del Circo

Atravesamos el Circo sin dejar de mover la cabeza para saborear toda la panorámica. En la pared izquierda, la más cercana, pequeños hilos de agua caen por aquí y por allá por la pared. A mano derecha, algo más lejos, vemos pequeños puntos recorriendo lo que son los últimos metros de la Senda de los Cazadores. Ya desde aquí se hace evidente que ese camino debe ser mucho más duro que el que hemos recorrido nosotros. Cuando miramos al frente no quitamos ojo del Monte Perdido, tras el cual se encuentra el Circo de Gavarnie francés en el que esperamos encontrarnos dentro de varios días. La Cola de Caballo todavía no es visible, ya que se esconde tras un montículo que marca el final del recorrido y sobre el cual por ahora solo vemos una pequeña esquina que es el agua comenzando a caer.

Con este paisaje importa menos cuánto falte para llegar

Rodeamos el montículo y ahí la tenemos. Sí, la Cola de Caballo está a la altura de su fama. Su nombre está perfectamente asignado, ya que el triángulo que dibuja el agua al caer unido a que el agua se distribuye en pequeños hilos a lo ancho consigue proyectar esa figura similar a la cola del animal. Hay mucha gente y todavía llegará más durante nuestra estancia, pero está bastante repartida a lado y lado de la catarata y salvo puntos muy concretos no hay una sensación de saturación. No nos cuesta encontrar un buen sitio elevado en el que sacar los bocadillos de las mochilas sin dejar de mirar a la catarata. En lo que estamos comiendo los relojes alcanzan las 13:00 y entre idas, venidas, una foto por aquí, otra por allá, deja que la mire un rato, etcétera, nos dan las 14:00 cuando decidimos comenzar el camino de vuelta.

Les presento la Cola de Caballo
Buscando el mirador en el que retratarla sin gente
¡Más agua!
Entre la Cola y el Circo

Atravesamos de nuevo el Circo de Soaso, esta vez en dirección contraria dejando lo mejor de sus vistas a nuestra espalda y apartando moscas según avanzamos. A las 15:40 llegamos a esa Cascada de las Cuevas que habíamos aplazado durante la ida. Tiene una forma curiosa, pero el mirador es tan impracticable como los demás y el agua no permite asomarse todo lo que nos gustaría. Desde aquí podríamos volver a la senda de la ida recuperando la altura perdida, o bien cruzar el río en un puente para regresar a la Pradera por el otro lado de éste. Nos decidimos lo segundo para aportar algo de variedad al regreso durante los tres kilómetros y casi una hora que nos queda por delante hasta alcanzar el aparcamiento de la pradera.

Despidiéndonos de la Cola
Despidiéndonos del Circo
La pared norte del Circo

Este regreso alternativo comienza con un descenso bastante pronunciado, pero no tarda en suavizarse hasta convertirse en un agradable paseo. Y lo mejor de todo, apenas tenemos compañía mientras lo recorremos. Un bosque con aspecto ya completamente otoñal nos acerca hasta la Pradera previo paso por unas pasarelas de madera que nos recuerdan a las habilitadas por Yosemite Valley. El cielo nos ha dado una tregua hasta 15 minutos antes de alcanzar la pradera, momento en el que la lluvia suave da rápidamente paso a una tormenta en toda regla que nos empapa durante los últimos metros hasta la parada del autobús. No podemos subir al primero, que cuelga el cartel de completo cuando solo tenemos dos personas más delante de nosotros en la cola. Pero enseguida llega un nuevo servicio a cargo del mismo chófer que nos llevó esta mañana. Son las 16:50 cuando el motor arranca e inicia el camino de vuelta hasta Torla.

Descendiendo por el bosque
Con tanta foto se me escapa
Cascada de la Cueva
Todavía hay tiempo para algún mirador
Últimos instantes soleados

De nuevo en el Centro de Visitantes, descubrimos que hay conexión a Internet gratuita previo registro aportando una dirección de correo electrónico. Y además es bastante rápido, cosa de agradecer tras batallas con conexiones Wifi lentas e inestables en nuestros dos alojamientos hasta la fecha. Pasamos unos minutos aprovechándolo y regresamos a nuestro coche para ponernos en marcha. Antes de alcanzar Oto, paramos unos minutos en Broto para completar nuestras previsiones en uno de sus supermercados ya que en Torla no parece haber ninguno. A las 18:20 ya estamos de nuevo en la Casa Alba Ara.

Regresando a Torla
Las calles de Broto

Por hoy ya solo queda aprovechar las que serán nuestras últimas horas en este rústico y agradable alojamiento. Aprovechamos de nuevo el ciclo rápido de la lavadora para lavar la ropa de hoy y utilizamos la cocina para preparar un plato de pasta con tomate y queso para cenar. Las horas pasan en el silencioso Oto mientras el cielo va oscureciéndose hasta derivar en tormenta. En el exterior, mi cámara Yi 4k registra un timelapse que inicialmente iba a ser solo del anochecer pero termina reflejando también la llegada del agua. De nuevo, nos vamos a la cama tan pronto como a las 21:00 con la previsión de salir mañana muy temprano para aprovechar las horas en las que el tiempo sea favorable antes de que lleguen las lluvias que ya empiezan a ser una tradición a partir del mediodía. Suenan truenos en el exterior mientras caemos dormidos por última vez en Oto.