Atrapados en casa por la lluvia

Día 8 | 5 de octubre de 2018

Mapa de la etapa 8

Escribir un diario de viaje y atarse a una estructura de “un día, una etapa” tiene ciertos riesgos. Y uno de ellos, que no había ocurrido hasta ahora, es que llegue un día en el que las circunstancias provocan que haya poco, muy poco que contar. Ese día es hoy. Esto será rápido.

Son las 6:00, nuestra hora ya habitual, cuando arrancamos el día… pero para lo que hay que hacer, bien podríamos habernos quedado en cama hasta el mediodía. La casa despierta en silencio y no parece que fuera haya mucho más ruido más allá del goteo incesante de la lluvia. La bendita calefacción nos mantiene a salvo del frío de la noche que hoy no subirá demasiados grados a tenor de un sol que no tiene previsto asomar en todo el día.

He levantado esta empresa con el sudor de mi pico

¿Cómo matar el tiempo en una casa en medio de la nada en un día como éste? Pues desayunando con calma, aprovechando la conexión para hacer una videollamada familiar y viendo material descargado en el sofá, en un cómodo salón improvisado gracias a poder conectar nuestro portátil en el televisor principal. Lejos de mejorar, la previsión meteorológica viene acompañada de una alerta por lluvias durante las próximas 24 horas. Veremos incluso si podemos salir a comer al pueblo, único objetivo que nos hemos fijado para hoy.

Mirando por la ventana
Llueve en Packwood
Poco vamos a mover hoy el Jeep

Dan las 13:30 y, viendo que la lluvia no ha sido tan fuerte durante la última hora como para poner en peligro el tráfico, nos decidimos a regresar hasta la zona principal de Packwood con el objetivo de que alguien nos haga la comida. Nos mojamos durante los 5 segundos que nos lleva entrar en el coche y en unos pocos minutos estamos frente al que nos ha parecido la mejor opción para comer según las opiniones e información disponible en la red: el Blue Spruce Saloon.

Veamos qué encontramos dentro

Por lo menos el local donde comer sí que será toda una atracción. Nos encontramos un restaurante con aspecto de típico salón americano que, si no es auténtico, hace notables esfuerzos por parecerlo. Una larga barra en la que conversan varios parroquianos y una sala al fondo con mesas junto a un escenario en el que una vez a la semana celebran noches de karaoke. Cajas de cerveza en una esquina, carteles del equipo de fútbol americano de Seattle, una mesa de billar y una máquina recreativa en la que poder simular con una escopeta de plástico una tarde de caza persiguiendo ciervos y alces. Y por supuesto, música entre el soul y el country para acompañar

Exactamente lo que esperábamos
Lo más cerca que estaré nunca de cazar

Nos atiende una camarera que podríamos encontrar haciendo ese papel en cualquier serie de televisión norteamericana ambientada en la “América profunda”, y es que siguen ese perfil todas las que vemos pasar junto a las mesas. L pide un plato de “fish & chips” y yo intento ceñirme más al ambiente con unas costillas a la barbacoa. Ambas llegan con raciones de patatas fritas como para alimentar un ejército. No espectacular, pero sí muy bueno. Lo acompañamos con dos cervezas artesanas y pagamos 45 dólares más el 15% de propina. Sabíamos que no iba a ser barato, pero era esto o no salir de casa en todo el día.

Y tan abundante como era de esperar

Y por la tarde, más y más aprovechamiento del hogar. Seguimos haciendo del salón nuestro centro neurálgico, intercalando capítulos en el televisor con rondas a las redes sociales con el móvil. Y así acompañamos a la lluvia hasta más allá del anochecer, con la esperanza de que mañana, día en que teníamos reservada una de las salidas más anticipadas del viaje, tengamos algo más de suerte. Lamentablemente, no sería así pese a que en aquel momento la previsión era optimista.

Refugiados de la lluvia (I)
Refugiados de la lluvia (II)
Refugiados de la lluvia (III)
Refugiados de la lluvia (IV)
Refugiados de la lluvia (V)