La Gaga y las Multnomah Falls

Día 12 | 9 de octubre de 2018

Mapa de la etapa 12

Hace 24 horas, también a las 6:00 de la mañana, acompañaban a nuestro despertar los graznidos de un pato. Y nos hacía mucha gracia. Esta vez lo que nos despierta a las 6:00 de la mañana son los chillidos de un cerdo… y la verdad es que acojona un poco. Si mañana siguiéramos aquí quizás nos despertaría una cabra balando. O una de las alpacas haciendo… lo que sea que hacen las alpacas.

Dormir...
... y dormir
Quién sabe cuándo volveremos a tener a una tan cerca
¿De qué es ese bacon, dices?
Ah, debe ser de esto
Un polizón en la granja

Si albergábamos alguna mínima esperanza de que la meteorología nos diese una sorpresa en forma de una tregua para el día de hoy, no dura mucho. Basta con echar un vistazo por la ventana cuando empieza a haber luz para encontrar la misma lluvia y cielos nublados a los que nos hemos acostumbrado durante nuestros días en Sandy. La previsión no apunta a que la situación vaya a cambiar, así que otro día en el que improvisar y renunciar a la naturaleza. El plato fuerte del día ya lo veníamos planteando desde ayer: iremos al cine.

Desayunamos y matamos el tiempo en la granja viendo a los patos remojarse en el estanque hasta las 10:00, momento en el que cargar de nuevo nuestro equipaje en el maletero, sonreír por última vez viendo a los patos patrullando y ponernos en marcha. La película la tenemos ya clara, ya que es la única que nos puede interesar moderadamente a ambos: la nueva versión de “Ha nacido una estrella” protagonizada por Bradley Cooper y Lady Gaga. El cine en el que verla, ya admite más discusión. Nuestra intención inicial era utilizar los modestos cines de Sandy, pero con todo el tiempo que tenemos por delante decidimos conducir un poco más y disfrutar de los multicines del Clackamas Town Center que visitamos con anterioridad.

Estamos ya aparcados y en el interior del recinto 20 minutos antes del inicio de la película, confirmando que nos vamos a tirar a la piscina y verla en versión original sin ningún tipo de ayuda en forma de subtítulos. Somos consumidores habituales de series y cine en inglés pero siempre con la ayuda escrita ya sea en castellano o en el mismo idioma de Shakespeare. Creemos que seremos capaces de entender la mayor parte de los diálogos con la velocidad suficiente como para no perder el contexto, pero algo se nos escapará. Esperamos que no sea demasiado.

Tras pagar los 5,75 dólares por entrada -más barata de lo normal, hoy es el Día del Espectador- y con esos 20 minutos de margen, matamos el tiempo entrando en la sala de máquinas recreativas que el cine pone a disposición de los espectadores en el propio vestíbulo. Echamos un ojo a las máquinas disponibles y no tardamos en saber cuál nos ayudará a pasar la espera: la de Guitar Hero Arcade. Hace ya un tiempo que no practico y siempre me debato entre los niveles Difícil y Extremo, pero algo haremos con esa guitarra de plástico. Obtenemos cuatro fichas en una máquina a cambio de un dólar y gasto dos de ellas en recrearme con las notas de Rock You Like A Hurricane de The Scorpions. Consigo la puntuación más alta en nivel difícil. No está mal.

El deber me llama
Deber cumplido
Nada con menos de cinco años... o diez

Entramos ya en la sala de dimensiones bastante modestas, lejos de esos patios de butacas que deben tener reservados para los grandes blockbuster en la noche del estreno. El aforo no está ni mucho menos completo, como mucho debemos ser unas 50 o 60 personas. Aun así, es un número de gente considerable para ser un día laborable a las 11 de la mañana… ¿el secreto? Que debemos ser los únicos en todo el recinto que no estamos jubilados.

La buena resultó ser la de la izquierda
Poca gente

Empieza la… no, no empieza la película. Primero unos anuncios. Bastante más elaborados que los típicos “Casa Pepe” de los cines españoles, con grandes marcas como Pepsi anunciándose a través de caras conocidas como la de Karan Soni, el actor que encarna a Dopinder, el taxista que lleva a Deadpool y quiere ser un superhéroe.

Ahora sí que empieza la p… no, espera, tocan los trailers. Y vaya si tocan. Hasta SIETE trailers de los estrenos por venir, y todos en su versión larga. A razón de entre 2 y 3 minutos por cada pieza, eso significa casi 20 minutos más hasta que empieza la proyección por la que hemos pagado la entrada. Algunos nos interesan más, algunos nos interesan menos. Lo que está claro es que cada vez se publican avances más elaborados… pero que se reservan muy poco para la película final.

Y por fin, empieza la película. Nos emociona menos de lo que pretende, contándonos una historia mil veces contada con la única novedad de usar los más actuales géneros musicales el country y el pop. Tiene mérito lo que ha hecho Bradley Cooper para sacar adelante la película, pero queda eclipsado al lado de ese monstruo que es Lady Gaga. Aparte de demostrar muy buenas dotes interpretativas, cada vez que rompe la barrera entre personaje y actriz, mira a cámara y comienza a cantar, provoca magia. Pelos de punta con un par de números musicales.

Volvemos al vestíbulo con dos “tokens” del salón recreativo por gastar. Es turno de que sea L quien cargue con la guitarra, tocando Rock And Roll All Nite de KISS. Terminado el concierto, salimos al exterior en el que el sol quiere intentar salir, pero no lo suficiente como para que el Mount Hood -principal reclamo de la zona y por el que estamos en sus alrededores- asome la cabeza entre las nubes. Quizás sí que baste para visitar un premio de consolidación en forma de una catarata a pie de carretera.

Conducimos 30 minutos junto al río en dirección este, lo necesario para alcanzar el aparcamiento de las Multnomah Falls. Si hay que habilitar un aparcamiento entre los carriles de una autopista en medio de la nada para que nuestros ciudadanos y visitantes no deban caminar, pues se hace. Así son los estadounidenses. Por el camino tenemos incluso calor y nos deslumbra el sol… pero consultando las cámaras web, no ocurre lo mismo en Mount Hood. También es mala suerte.

Bajamos del coche, cruzamos a pie a través de un paso subterráneo uno de los sentidos de la autopista y aparece ante nosotros la catarata, dividida en dos secciones. Llama la atención que algo de esta envergadura esté a escasos metros del asfalto pero una vez más, esto es Estados Unidos. Nos acercamos hasta el mirador inferior para poder apreciar toda la altura del salto, nada más y nada menos que 190 metros de agua dividida en un largo tramo superior y uno más modesto inferior, separados por un pequeño llano frente al cual se levanta un puente al que se puede llegar tras subir una pequeña cuesta durante 200 yardas.

Ya visible desde el parking
Multnomah Falls
Salto de dos tramos con puente

Vamos hasta el puente, sin la posibilidad de seguir subiendo más allá ya que su continuación está cortada al tránsito por motivos de seguridad. Vuelve a chispear, cayendo el agua de unas nubes que parecen proceder del norte. Hacemos una parada efímera en la tienda de regalos junto a la catarata, horterísima como todas. Son las 15:15 cuando estamos de nuevo en el coche y iniciamos el camino hasta nuestro próximo alojamiento: una habitación en Woodburn que iba a servir de campamento base para nuestra jornada de compras el miércoles. Como finalmente cambiamos los planes e hicimos las compras ayer ahora sería preferible permanecer en Sandy para estar más cerca de Mount Hood el día de mañana, pero esta es una de las desventajas de no haber viajado en autocaravana: que las noches reservadas con antelación limitan un poco tu movilidad.

El nacimiento, ahora desde más cerca
Las vistas hacia abajo desde el puente

Sabiendo ya lo que nos espera en Woodburn, hacemos algo de tiempo parando de nuevo en los Columbia Gorge Outlet junto al que pasa nuestra ruta. Esta vez sí que cae algo más en la tienda GAP, aprovechando alguna cosa que no estaba disponible en su local del Premium Outlet de ayer. También salgo con una bolsa extra de la tienda Levis, y es que han aparecido algunos descuentos de derribo como una camisa en liquidación por apenas siete dólares.

Una para cualquiera por el camino

Retomamos la ruta y encontramos tráfico denso a nuestro paso por un Portland que no llama demasiado la atención según lo rodeamos por la izquierda. Alcanzamos la población de Lake Oswego en la que nos espera un local de la franquicia Whole Foods Market que aprovechamos haciendo una parada para comer.

Whole Foods es una cadena de supermercados con varias peculiaridades: una, que se vende siempre tras una imagen de “amiga del ecosistema” promulgando que solo vende producto no tratado industrialmente y respeta el medio ambiente con su política de envases. Investigando un poco por la red vemos que es más palabrería que otra cosa y de hecho alguna organización ecologista ya les ha criticado vehementemente por ello. Otra, que no limitándose a ser un supermercado de productos envasados tiene también su servicio de “deli” en el que comprar comida ya preparada que pagas al peso. Por último, otra característica es que es bastante caro, razón por la cual pese a gustarnos lo que ofrecen nunca hacemos más de una o dos paradas en sus locales en cada viaje.

Otro clásico de nuestros viajes

Tras hacer nuestra elección, nos sentamos en las mesas que hay en el vestíbulo de entrada con un trozo de pizza, algo de sopa y un buffet variado de comida caliente, en su mayoría de origen hindú y picante. Como siempre todo muy bueno, pero si hemos pagado “solo” 15 dólares es porque nos hemos comedido bastante con las cantidades. Unas taquillas de Amazon en la entrada nos recuerdan quienes son los nuevos amos de la franquicia -el gigante de Internet compró el negocio hace un año-.

El botín de Whole Foods

Sin más paradas que hacer, llegamos alrededor de las 17:00 a la casa de Gricel, una joven latinoamericana que para esta noche nos ha alquilado una habitación. Como ya sabíamos por los mensajes intercambiados en las últimas horas, no la encontramos en casa pero podemos entrar en ella gracias a la cerradura numérica. A la entrada nos espera un jardín ya abarrotado con decoración de Halloween, pese a que falten tres semanas para que llegue la noche del “truco o trato”. Varias figuras amenazantes nos observan junto a la puerta y aunque ya doy por sentado que alguna de ellas va a moverse o hacer algún ruido a mi paso, el susto me lo llevo igual. Metemos las cosas en nuestra habitación, en la que encontramos las dimensiones justas para dos camas -una de matrimonio y una individual, un armario empotrado y un televisor descomunal que ocupa gran parte de la pared.

Halloween se acerca
Se acerca... demasiado
Ni puñetera gracia
Ha! Ha!

Al poco tiempo de nuestra llegada llega Gricel dispuesta a darnos la bienvenida, descargar del maletero más decoración para el jardín, presentarnos a su marido y a sus mascotas y ofrecernos spaghetti que tiene preparados para ellos dos. Habiendo comido hace apenas unos minutos no nos lo planteamos, pero sí aprovechamos la nevera de su salón para guardar aquellas cosas que llevamos con nosotros y es mejor conservar en frío.

Utilizamos la ducha del baño compartido y regresamos a nuestro cuarto, del que ya no saldríamos más que para coger algo de la nevera cuando cae la noche. Al hacerlo y pasar por el salón veo a nuestros anfitriones disfrutando del cine en casa que tienen montado, con una pantalla curva todavía más descomunal que la nuestra y un equipo de sonido con poco que envidiar al de la sala de cine en la que hemos pasado la mañana. Terminamos el día navegando por Internet, viendo con asombro las noticias y videos de las graves inundaciones en Sant Llorenç des Cardassar.