Sí, ese es Mount Hood

Día 13 | 10 de octubre de 2018

Mapa de la etapa 13

Si todos los días de este viaje hubiesen sido soleados y sin imprevistos hoy estaríamos desayunando con todo el tiempo del mundo ya que nuestro plan sería ir de compras al centro comercial que tenemos a apenas cinco minutos de nuestra habitación en Woodburn. Pero los planes no están grabados a fuego e intentando salvar los pocos días de bondad que el noroeste nos ha brindado, las compras ya están hechas y el objetivo para hoy es muy diferente. Con una previsión meteorológica que augura mejores condiciones que en los últimos días, hoy vamos a hacer un intento sobre la bocina para ver la cima del volcán de Mount Hood. Si partiéramos de nuestro alojamiento anterior en Sandy la excursión para hacerlo estaría a solo media hora de nosotros, pero como nos hemos alejado hacia el suroeste ahora debemos deshacer hasta 90 minutos de carretera para alcanzar ese mismo aparcamiento.

Cuando despertaron, Halloween seguía allí

Así que nos ponemos en marcha rápido, sin siquiera desayunar para no hacer demasiado ruido en una casa de Gricel que permanece en silencio a las 7:00 de la mañana. Nuestro plan de salir sigilosamente marcha sobre ruedas hasta que cruzamos el umbral de la puerta y ese maldito esqueleto vuelve a reírse de nosotros. Pese a ello nadie sale de su habitación y arrancamos el motor del Jeep sin ver a nadie despierto.

Hacemos dos paradas rápidas antes de afrontar el grueso del trayecto. La primera en el Walmart que tenemos a tiro piedra, al que entramos y salimos en tiempo récord para llevarnos un par de wraps que nos sirvan de almuerzo para hoy. La segunda en un Starbucks junto al Premium Outlet para cubrir el trámite del desayuno con un par de cafés. No necesitamos comprar nada sólido ya que todavía arrastramos algunas galletas y bizcochos en nuestra despensa itinerante. Dan las 8:00 cuando fijamos ya el rumbo hacia el objetivo del día. Esta vez no se nos puede escapar. Mount Hood, allá vamos. Última oportunidad antes de alejarnos regresando al sur.

La niebla irrumpe en nuestro camino hacia Sandy, pero la webcam que podemos ir consultando y que apunta a la cima del volcán nos tranquiliza al confirmarnos que sigue visible. Consultar la previsión para los próximos 10 días es un puñal en el corazón: temperaturas suaves y cielos totalmente despejados en Washington y Oregon. De haber aterrizado en Oakland unos pocos días más tarde, la experiencia del viaje hubiera sido radicalmente distinta. Aprovechamos el paso por Sandy para repostar en una estación de servicio a cuyos precios habíamos echado el ojo en días anteriores. El hermano gemelo secreto de Pedro Pascal nos llena el depósito a razón de 2,99 dólares por galón.

Nuestro plan original incluía dos visitas para ver Mount Hood desde distintos ángulos y con distinto contexto. Una era acercándonos al Trillum Lake, un lago a 7,5 millas del volcán que permite verlo reflejado en el agua. El segundo es la Tom, Dick & Harry Mountain, una montaña vecina cuyo ascenso permite codearse con la cima del volcán, permitiendo ver así cómo se levanta respecto a sus alrededores. Esta segunda opción requiere algo más de esfuerzo en distancia y pendiente a subir, pero dado que es nuestra primera y última oportunidad decidimos ir a por ella. Según nos acercamos al aparcamiento Hood aparece en el parabrisas, no totalmente despejado pero sí lo suficiente como para que nos parezca un milagro tenerlo enfrente y que no sea una fotografía. El aparcamiento no es más que un pequeño apartadero junto a la carretera que sigue subiendo y capacidad para apenas 10 o 12 coches. Sin embargo a estas alturas del año y a esta hora, no tenemos problemas para encontrar las plazas libres. Son las 10:00 y el termómetro marca 8 grados. Añadimos algunas capas para combatir el frío y nos lanzamos al monte.

Un apartadero para varios vehículos
El inicio del camino

El camino empieza ganando altura a través de un bosque, el cual cruzamos sin entretenernos mucho ya que no queremos tentar a la suerte en caso de que al cabo de unas horas las nubes vuelvan a ganar presencia. Por ese mismo motivo no nos detenemos durante la ida en el Mirror Lake, un lago desde el cual la punta del volcán ya asoma entre los árboles pero que requiere un leve desvío del camino para hacer el recorrido circular que transcurre a su alrededor. Lo pasamos de largo siguiendo la señal que marca el camino a la Tom, Dick & Harry Mountain, en el que nos espera algún trozo superando rocas irregulares algo más complicado pero dentro de lo asumible. Algo desorientados por los giros y regiros del camino para ganar altura, no tenemos muy claro dónde deberíamos tener el volcán pero por ahora nos conformamos con unas vistas panorámicas al verde de las cimas de los árboles cuando el camino se abre y transcurre dejando una fuerte caída a mano derecha. Nos cruzamos con un chico que está hablando solo según desciende, y no volveríamos a encontrarnos con más gente hasta la meta. Un grupo de unas 10 o 12 personas acompañadas de varios perros están ya observando a un Mount Hood que, si bien insiste en mantener su cota más alta oculta por las nubes que pasan a relativa velocidad, nos deja ver todo el camino hasta ella con un último tramo que en ningún momento del año deja de estar cubierto por nieve.

Comenzamos a subir
El camino se abre y nos ofrece un balcón
Eso del fondo es Mount Hood, dicen
Seguimos subiendo
Sensación agridulce
Panorámica desde la Tom, Dick & Harry Mountain

Comemos algo, nos despedimos del grupo que nos acompañaba tras hacerles el favor de tomar unas fotos y un poco de charla informal, y esperamos varios minutos con la esperanza de que esas nubes que siguen pasando de izquierda a derecha den una pequeña tregua para que podamos ver lo más alto del volcán. Pero no tenemos suerte, y es que a su paso por la cima, algunas de ellas se quedan agarradas y eso hace imposible obrar el milagro. Vemos como en la pared derecha del volcán según nuestra perspectiva se distinguen los pequeños postes de lo que parece un telesilla. Aprovechamos el tener cobertura móvil para consultar sus horarios,pero desgraciadamente solo abre de jueves a domingo… y estamos a miércoles. Así que no podemos hacer otra cosa que seguir esperando, pero según se desvanecen todas nuestras esperanzas decidimos iniciar el descenso de vuelta. De los 3.429 metros de altura de Hood debemos conformarnos con haber visto en vivo y en directo algo menos de 3.400.

Sácame así, relajado
Haciendo tiempo en vano

El regreso viene acompañado de una temperatura cada vez más agradable y gente de cara con muchos perros que han empezado un poco más tarde que nosotros a subir la montaña. Sí que tomamos esta vez el desvío al recorrido circular alrededor de Mirror Lake, cuyas mejores vistas las tenemos en el primer saliente según caminamos en el sentido contrario a las agujas del reloj. Mount Hood debería asomar en la esquina superior izquierda de las fotografías que tomamos, pero ha decidido que ya se ha dejado ver suficiente por hoy. Son las 14:40 cuando estamos de nuevo en el coche en un aparcamiento que tampoco a esta hora queda completamente lleno.

Todo lo que sube, baja
Se asoma, pero tan parcialmente como todo el día
En un día despejado esta podría ser La Foto
Mirror Lake, ahora con más luz

Nos alejamos del volcán y comenzamos a recorrer por enésima y última vez la carretera que nos separa de la interestatal I-5 que nos llevará hacia el sur, no sin antes hacer una última parada. De nuevo en el pueblo de Sandy y tras un giro a la derecha seguido de un par de kilómetros pasando junto a colegios y casas, paramos en el pequeño aparcamiento junto al Jonsrud Viewpoint. Este mirador, bajo las condiciones adecuadas, da la oportunidad de ver en una sola imagen el Sandy River retorciéndose por el valle con Mount Hood observándolo desde la línea de horizonte. Sin embargo debemos conformarnos con lo primero, ya que el volcán que hace un par de horas teníamos frente a nosotros ha desaparecido definitivamente. Pasamos aquí unos minutos, durante los cuales una pareja hindú no deja libre ni un solo momento el balcón principal mientras hace 500 veces el mismo selfie. El sorprendente calor que hace aquí sin sombra en la que cobijarse -todas las nubes están en el volcán, manda narices- tampoco invita a quedarse más tiempo.

Acaparando el mirador
Mount Hood debería destacar a mano derecha

Conducimos ahora 130 millas sin descanso. Un atasco en Sandy, un atasco cuando bordeamos la ciudad de Portland y una pequeña retención a nuestra entrada a Eugene provocan que el reloj haya avanzado hasta las 18:00 cuando estamos frente a la puerta de nuestro nuevo alojamiento acompañados de un calor que transmite más sensación térmica que los 18 grados del termómetro.

Esta es la segunda vez que pernoctaremos en Eugene tras aquella habitación en una casa en lo alto de una colina de varios días atrás, pero el alojamiento es radicalmente distinto. En una típica barriada de casas unifamiliares con amplias calles prácticamente desiertas nos espera una pequeña casa de invitados con entrada independiente y anexa a la vivienda principal de Karen, nuestra anfitriona con la que no llegamos a coincidir. Accedemos al interior de la cabaña introduciendo un código numérico y tras pasar junto a una roulette aparcada en la rampa de entrada. Dentro nos espera una estancia amplia con una cama de matrimonio, una mesa para comer y un microondas junto a varios platos, vasos y cubiertos en una esquina. Esparcidos por la casa encontramos varios motivos de patos: una figura en la mesa, un cuadro por aquí, otro póster por allá. Los Orange Ducks son el equipo de fútbol americano de la Universidad del estado, y nos preguntamos si eso tendrá algo que ver. No tenemos tele, pero sí aperitivos varios y vino en la nevera para disfrute de los huéspedes.

El nuevo hogar
¿Quién es toda esta gente?

Consumimos lo que queda de tarde relajándonos en la cama con los teléfonos móviles y el ordenador portátil. Son las 22:00 cuando decidimos irnos a dormir tras haber cenado un burrito y un plato precocinado calentados al microondas junto a una ensalada de patata. De los contenidos de la nevera consumimos una lata de sidra que más que eso parece champán, pero está buena. Antes de apagar las luces, recibimos un mensaje de los anfitriones lamentando no haber estado presentes para darnos la bienvenida pero esperando que hayamos encontrado la casa a nuestro gusto. Mañana saldremos pronto, así que les contestamos agradeciéndoles su hospitalidad pero lamentando igualmente que no podamos vernos en persona ya que no queremos despertarles. Es la penúltima noche, y ya solo queda conducir hacia el sur. Pero algo se nos ocurrirá para matar el tiempo por el camino.