Las nieves de Cascade Pass

Día 6 | 3 de octubre de 2018

Mapa de la etapa 6

Por fin. Esta vez sí. Lo que debería haber sido “un día más, una excursión más” pasa a ser una jornada que estrenamos con fanfarria de trompetas y una sonrisa de oreja o oreja, y es que tras varios días ya sobre el terreno pero sin poder ejecutar ninguno de nuestros planes por culpa de la lluvia y las nubes, hoy tenemos una tregua. La previsión es de cielo despejado desde el amanecer y a lo largo de varias horas y estamos a media hora de una buena excursión con la que romper el maleficio. Hoy visitaremos el Cascade Pass del North Cascades National Park.

Son las 6:00 cuando nos reactivamos, desayunando y dejando nuestras maletas listas mientras contactamos con nuestro anfitrión Ryan a través de la aplicación de Airbnb para averiguar si podemos dejar el grueso de nuestro equipaje en alguna habitación y pasar a buscarlo a nuestra salida de parque. Sabemos que para alcanzar el punto de inicio de nuestra excursión nos espera un tramo de pendiente y baches y además recomiendan no dejar los coches estacionados con objetos de valor, así que es mejor llevar el coche ligero y evitar disgustos. Teniendo en cuenta que la casa que no espera hoy la llegada de nuevos inquilinos, Ryan no pone ninguna objeción.

Cogiendo fuerzas de buena mañana
Rockport despierta con niebla

Nos echamos a la carretera a las 8:00, conduciendo todavía entre bancos de nieblas pero intuyendo ya que más allá de ella el cielo no es el de días anteriores. Y se confirma cuando según nos acercamos a la entrada del parque ésta se disipa y aparece el cielo azul, ¡y montañas! ¡Estaban ahí todo este tiempo!

Tras 20 minutos de carretera en perfectas condiciones alcanzamos el Visitor Center que el Parque Nacional tiene en Marblemount, pero lo encontramos cerrado aunque todavía no sea ese invierno en el que anuncian que no abre sus puertas. Así que damos media vuelta y cogemos ya el desvío hasta nuestro objetivo de hoy, consiguiendo ver algunas cumbres nevadas antes de que la carretera se vea rodeada de bosque.

El trayecto se complica, y de qué manera. El suave y perfectamente conservado asfalto da paso gradualmente a un camino de grava suelta, fuertes desniveles y baches y rocas de suficiente tamaño como para temer que una rueda tenga problemas al toparse con ellos. Nos alegramos enormemente de haber escogido el Jeep y su potente tracción a cuatro ruedas por encima del resto de alternativas que nos ofrecía la empresa de alquiler de coche. A un ritmo decente gracias a esta bestia motorizada, nos vamos acercando al destino temiendo que las condiciones de nieve lleguen a tal extremo que nos encontremos la carretera cortada a partir de cierto punto.

Las últimas 6 millas son de pendiente constante, dejando ya atrás una niebla que había vuelto a aparecer mientras atravesábamos el bosque. En su lugar ahora tenemos un paisaje que se ha teñido paulatinamente de blanco por una nueva que al llegar al aparcamiento ya lo cubre todo. Son las 9:50, en el exterior tenemos 1 grado centígrado y un viento que incrementa la sensación de frío. Pero todo eso da igual viendo lo que tenemos por delante. El aparcamiento se encuentra en la zona baja del collado, dejando a lado y lado la caída de las laderas cuyo brillante blanco por la nieve solo se ve interrumpido por los tonos oscuros de las rocas que se resisten a verse sepultadas.

Parece que fuera refresca
Nieve a la vista desde que salimos del coche
Rodeados de cimas con aspecto amenazador

Como no podía ser de otra manera en un National Park, es prácticamente imposible no localizar el inicio del sendero hasta Cascade Pass, que no es otra cosa que alcanzar la zona alta de este mismo collado. Para hacerlo el sendero nos plantea en su primera mitad una subida que gracias al zig-zag que dibuja nos permite ganar altura de forma constante pero muy suave. Se trata del tipo de recorrido favorito para una L que tiene su talón de aquiles en las pendientes demasiado pronunciadas, y podemos ir avanzando sin apenas pararnos más que para hacer fotos según la nieve se va tornando más y más abundante a nuestro paso. Solo las ramas de los árboles junto a las que pasa el camino impiden que estemos ya pisando nieve virgen.

Primeros metros, sin nieve por ahora
No tarda en aparecer
El blanco comienza a teñir los árboles

Tras una hora de camino alcanzamos la zona de mayor altura y el sendero prácticamente desaparece bajo la nieve. Sin la protección ya de los árboles, solo nos queda caminar en una línea prácticamente recta desde nuestra posición hasta la pared de la que nace el collado, sumando al paisaje blanco de lado y lado también el que queda bajo nuestros pies. Caminando con mucho cuidado ya que en algunos tramos a la sombra se han formado placas de hielo, alcanzamos Cascade Pass tras algo más de dos horas de excursión tras dejar a nuestra derecha unas ya nada desdeñables vistas del valle del que hemos partido.

Ya vamos teniendo vistas
El suelo ya es completamente blanco
Nieve, nieve y más nieve
El paisaje es cada vez más hostil

Sin protección por estar en una zona allanada, vuelve el frío y el fuerte viento para alcanzar sensaciones térmicas generosamente por debajo de los cero grados. Y frente a nosotros, lo más parecido al paisaje de “Más allá del muro” de la serie Juego de Tronos. Un valle de notables dimensiones en el que tanto su punto más bajo como las paredes que descienden hasta él siguen teñidos de ese blanco que lo arrasa todo tras el temporal de los últimos días. Solo la roca y las copas de los árboles a lado y lado se resisten aportando algo de contraste a la escena con tonos fríos y oscuros. A nuestra izquierda continúa lo que sería un duro camino hasta alcanzar el campamento a los pies del Glaciar de Sahare. A nuestra derecha, un menos motivador camino de peldaños hasta lo que debe ser un cobertizo de madera que hace las funciones de servicio para los senderistas apurados.

Y aquí está Cascade Pass
El típico pasillo que lleva hasta el cuarto de baño

Queremos disfrutar de estas vistas que nos ha dado la tregua del temporal todo lo que podamos, pero el fuerte y frío viento hacen que sea demasiado molesto seguir aquí plantados. Tras unos 15 minutos admirando el paisaje emprendemos el camino de vuelta, comenzando por ese tramo en las alturas en el que las suelas de nuestras botas no conocen otra cosa que la húmeda nieve.

Hundiendo las botas
Y por esto hay que esconder la droga
Por si quedaban dudas

Circulando todavía en este tramo, una de las numerosas parejas de excursionistas que nos cruzamos en dirección contraria nos señala un punto en la ladera que ahora queda a nuestra derecha mientras pregunta si hemos visto a los os… ¡Un momento! ¡Osos! ¡Black bears! Dos de esas adorables bolas de pelo se encuentran a no más de 300 metros de nosotros. Uno es grande y el otro, mucho más pequeño, seguramente sea su protegido. De vez en cuando miran en nuestra dirección pero enseguida vuelven a lo suyo, escarbando en la nieve e inspeccionando lo que le ofrecen los arbustos sobre los que caminan. Ha sido una sorpresa inesperada.

Alguien se asoma
La inesperada compañía

Sin más osos en el horizonte, terminamos de deshacer el paso elevado primero y el zig-zag después, que a la vuelta se hace algo más largo y pesado al conocer ya el paisaje y además ir perdiendo vistas según avanzamos. A las 14:30 estamos de nuevo en nuestro Jeep, con 5 grados, paredes frente a él de la que caen pequeños hilos de agua y dispuesto a llevarnos de vuelta hasta Rockport, donde ya han pasado para hacer la limpieza post-alquiler y nuestras maletas esperan para ser recogidas entrando en el interior con el mismo código de la cerradura numérica que ya conocíamos.

De nuevo a la altura del aparcamiento
Un cartel que resume gran parte de nuestros fallidos planes para este viaje

Nos queda por delante un largo camino hacia nuestro próximo destino, una ciudad de Buckley que nos hará de escala hacia la, esperamos, excursión que realizaremos el día de mañana. Durante las primeras millas hacia el oeste nos acompañan las mismas vistas que tuvimos ayer, pero con una mucha mejor visibilidad que permite distinguir las montañas nevadas al fondo. Repostamos otros 23 dólares en la misma estación de servicio Arco en la que ya hemos rellenado el depósito en alguna ocasión anterior. Como siempre cuando se trata de recorrer las vías principales en un radio de varios kilómetros desde Seattle, nos encontramos tráfico denso y algunos tramos de atasco. Hacemos una parada rápida en el centro comercial Everett Mall de la homónima y ya conocida ciudad, buscando un artículo en el local de la franquicia Hot Topic que se me resiste. Pasamos muy cerca de la localidad de Redmond, lo suficiente para distinguir algún complejo de edificios con el logotipo de Microsoft en sus fachadas.

El largo camino de 170 millas y una previsión de alrededor de 4 horas de carretera al final se hace menos pesado de lo esperado, en parte gracias a las paradas y en parte debido a que una vez alejados de Seattle la densidad de tráfico resulta mucho menor. Hacemos la parada más rápida jamás registrada en un Walmart para comprar un par de artículos de comida precocinada pensando en esta noche, y a las 19:30 llegamos al alojamiento de hoy. Esta vez damos un respiro a las casas o cabañas completas para pernoctar en una simple habitación a la cual nos da la bienvenida Erin, la dueña de la casa. A tenor de los cuadros que vemos por el suelo esperando a ser colgados, podemos deducir que ella y Jason son una pareja de recién casados que todavía se están instalando. Durante el recorrido desde la puerta exterior hasta nuestra habitación nos acompaña un gato, el verdadero dueño de la casa.

La habitación es correcta, grande para los estándares europeos pero normal para los hábitos estadounidenses. Una cama de matrimonio, una mesa frente a ella, y otra pequeña estancia apartada con un escritorio que hace las veces de estudio. El baño contiguo a este cuarto está a medio hacer, así que para ducharnos debemos ir a otro situado entre otras dos habitaciones que permanecen vacías.

Utilizamos esa ducha, cenamos nuestra cena para vagos en la cocina de la planta inferior mientras Erin permanece encerrada en lo que debe ser su cuarto, y antes de las 22:00 ya estamos durmiendo. Al final podemos decir que nos echamos para descansar las piernas tras algo de ejercicio y naturaleza. Y mañana, si la previsión no nos falla, más y mejor. Porque mañana llega un plato principal del menú.