Los humos de Crater Lake

Día 1 | 28 de septiembre de 2018

Mapa de la etapa 1

Si conocéis a alguien que la primera noche tras un viaje que cruza nueve zonas horarias no sufra de jet lag, llevadlo a un laboratorio porque probablemente no sea humano. Lo habitual es que le ocurra lo mismo que a nosotros en esta primera noche en el oeste: despertarnos primero a medianoche, solo dos horas después de haber cerrado los ojos. Hacerlo de nuevo a las 2:30, con la casa en pleno silencio. Y despertar por tercera y última vez a las 3:30 de la madrugada, con solo algo más de cinco horas de sueño recuperado pero incapaces de volver a caer dormidos.

Hacemos tiempo, mucho tiempo navegando por Internet sin salir de la cama. No es hasta las 6:00 cuando salimos a hurtadillas de la habitación para, intentando no despertar a nadie, ducharnos en el cuarto de baño compartido. En el camino nos encontramos un termostato de Nest, la división de Google empeñada en controlar también tu casa mediante soluciones de domótica.

No me pude resistir

Siguiendo con la estrategia de hacer el menor ruido posible, nos acercamos hasta la cocina donde echamos mano de los bagels, cereales y tostadas que la anfitriona ha dejado para nosotros además de mermeladas caseras en la nevera. La parte negativa es la poquísima leche que queda, lo cual limita bastante que poder desayunar.

El escenario de nuestro desayuno

Regresamos a la habitación con la única misión pendiente de recoger nuestro equipaje, tarea sencilla ya que apenas lo hemos abierto para sacar el pijama de la noche y la ropa para hoy. Cuando estamos ya cargando con nuestros bultos de vuelta al coche, conocemos sobre la campana a Annette, la propietaria de la casa. Mientras charlamos con ella salen de la otra habitación alquilada un matrimonio mayor, con un hombre estadounidense y una mujer holandesa. Un poco de charla informal sobre la Costa Brava catalana, y volvemos al volante. La misión de hoy no es otra que ir superando kilómetros rumbo al norte con, solo quizás, una parada en Crater Lake National Park si la meteorología y la visibilidad nos acompañan. De momento, el primer tramo hasta un supermercado de la cadena Trader Joe’s nos supone avanzar 170 millas hasta la población de Redding, todavía en el estado de California.

¡En marcha!

Nada más ponernos en marcha y en el giro tras un semáforo que debe introducirnos en la interestatal I-505N, el coche que tenemos delante toma el giro demasiado pronto y pasa con violencia por encima del bordillo, provocando un pinchazo que lo obliga a hacerse a un lado antes siquiera de llegar a la autopista. Vaya manera de comenzar el día.

Empezamos a devorar kilómetros sin tocar el volante más que para ir cambiando de carril según adelantamos a otros vehículos. Una valla publicitaria nos descubre un concierto de Garbage en la cercana ciudad de Reno… el 2 de octubre. Lástima. El paisaje lo predominan largas extensiones de campos amarillos, al más puro estilo de Castilla. Ancha es California. Según nos vamos acercando a Oregon, los puentes que atraviesan la vía se inundan de carteles y pancartas con la leyenda “Thank you firefighters”, agradeciendo el esfuerzo a un cuerpo de bomberos que este verano ha tenido demasiado trabajo apaciguando los múltiples incendios que han asolado la zona. Son las 10:00 cuando alcanzamos el Trader Joe’s de Redding.

Trader Joe’s es una franquicia de supermercados que hace bandera de ofrecer productos frescos y éticamente sostenibles, si bien abusan de envoltorios de papel y cartón como cualquier otro. Para nuestros viajes por norteamérica somos consumidores habituales de la cadena Walmart, pero esta nos sirve como una buena segunda opción con la que añadir algo de variedad pese a tener precios ligeramente más caros. Para este primer encuentro hacemos una compra mínima, ya que hasta el día de mañana no contaremos con una nevera grande y cocina completa en la que preparar comidas más elaboradas.

Halloween en Trader Joe's (I)
Halloween en Trader Joe's (II)

Nos estamos acercando al desvío que nos llevaría hasta Crater Lake, así que es hora de consultar la webcam en directo para saber qué visibilidad nos espera allí. Lo podemos hacer gracias a la tarjeta prepago de Vodafone vinculada a una Tarifa Mi País, la cual hemos contratado especialmente para la ocasión antes de salir de España. Por 20 euros -deberían haber sido 15, pero no lo gestionamos bien- disponemos de 800 minutos en llamadas y 5 GB -en realidad 7, pero no estaba claro hasta cuándo dudaba la promoción- de datos que poder consumir desde Estados Unidos.

La webcam no nos da buenas noticias. El día está despejado, pero el humo de un incendio -otro más- está alcanzando el parque haciendo que la visibilidad diste mucho de ser óptima. Por ahora decidimos cambiar el destino de nuestro GPS a nuestra meta de hoy, la población de Eugene a 310 millas y ya en el estado de Oregon y dejar la visita a Crater Lake para el camino de vuelta, esperando que para entonces el cielo siga siendo benevolente y el humo haya desaparecido.

El desolador panorama de la webcam
Kilómetros por delante

Aparece en el horizonte y va creciendo poco a poco la cima del Mount Shasta, un impresionante volcán todavía en California al que no habíamos seguido la pista. Al no haber investigado nada acerca de él y no saber qué excursiones o paradas puede ofrecernos, decidimos no correr el riesgo. Un pequeño adelanto: a la vuelta dos semanas después podríamos admirarlo de forma mucho más detallada.

Nos acercamos a Mount Shasta

Alcanzamos el punto en el que tomar el desvío a Crater Lake y, en un último vistazo a la webcam, vemos que la visibilidad parece estar mejorando ligeramente. Decidimos en el último instante correr el riesgo, ya que de lo contrario una etapa en la que todo consiste en recorrer 500 millas por autopista resulta algo aburrida. En pleno desvío paramos para hacer nuestro primer repostaje en la población de Weed. Sí, es como si en España una población se llamase “Marihuana” o, más concretamente, “María” en alusión a la hierba de la felicidad. Por ahora estamos muy satisfechos con la elección del Jeep en la oficina de alquiler de coches, pero hay que reconocer que bebe combustible como si no hubiera un mañana.

Dejamos atrás California y entramos en el estado de Oregón. No tardamos en percibir el olor a humo, y cada vez es más evidente para la vista. No hay riesgo para la conducción, pero en todas direcciones la visión queda cubierta de un ligero manto entre gris y marrón. Antes de alcanzar el parque, aparcamos unos minutos en un casino indio a 40 millas de la entrada para hacer un cambio de conductor y comer gracias a los “wraps” que nos hemos traído de Trader Joe’s. Son las 13:30 y los 24 grados que marca el termómetro se traducen en un calor agradable.

Bienvenidos a Oregón
Gira por ahí...

Llegamos a la garita del acceso sur de Crater Lake National Park. Ahora sería turno de pagar la correspondiente entrada de 25 dólares por día y coche, pero nos la ahorramos gracias a traer de casa el “America the Beautiful Annual Interagency Pass” que amablemente nos ha cedido una amiga y compañera viajera. Su precio es de 80 dólares y tiene espacio en el reverso para dos firmas, y si viviéramos en Estados Unidos tenemos clarísimo que lo compraríamos cada año. Al mostrarlo el agente de la entrada nos entrega el ya tradicional mapa y periódico del parque.

Hacemos una parada en el Centro de Visitantes. El humo ya es mucho menos denso que cuando lo vimos por primera vez a través de la webcam, pero en absoluto vamos a disfrutar del cráter con la misma luz y colores que muestran los carteles colgados de las paredes. Volvemos a arrancar el motor y unos minutos después alcanzamos el aparcamiento para el “Watchman Trail”.

Ni un Visitor Center sin su bandera ondeando

Crater Lake es un Parque Nacional constituido alrededor de un lago muy particular. Situado a más de 1.800 metros de altura, es el resultado del colapso del Monte Mazama, un descomunal volcán que los geólogos estiman que rozaba los 4.000 metros de altura antes de que una erupción lo hiciera colapsar y perder alrededor de 1.600 metros en el proceso. El resultado del colapso fue la caldera sobre la que reposan las aguas del lago, y tan peculiar origen le ha proporcionado una profundidad de 1.220 metros que le permite ser el lago más profundo de Estados Unidos y el noveno en todo el planeta.

El Parque Nacional ofrece varias maneras de visitar el lago, siendo la más habitual los distintos miradores y senderos habilitados a lo largo de la carretera que recorre su perímetro. Nosotros, que no queríamos invertir más tiempo del necesario ya que estamos ante solo una parada de muchas que tenemos previstas, decidimos que haríamos una única visita en el mirador más elevado y amplio: el Watchman Overlook, que requiere recorrer previamente un sendero en ascenso de unos 2,5 kilómetros y 110 metros de desnivel hasta alcanzar una cabaña en lo alto de la cima. Las vistas al lago desde el aparcamiento al inicio del camino ya son buenas, pero nada que pueda superar la panorámica con mucha más perspectiva que nos espera en lo más alto.

El sendero comienza con un camino de arena muy corto y de pendiente suave. Tras el giro al final de este tramo comienza la subida real, rodeado de más vegetación y perdiendo de vista el cráter que queda al otro lado de la colina. El suelo no presenta ningún obstáculo, con tierra compactada y pocas ramas y rocas que evitar. En aproximadamente media hora alcanzamos el mirador de la cima, en el que nos esperan otros 15 o 20 visitantes.

Comenzamos a subir

Tal y como presagiábamos el humo ha entorpecido mucho el espectáculo, pero podemos disfrutarlo de todos modos al tomar conciencia del fenómeno geológico que estamos presenciando. Podemos distinguir todo el perímetro del lago pero lo que más destaca es la Wizard Island, un “cono de escoria” que se levanta cerca de la orilla más cercana y forma, literalmente, un pequeño volcán dentro de otro. Si nosotros ya disfrutamos de la experiencia, entendemos que para un geólogo esto debe ser Disneylandia.

No es ideal, pero aquí está Crater Lake
Qué habrá en ese islote...
La caseta en la cima
Wizard Island rodeado por agua

A las 16:00 estamos ya de vuelta en el coche, sacudiendo las botas para quitarles el polvo y previo paso por el mirador junto al parking, mucho más descafeinado tras haber disfrutado de mayores alturas. Nos quedan por delante 150 millas hasta nuestro destino final del día, ahora sí, la población la Eugene.

Últimos metros antes de regresar al coche
La vista desde el parking es algo peor
Que nunca falte la información

La carretera que OR-58 que conecta Crater Lake y Eugene es, dicho rápido y sin muchos detalles, preciosa. Los bosques a lado y lado del asfalto ya han empezado a teñirse de otoño, con amarillos y naranjas de varios tonos acompañando a los verdes que se resisten a desaparecer. Eventualmente los árboles se abren dejando ver lagos de mayor o menor tamaño que reflejan el paisaje como si fueran un espejo.

A las 18:35 hacemos la última parada del día antes de llegar “a casa”. Tras la infidelidad inicial con Trader Joe’s, ahora sí que damos paso a nuestra cadena de hipermercados predilecta en los Estados Unidos. El Walmart Supercenter de la ciudad de Springfield nos espera. Hacemos aquí otra primera incursión sin comprar demasiado. Ya habrá ocasión de llenar futuras neveras.

Falta más de un mes, pero ya tal
Oregón, tenemos que hablar
Ah, América

Alcanzamos Eugene, pero nuestro alojamiento para hoy se encuentra apartado del núcleo urbano, al final de una serpenteante carretera que asciende una colina y en la que es difícil distinguir los números de las casas con la poca luz de estas horas. Tras un poco de incertidumbre encontramos el garaje que estábamos buscando, a la derecha del cual nace una pequeña escalera de piedra que baja hasta la entrada propia de nuestro cuarto. Es una habitación amplia, con un buen televisor a los pies de la cama de matrimonio -enorme, como es habitual aquí- En el cuarto que conecta esta habitación con el resto de la casa hay una pequeña nevera supuestamente para nosotros, pero la encontramos llena. Dado que el anfitrión está de viaje fuera de la ciudad y su hija -a la que se oye escuchando la tele al otro lado de la puerta- no parece tener muchas ganas de conocernos, no preguntamos.

Cenamos lo que traemos del supermercado viendo algo a través del ordenador portátil. A las 22:00 nos vamos a dormir, esperando que esta noche el descanso ya sea algo mayor y tras perder antes unos minutos navegando por Internet gracias a la buena conexión a Internet de la casa. Para mañana nos queda una nueva etapa de carretera hasta alcanzar al fin la naturaleza que nos espera dentro de dos días. O eso creíamos, ya que en algún lugar del norte las nubes empezaban a conspirar contra nosotros.