Combatiendo la lluvia con cultura pop

Día 3 | 30 de septiembre de 2018

Mapa de la etapa 3

Está costando, pero poco a poco nos vamos aclimatando al nuevo horario. Esta vez podemos ir prorrogando el sueño hasta las 5:30, que ya se va acercando a una hora “normal” para alguien que simplemente quiere aprovechar las horas de sol. Si es que hubiera sol, ya que las previsiones meteorológicas se están cumpliendo y el día empieza con sonido de lluvia.

La cabaña ha permanecido silenciosa toda la noche y el colchón de la buhardilla es más cómodo de lo que se podía temer, así que nos quedamos por ahora con ese lado positivo. Bajamos por la escalera de mano con todos los sentidos alerta y desayunamos viendo material de Operación Triunfo convenientemente descargado el día antes cuando cazábamos alguna conexión a Internet gratuita.

Le hemos cogido cariño pronto a la casa

Tras una ducha, debemos afrontar la cruda realidad. Está lloviendo por toda la zona, y las nubes han alcanzado también ese Parque Estatal al norte de Seattle que ayer nos planteábamos como Plan B. Así que queda recurrir al Plan C, no sin antes intentar por lo menos conducir media hora adentrándonos en este Mount Baker National Forest por si, en un exceso de optimismo, el mirador de Picture Lake al que se puede llegar en coche presenta un mínimo de visibilidad para que no se diga que vamos a pasar dos días en la zona sin ver absolutamente nada.

Empezamos a conducir y… no llegamos a esa media hora. Mucho antes, cuando estamos ya superando bosques y más bosques tras dejar las últimas casas atrás, queda claro que estos kilómetros serán en vano. El cielo se va cerrando más y más y la lluvia no cesa, por lo que llegar al mirador solo va a ser fuente de frustración cuando verifiquemos que allí no hay ni lago, ni monte, ni nada digno de visitar. La borrasca está entrando en el parque, no saliendo, y toda esperanza de aprovechar el día pasar por encontrar actividades bajo techo. Aunque eso nos cueste un buen puñado de kilómetros que no contábamos con recorrer hoy.

Va a ser que no

Pues que así sea. Ponemos rumbo hacia Seattle con unas pocas paradas en mente que iremos desvelando. Dejamos atrás la naturaleza y regresamos a las autopistas, teniendo ambos escenarios un denominador común: la abrumadora cantidad de autocaravanas que se ven. Y no solo de las blancas y coquetas que uno se imagina cuando piensa en el concepto: también muchísimos de esos descomunales autocares que dentro deben tener una superficie mayor que muchos pisos en ciudades de España. Me encantaría alquilar uno alguna vez pero de solo pensar en el consumo de gasolina que deben tener me entran escalofríos.

Oh say can you see... the rain

La primera parada no tiene mucho que aportar a una narración como esta. Pedimos un par de cafés pequeños en un Starbucks y paseamos unos minutos por los pasillos de un Best Buy, una cadena de tiendas de ocio electrónico que ocuparía el lugar que nosotros concedemos a un MediaMarkt. Con la diferencia de que aquí la irrupción de la domótica y los “asistentes personales” está mucho más presente, ya que todos los avances de Google, Amazon y similares tienen en el estadounidense uno de sus principales mercados de entrada. Volvemos al coche, sintiendo por el camino del aparcamiento un frío agradable acompañado de un cielo que aquí, aunque igualmente nublado, está ya mucho menos oscuro que de donde venimos.

Quitándome el mono
La domótica aquí ha arraigado más
Aquí es legal

Llegamos a las calles de Everett y hacemos aquí la segunda parada. Quien más y quien menos seguro que ha visto alguna vez en tiendas de juguetes, videojuegos o merchandising en general estanterías invadidas por pequeñas cajas blancas con unos muñecos cabezones dentro. Es más, seguro que muchos tienen ya varios de esos muñecos que imitan a personajes de cine, series de televisión y mundo de la música en una estantería de su casa, tentado por su relativamente bajo precio en comparación con las tradicionales figuras de coleccionista. Son los Funko y han venido para arrasar con todo, y fruto de su éxito hace pocos meses inauguraron en esta, su ciudad de origen, una “tienda-museo” que está causando furor. Damos un par de vueltas para buscar aparcamiento antes de sumarnos a la cola, descubriendo luego que no era tan complicado ya que los carteles de “Estacionamiento máximo de 90 minutos” solo aplican entre semana.

La cola es la consecuencia de que la capacidad del edificio está medida y controlada, y cuando alcanza su máximo el personal no permite la entrada de nadie hasta que otros salgan de las instalaciones. Enganchándonos a ella más allá de donde dobla la esquina, pasamos aquí entre 20 y 30 minutos en compañía de muchos padres con sus hijos. La gente que va saliendo con cuentagotas lo hace siempre acompañada de una bolsa con algún muñeco dentro, y por el tamaño de algunas en ocasiones con más de dos y de tres. Un par de carteles en la pared prohíben expresamente acampar haciendo cola, dando a entender que es algo que alguna vez ha sucedido. Creo que el mejor resumen de nuestras sensaciones es la frase que lanza al aire el chico que espera a su turno tras nosotros: “Is this a night club?”

Debe haber una historia tras este cartel

Llega el momento de entrar. Nos espera dentro un espacio amplio en el que el vestíbulo principal sirve de anticipo a las varias salas que de él nacen, todas con un denominador común: cientos y cientos de ejemplares de Funko esperando a un nuevo comprador. Cada sala tiene una temática en ocasiones más específica y en ocasiones más general, y la decoración consiste en enormes Funkos según el tema. Un Son Goku por aquí, unos personajes femeninos de DC por allá, Harry Potter sus amigos más adelante, un Darth Vader y sus Stormtroopers asomando o, en uno de los casos mejor trabajados, unos descomunales Hulk y Hulkbuster en la misma sala en la que desde un kiosko Stan Lee sonríe observando como la fiebre por sus personajes de Marvel también ha llegado hasta aquí.

Bienvenidos al universo Funko
Funkos por todas partes
Son Goku dando la bienvenida
Mini Overwatch
Pistola no incluida
Welcome back, Lil' Sebastian!

Nos recorremos toda la tienda sin dejar de sorprendernos del hecho de que haya un Funko para absolutamente cualquier cosa de la que seas fan. Desde Kurt Cobain a Doctor Who pasando por Las Chicas de Oro, aquí hay algo para ti. Ante el económico precio de cada ejemplar -10 dólares, en comparación a los 15 euros que cuestan en España- no puedo evitar llevarme un par de recuerdos: un Darth Vader y un Rick de “Rick y Morty”. Salimos de la locura con una cosa a tachar de la lista.

Ahora le toca a ellas
Nana-nana-nana-nana...
Robin acallando rumores sobre su sexualidad (sale mal)
El Joker, entre rejas
Las series más recientes tampoco se escapan
Para los más creativos
También hay hueco para los clásicos
Y para la magia
Cuando se hizo esta foto, todavía vivía :-(
Lucha de gigantes
Pasando el rato en Hoth
*Suena la Marcha Imperial*
No recuerdo que Han sonriera tanto en esta escena...
La zona en la que confeccionar tu propio Funko
A quien pueda interesar
Los exteriores, ya sin colas
Funkos XXL adornando la fachada
¿Manhattan? ¿Gotham? No, Everett

El “museo” de Funko era solo un anticipo del empacho de cultura pop que estaba por venir. Con mucha paciencia pero con menos tráfico del esperado, nos adentramos en el corazón de Seattle para estacionar en uno de los aparcamientos de pago junto al Seattle Center. La tarifa es de 6 dólares por hora y 15 dólares para estancias entre 2 y 12 horas. Lo pagamos como única solución posible para lo que venimos a visitar: el Museo de Cultura Pop de Seattle.

Conocido como el “MoPOP” y fundado originalmente como “Experiencie Music Project” por Paul Allen, cofundador de Microsoft y que fallecería tan solo unas semanas después, el Museo de Cultura Pop se presenta como un batiburrillo de atracciones para los amantes de la música, el cine y las series de televisión. Su elevado precio de 28 dólares por cabeza -26 si compras la entrada anticipadamente por Internet- juega en su contra, pero en unas circunstancias como las de hoy se presenta como un clavo al que agarrarse.

Comenzamos el recorrido y por ahora el precio de la entrada sigue resultando muy alto. Reconozco el lugar en la historia que ocupa Nirvana y no tengo nada que objetar a la exposición dedicada al nacimiento, vida y muerte del grupo, pero no llego a los niveles de mitomanía necesarias para emocionarme viendo una chaqueta de Kurt Cobain, algunas de sus cartas manuscritas o los restos de esas guitarras que destrozaba contra el suelo al terminar una actuación. Confieso que la modesta batería que utilizaba Dave Grohl en los inicios de la banda sí despierta algo más mi atención. Menos entusiasmo me despiertan todavía las exposiciones de Pearl Jam y Jimi Hendrix, los cuales conozco pero nunca han estado entre mi ranking de bandas e intérpretes fetiche.

Así empezaban las guitarras de Kurt...
... y así terminaban
Símbolos de una época

Pasamos a lo siguiente, que es el vestíbulo en el que se levanta una escultura de instrumentos -la mayoría guitarras- en forma de embudo que alcanza el techo más allá de las plantas superiores. Su tamaño, su colorido y el estado de conversación de todos los instrumentos que la componen hace que impacte bastante al natural. Junto a la escultura se encuentra la puerta a una exposición temporal patrocinada por Nintendo y dedicada a los videojuegos indie, esas obras de estudios modestos -o incluso de simples individiuos- que con recursos y presupuesto irrisorio consiguen irrumpir en el ocio digital con una propuesta original y atractiva. La sala consiste en pequeños escritorios con ordenadores y mandos listos para que los visitantes prueben de primera mano las experiencias digitales, acompañados de grandes pantallas y carteles haciendo llegar la historia de cada uno de los títulos.

La escultura de guitarras
Un detalle de la escultura
Espiando en la sala de juegos indie
Overcooked!
Decoración austera pero efectiva

Superado el vestíbulo de la escultura, nos espera la Sky Church. Y aquí la cosa empieza a ponerse seria. El concepto es muy simple: un espacio diáfano de grandes dimensiones en cuya pared principal descansa una enorme pantalla LED curvada de 18 metros de ancho y 10 de altura, acompañada de un equipo de sonido que llena la enorme estancia. Frente a ella, un suelo de relucientes baldosas con tan solo unos sofás que parecen diminutos en comparación con el lugar. Lo colosal de la instalación cobra sentido cuando en la pantalla se proyecta una sucesión de videoclips y presentaciones con frases célebres del cine, generando toda una experiencia inmersiva que merece la pena vivir. Unas pantallas auxiliares anuncian un pase especial sobre el grupo “OK GO” a las 17:00, y mirando el reloj me pregunto si para entonces seguiremos aquí. De ser así, no los lo perderemos.

La Sky Church... volveremos

Dejamos atrás es espectáculo de luz de sonido y comienza el museo de verdad para nosotros. Empezando por la colección sobre cine de terror, en la que nos esperan objetos originales de numerosos clásicos del género. La máscara y ropas de Jason de Viernes 13, un Alien utilizado en la película original, las cabezas que el Gobernador coleccionaba en la serie The Walking Dead, y muñecos desde un adorable Gizmo utilizado en Los Gremlins hasta un sorprendentemente detallado Critter. Todo ello acompañado de carteles contando la historia del género y enumerando los tipos de amenaza más habituales. Es como estar dentro del desenlace de la película “La Cabaña en el Bosque”.

Cabezas de chachos
Animalico
¡Uh!
¿Y a este qué le pasa?
Tengo miedo

La siguiente sala baja un poco la emoción, ya que el género de la fantasía con títulos como La Princesa Prometida o La Historia Interminable está bien, pero no despierta tantas emociones como la sangre y los sustos. La cosa cambia en la siguiente colección, que es la que para mis gustos se lleva la palma. La Ciencia Ficción se viste de gala en dos estancias llenas de vitrinas de las que generan chillidos histéricos. Los aeropatines de Regreso al Futuro II. Una mochila original de Los Cazafantasmas. Un Cybermen y un Dalek a tamaño real. Un uniforme de piloto de Viper en la BSG Galactica. La cazadora de Terminator II. Todo fan del género encuentra aquí ese objeto de culto que sueña con tener en su habitación.

Mundo de fantasía
Me llamo Iñigo Montoya...
La reacción es sincera
Exterminate!
Who you gonna call?
Busqué el Viper, pero no lo encontré
Actualización requerida

Y todavía quedaba otro plato fuerte sin necesidad de ir a la exposición sobre Marvel para la que deberíamos haber pagado 8 dólares más por persona. En la planta superior nos espera el Sound Lab, que es el equivalente a la música de un Museo de la Ciencia. Un espacio principal en el que guitarras, baterías y teclados reposan en pequeños habitáculos junto a pantallas en las que visualizar lecciones o lanzar música de acompañamiento para dar rienda suelta a la improvisación. Y lo mejor de todo, un perímetro ocupado por salas insonorizadas con un contador de tiempo y instrumentos en su interior, siendo la guinda del pastel un par en las que bajo, guitarra, micrófono y batería se unen para que un grupo de amigos pueda hacer su particular “Jam Session”. A la salida del espacio, los visitantes pueden adquirir la grabación de lo que sea que hayan estado haciendo durante sus 10 minutos de fama. Aunque con menor protagonismo, también hay lugar para experimentar con una mesa de mezclas o un equipo de DJ. Es un lugar en el que las horas se pueden pasar volando si tienes talento e interés por tocar uno -o varios- instrumentos.

Aquí no entramos
Sound Lab
Mi rincón
Mi estudio
No tocar, por favor

Todavía queda una última sala que visitar, todavía en la planta baja: la que aloja el "Salón de la Fama de la Ciencia Ficción" del Museo, supuestamente la más exquisita selección de personajes y motivos sobre el género. Y digo supuestamente por que, tras el atracón de uniformes, robots y aeropatines de hace unos minutos, esto queda algo descafeinado. Dignas de mención la figura de silicona de un Neo despertando de Matrix o la mano cercenada de Luke Skywalker en El Imperio Contraataca.

Así que estaba aquí...
Una parte del Hall of Fame
Wake up, Neo

Damos por terminada nuestra visita al MoPOP, que pese a seguir resultando caro al final nos ha dado un buen puñado de emociones y diversión por el precio que hemos pagado. Viendo por nuestros relojes que estamos a tan solo 30 minutos del pase especial de OK GO en la Sky Church, decidimos hacer tiempo navegando por Internet gracias a la conexión gratuita del lugar. Vamos a la “iglesia” con tiempo suficiente para encontrar un sofá libre, y a las 17:00 empieza lo que simplemente es la proyección de los dos últimos videoclips de la banda. Claro que teniendo en cuenta que cada videoclip de OK GO es toda una experiencia, no es decir poco. La explosión de luz y color inunda nuestras retinas durante unos gloriosos 10 minutos que ponen fin a nuestra visita al museo.

La escultura, ahora desde arriba
OK Go más grande que nunca
Un último mensaje de Spock

Volvemos a las calles de Seattle con el tiempo justo para saludar de nuevo desde el suelo a la Space Needle antes de recuperar nuestro coche. Enfilamos el camino de vuelta a Deming con la buena noticia de que a la vuelta tampoco vamos a tener tanto tráfico como podíamos temer. Una parada en un Trader Joe’s para hacer un par de compras, y de nuevo a recorrer las 100 millas no planeadas que nos han permitido aprovechar algo un día que se anticipaba difícil de justificar.

¡¿Cómo?! ¡¿Qué estábamos en Seattle todo este tiempo!?

De vuelta a nuestra cabaña, preparamos en el horno una pizza congelada y tras devorarla nos vamos a dormir de nuevo en las alturas de nuestra buhardilla. Son las 21:40 cuando el apagón de luces marca el final de este tercer día en Estados Unidos que, a falta de sol y naturaleza, ha tenido a la cultura pop como protagonista.