Atrapados en un Visitor Center

Día 9 | 6 de octubre de 2018

Mapa de la etapa 9

Parecía que sí. Que este día, a diferencia del anterior, iba a venir acompañado de un tiempo lo suficientemente bueno como para brindarnos un segundo asalto a las vistas hacia el Mount Rainier, esta vez desde su lado sur. Parecía que así conseguiríamos enlazar tres días buenos de los cuatro últimos, dejando ya atrás ese turbulento inicio de viaje en el que nubes y lluvia iban tumbando nuestros planes día tras día cual fichas de dominó.

Parecía que iba a ser un buen día. Pero…

Despertamos en esa casa de Packwood que ayer ya exprimimos todo lo posible, y comenzamos con un par de horas de desayuno y ocio variado antes de echarnos a la calle. El Mount Rainier National Park a escasas millas de nosotros se distribuye en varias zonas, siendo las más concurridas las de Sunrise y Paradise. Nosotros nos dirigimos hacia la segunda, y para ello debemos conducir 35 millas dejando el volcán a nuestra izquierda. Cuando salimos al exterior la niebla está ocupando el lugar que antes era de las nubes, pero eso debería arreglarse en las próximas horas si hacemos caso a la previsión.

Antes de abandonar el pueblo rellenamos el depósito a un precio más elevado que nunca, tan caro como 3,559 dólares el galón. Para compensar, la tienda de la gasolinera -aquí las gasolineras tienen auténticos supermercados como tienda- ofrece latas de cerveza más baratas que en el supermercado Iga y la “liquor store” que visitamos hace dos días, así que lo tenemos en cuenta para llevarnos alguna a nuestro regreso.

Tras 13 millas hacia el norte nos encontramos la entrada sureste del parque, en la que enseñar nuestro Annual Pass y recibir el clásico mapa antes de continuar la marcha. La Ranger que nos da la bienvenida nos informa de que las últimas 10 millas hasta el Henry M. Jackson Visitor Center están cerradas por la nieve pero se está trabajando para poder abrirlas a lo largo de la mañana. Nos proponemos conducir hasta donde encontremos el corte y allí esperar pacientemente, pero no es necesario ya que conducimos, conducimos y han debido reabrir el tramo a nuestra llegada ya que alcanzamos el centro de visitantes sin tener que parar. Eso sí, a 5 millas del destino comienza a aparecer a los lados de la carretera esa nieve que durante la noche debió acumularse sobre el asfalto provocando el corte. A 3 millas de la meta la nieve ya lo cubre todo excepto los carriles, y la niebla oculta todo el paisaje. Son las 10:00 cuando estacionamos en el generoso aparcamiento de Paradise, con 2 grados en el exterior, todo blanco y gente preparándose para practicar el esquí de fondo.

En marcha
El ansiado parque estrella del viaje

Nosotros vamos a otro ritmo, y lo que hacemos es entrar en ese Visitor Center que literalmente acaba de abrir sus puertas. Como siempre en los National Park, en el interior del centro de visitantes nos encontramos una combinación entre museo, tienda de regalos y comedor. La estancia principal la ocupa un gran espacio de dos niveles presidido por el mostrador de información y con varios sofás repartidos por la superficie, perfectos para esperar a que el tiempo mejore. Antes pasamos por la tienda de regalos para cubrir dos rituales: el de llevar algún dedal que engorde la colección de mi madre y sumar algún imán a nuestra ya sobrecargada nevera. Nos acercamos al mostrador para recibir un poco de información y nos marcamos como objetivo el Moraine Trail, una pista en ascenso que alcanza un balcón hacia el volcán, y las Myrtle Falls, unas cataratas estratégicamente ubicadas para combinar sus vistas con la cima del monte tras ellas. Pero todo eso será cuando, si el ranger que nos atiende está en lo cierto, la niebla se disipe dentro de un par de horas y merezca la pena el esfuerzo de llegar hasta esos puntos.

Lo más cerca que estaremos de ver hoy la cima...
El desolador exterior del Visitor Center
Un largo rato que pasar aquí dentro

Así que solo nos queda armarnos de paciencia y esperar esas dos horas en la comodidad del visitor, aprovechando la conexión a Internet y rodeados de una mayoría de turistas orientales e hindúes que están esperando a lo mismo que nosotros. Estos últimos empiezan a sacar comida con especias cuyo aroma se reparte por toda la zona de sofás que estamos compartiendo.

Es bonito... durante un rato
Bienvenido al club, Raven

Pasa de las 12:00. La niebla sigue prácticamente igual que cuando llegamos. El interior del centro de visitantes, relativamente tranquilo a nuestra llegada, ahora ya está a rebosar. Seguimos esperando.

Dan las 13:15. Hay más luz en el exterior, pero la visibilidad no mejora. Saliendo ahora ya sería muy justo incluir las dos excursiones antes de que anocheciera, así que vamos pensando en cuál de ellas sacrificar. Y seguimos esperando.

Ahí dentro estamos
Ahí detrás debería estar la cima
A falta de visibilidad, la gente pasea por el alrededor
Pasando fuera lo justo antes de que se congelen los dedos
Nieve acumulada junto al centro de visitantes
El parking lleva completo ya un buen rato

Las 14:15. Lejos de mejorar, la niebla parece haber vuelto a bajar varios metros y la luz exterior sube y baja de intensidad irregularmente. Vamos echando un ojo a las webcams repartidas por los alrededores del Visitor Center, alguna de ellas apuntando hacia el lugar donde supuestamente debería estar la cima del Rainier. Supuestamente, ya que ahora todo lo que se ve es una uniforme masa gris. Esperamos un poco más.

Y la niebla vuelve a descender

Las 14:30. Asumimos la derrota. Tras un par de paseos por el exterior del edificio para estirar las piernas y ser testigos de como la nieve sigue cubriéndolo todo y la niebla no tiene intención de irse, nos rendimos y decidimos marcharnos. Y además la previsión para los próximos días es tan mala o peor como la de hoy, así que es este el momento en el que nos damos cuenta de que no volveremos a ver Mount Rainier. Dentro del desánimo, utilizamos los últimos minutos de conexión a Internet para investigar que hacer hasta el próximo miércoles, ya que durante los próximos tres días parece que la naturaleza no será una opción. Cine, compras… por lo menos estamos en un país donde no faltan servicios a cubierto como recurso de emergencia.

Recuperando la visibilidad tras perder altura
Un estrecho torrente como despedida

Son las 16:00 cuando estamos de nuevo en nuestra casa de Packwood, tras deshacer las millas de esta mañana y verificando según descendíamos que el tiempo no mejoraba. De hecho la visibilidad es peor que esta mañana, y no vale la pena siquiera pararse un segundo junto a los lagos de Reflection Lakes que esta mañana sí se dejaban ver. Lo primero que hacemos al atravesar la puerta es comprobar de nuevo la webcam, temiendo que justo a última hora la visibilidad mejorase. Pero no, hemos hecho bien. El Rainier sigue oculto tras la niebla hasta más allá del anochecer.

Y así entramos en el tramo final de nuestra desafortunada estancia en Packwood, cuyo colosal volcán a apenas unas millas de distancia solo hemos podido ver durante uno de los tres días que hemos estado en la zona. Por lo menos no se podrá decir que no hemos amortizado el precio del alquiler. Cae la noche mientras investigamos a la desesperada qué hacer en los alrededores de una ciudad de Portland por la que pasaremos durante nuestro trayecto de mañana, pero desgraciadamente la ciudad más poblada de Oregón no parece un prodigio del entretenimiento y no encontramos ningún museo u actividad de interior que nos compense entrar en el núcleo urbano. Qué le vamos a hacer, improvisaremos las paradas a lo largo del camino a nuestra próxima casa.

Chup, chup