Yosemite: Cook Meadow's Loop, Lower Falls, Mirror Lake y Tunnel View

Día 3 | 12 de junio de 2017

Mapa de la etapa 3

Si el objetivo -no el único, pero uno de ellos- de acercarse a Yosemite era contemplar su fauna se podría decir que lo batimos en tiempo récord. Cuando rondan las 6:30 de la mañana y, desperezándonos, subimos una de las cortinas de la habitación para que entre la claridad, nos encontramos a nuestros pies un par de pequeños ciervos comiendo y bebiendo de lo que parecen unos cuencos instalados a propósito para ello. Tras varios minutos fotografiándolos desde la comodidad de la habitación se confirma nuestra sospecha: es el propio Conan quien cuida de ellos, saliendo al exterior para reponer la comida y bebida ante la mirada impasible de lo que pueden ser fácilmente 8 o 10 ejemplares de ciervos todos los tamaños.

Nuestros vecinos, desayunando
¡Fuera de mi jardín, gamberros!

Como una de las normas de la casa incluye evitar los ruidos entre las 22:00 y las 7:00, hacemos tiempo en la habitación para no ducharnos hasta que terminen esas "horas silenciosas". Durante ese rato hojeamos el libro de visitas para huéspedes, en el que parejas de todo el mundo -Brasil, Australia, Reino Unido, India, Japón...- han dejado todo tipo de agradecimientos, dibujos y consejos para los turistas que les sucedan. A juzgar por lo que leemos nuestro anfitrión es atento y servicial hasta niveles prácticamente ridículos, teoría coherente con lo que pudimos observar en él la noche anterior. Dan las 7:00 y un ciervo solitario sigue tomándose el desayuno de todos sus colegas en el jardín, momento en el que nosotros arrancamos el día con una ducha en el baño de la planta superior tras avisar a Conan de que en 30 minutos estaremos listos para desayunar, siguiendo sus instrucciones del día anterior de que le notificáramos de cuándo queríamos el desayuno con un mínimo de 15 minutos de antelación.

Antes de bajar a desayunar, hacemos una videollamada con una calidad impresionante teniendo en cuenta que, según los tests de velocidad, la velocidad de conexión es de unos discretos pero no exagerados 8 Mbps de descarga y 1 Mbps de subida. Puesta al día la familia, bajamos los escalones hasta el apetecible olor que está subiendo desde la cocina.

En este primer capítulo de "Desayunando con Conan" es difícil quedarse con un elemento favorito del guión. Empezando por lo obvio, el desayuno es exactamente lo que barruntábamos: una exhibición de aptitudes culinarias. Sin caer en cantidades exageradas -en un gesto que agradecemos- lo que Conan está terminando de preparar cuando le damos los buenos días es una tortilla de textura esponjosa rellena con champiñones, queso, calabacín y aguacate con una salsa suave y casera del mismo fruto por encima. Si descrita ya promete, en el paladar es todavía mejor. Pero no acaban ahí las sorpresas con Conan. Cuando hemos terminado de desayunar se presenta con un mapa de Yosemite y empieza a enumerar consejos y recomendaciones dignas del más veterano y profesional de los rangers del parque. Una exhibición de datos, estrategias y anécdotas sobre el parque, sus accesos y su variada oferta. Pero vamos a dejar para el final lo mejor: en una primera impresión a partir de su físico, situábamos a Conan en el rango de edad alrededor de los 50 años. Pues bien, a raíz de la conversación confiesa que la semana que viene cumplirá... 62 años. 62 pedazo de años que más quisiera yo llegar a lucir así. Cuando le preguntamos su secreto, todo lo que se le ocurre es que no come carne -que no es lo mismo que ser vegetariano, ya que sí come pescado-. Es como para pensárselo.

La maravillosa tortilla de Conan

Todavía asombrados -no sabríamos decir si por la tortilla o por la edad de Conan- nos echamos a las calles de Oakhurst para dar comienzo oficialmente a la jornada. Y lo hacemos con algo que extrañamente no había ocurrido todavía cuando estamos ya en nuestro tercer día completo en Estados Unidos: visitando un Starbucks. Aunque el desayuno de Conan era perfecto en cuanto a sólidos, el café de cápsulas de la habitación no es lo que teníamos en mente. Preferimos un café de la multinacional, que aquí no es en términos relativos al nivel de vida del país tan ara como puede ocurrir en España. Además, según L, incluso las mismas variantes de café saben mejor aquí que al otro lado del Atlántico.

Con sendos cafés ocupando el lugar de honor que merecen en el posavasos que todo coche norteamericano debe ofrecer a sus tripulantes, iniciamos el primero de los varios ascensos que realizaremos en los próximos días hasta Yosemite National Park. Son las 9:30 cuando empezamos a ganar altura y la previsión de alcanzar los primeros hitos del parque al cabo de 60 minutos empieza a irse al traste cuando nos ralentiza un vehículo con matrícula de Utah que circula a 10 o 15 millas por hora en tramos en los que la velocidad máxima permitida de 35 es perfectamente segura. La media hora tirando por lo bajo que pasamos supeditados al ritmo de nuestro vecino de asfalto supondrá alcanzar el parque entre 15 y 20 minutos más tarde de lo que haríamos si de nuestro ritmo en carretera dependiera, y especialmente flagrante es ver como el amigo ni se plantea hacerse a un lado en los apartaderos habilitados precisamente para no entorpecer la circulación pese a poder ver en el retrovisor como un convoy de más de 10 vehículos está acordándose de toda su familia para empezar el lunes.

Durante el trayecto empiezan a asomar en los arcenes rastros de esa nevada que supuestamente anoche obligó a los agentes del parque a no permitir circular vehículos que no fueran equipados con cadenas. Unos minutos después esos rastros se han convertido en un extenso manto blanco que cubre toda la vegetación. Mientras atravesamos tal paisaje, nos parece imposible que según anuncia el Weather Channel la temperatura vaya a subir 20 grados en los próximos días, pasando de la máxima de 15 prevista para hoy hasta ya una más alarmante cota de 35 grados centígrados.

Cuando todavía faltan 20 de las 35 millas que separan Oakhurst de Yosemite Valley alcanzamos la South Gate Entrance, el acceso al parque por el sur. Abonamos los 80 dólares del Annual Pass que nos da derecho a acceder a toda la red de Parques Nacionales de los Estados Unidos durante 12 meses, con la previsión de recuperar parte de la inversión al repartir los gastos con unos compañeros viajeros en Mallorca que también visitarán algunos parques en los próximos meses. A nuestro paso por el desvío que llevaría hasta Glacier Point vemos que el acceso permanece cerrado debido a que la carretera está helada, y es algo que comienza a preocuparnos ya que dentro de 24 horas tenemos contratado un autobús que debería llevarnos precisamente por esa carretera.

Alcanzamos el túnel a la salida del cual aguarda el que probablemente sea nuestro mirador favorito del parque: Tunnel View. En los varios aparcamientos de los alrededores se concentra ya mucha gente, siendo un sitio en el que es habitual que en un determinado momento no quepa un alfiler y al cabo de unos minutos, cuando los cargamentos de turistas que se desplazan en autocar vuelvan a marcharse, reine la tranquilidad. Nosotros no tenemos intención de detenernos por ahora ya que las primeras horas del día, con el sol precisamente en dirección a las vistas, son las peores para disfrutarlo. Pasamos de largo y alcanzamos la zona del Yosemite Valley Lodge, en la que tras algunas vueltas encontramos aparcamiento cuando el reloj marca las 10:45. Por el camino y justo después de superar Tunnel View, las aguas de Bridalveil Fall nos han saludado a varios metros de la carretera presumiendo de abundante caudal. Todo llegará, Bridalveil. Nos bajamos del coche cuando el termómetro marca ocho grados, remontando sensiblemente respecto al punto más bajo del trayecto en el que habíamos descendido hasta los tres grados, precisamente en el tramo donde más nieve veíamos caer de las ramas de los árboles a nuestro paso.

Comenzamos a superar edificios del Yosemite Lodge, recordando ese septiembre de 2011 en el que nos alojamos en ellas durante dos días y la experiencia fue tal que, sumado a su precio, ya por aquel entonces decidimos que jamás volveríamos a repetir. Pasamos de largo la recepción del hotel y tras otros 10 minutos alcanzamos el centro de visitantes de Yosemite Village, donde queremos consultar a un agente del mostrador si hay previsión de que la carretera a Glacier Point se abra para mañana o deberíamos ir buscando un plan alternativo. Nos toca el ranger menos colaborativo de cuantos hemos conocido, limitándose a pedirnos que regresemos al mediodía para saber entonces si estará la carretera abierta o no. Sin mucha más información que con la que entramos nos echamos al césped del Village y comenzamos a recorrer, sin tener muy claro si estamos trazando el trayecto exacto que teníamos previsto, la suma del Sentinel & Cook's Meadow Loop, un recorrido circular de 3,6 kilómetros con dificultad nula, totalmente llano y perfecto para una primera toma de contacto con las bondades del Valle de Yosemite incluyendo la sonora caída de agua de las Upper & Lower Yosemite Falls.

Volvemos a encontrarnos, Yosemite Lodge
Vistas de ensueño, ya desde el comienzo

Las vistas tanto a las citadas cataratas como al descomunal domo de granito del Half Dome son memorables desde el primer hasta el último instante del recorrido. Por momentos el cielo parece tener intención de abrirse y muestra pequeñas trazas de azul entre el blanco predominante por las nubes. A medio trayecto alcanzamos la siempre concurrida capilla de Yosemite e incluso aquí disfrutamos de una inesperada tranquilidad con momentos de absoluto silencio salvo alguna tímida voz muy a lo lejos. Nos preguntamos dónde estará toda la gente que ha venido en los cientos de vehículos que llenan arcenes y aparcamientos.

Las Lower & Upper Falls desde la distancia
Manos a la obra...
Cada pocos metros, una nueva postal
Relajados junto a la capilla
Nos acercamos hasta donde se esconden las cataratas

No tardamos en recibir nuestra respuesta. Enlazándolo con el recorrido circular alrededor del valle, comenzamos la aproximación a la base de las Lower Yosemite Falls para ver desde lo más cerca posible la caída del agua en su tramo más inferior. Y ahí es donde está toda la gente. En un escenario más propio de las Ramblas de Barcelona que del Yosemite que habíamos visto hasta ahora, cientos y cientos de turistas de todas las nacionalidades caminando hacia y desde el mirador situado a los pies de la cascada. Dicho mirador es la joya de la corona, con brazos al aire ataviados con teléfonos móviles y cámaras mires hacia donde mires. No es la Fontana di Trevi, pero es lo más cercano que hemos sufrido en un Parque Nacional. Disfrutamos de todos modos del espectáculo que suponen las Lower Yosemite Falls en temporada de máximo caudal e incluso tenemos ocasión de hacer fotografías con trípode gracias a un hueco libre en el puente bajo el que pasan las aguas procedentes de la catarata. Es en estas Lower Falls donde tenemos la mayor sensación de frío de toda la mañana, probablemente por la brisa que corre sumada a la humedad por el agua en suspensión.

Camino a las Lower Falls
Las Lower Falls, sus aguas...
... y sus gentes

Tras deshacer el sendero que lleva hasta la cascada alcanzamos la parada de Yosemite Falls correspondiente a los autobuses gratuitos que desplazan a pasajeros por todo el valle. Existen dos líneas: la primera, operativa todo el año, se detiene en todos los alojamientos de la zona con el añadido de algún punto estratégico en el que se inician excursiones varias. La segunda, solo disponible durante los meses de verano, realiza un recorrido complementario que permite a los turistas alcanzar otras zonas más alejadas pero sin abandonar completamente el valle. Hacemos uso de la primera línea, marcada en los mapas con color verde, para alcanzar la parada más allá del Half Dome Village -alojamiento consistente en cabañas de tela y madera anteriormente conocido como Curry Village- desde la que sale la pequeña excursión hasta Mirror Lake.

Visitar el "Lago Espejo" exige hacer y deshacer un camino de algo menos de dos kilómetros en cada sentido, en su mayoría llano sobre terreno sólido con la excepción de un par de pequeños tramos de escalones naturales. El premio al final del camino es otra imagen de postal con las engañosamente tranquilas aguas reflejando las piedras que emergen de la superficie por aquí y por allá. Lo asequible del sendero hace que sea una zona bastante concurrida por visitantes de todas las edades, prestándose especialmente a que haya un ambiente festivo y familiar. Lo visitamos, lo retratamos, y nos damos media vuelta sin plantearnos extender la excursión otros tres kilómetros a cambio de rodear el lago.

Camino a Mirror Lake
Los reflejos de Mirror Lake

Volvemos a hacer uso del shuttle para abandonar el "Mirror Lake Trailhead" y apearnos frente al Yosemite Lodge, el hotel desde el que mañana saldrá el autobús que nos llevará a lo alto de Glacier Point. Entramos en la recepción para, en un intento de arañar unos minutos a una jornada de mañana que se iniciará muy temprano, canjear ya nuestra reserva por sendos billetes que nos darán acceso al medio de transporte. Nos informan de que la Glacier Road ya se ha abierto durante el día, lo cual unido a la previsión de mayores temperaturas y ausencia de lluvia de mañana hace que esté prácticamente garantizado que podamos llevar a cabo nuestros planes. El autobús comenzará a aceptar pasajeros a las 8:15, por lo que tendremos que salir ofensivamente temprano de Oakhurst para aparcar y llegar a tiempo al improvisado andén frente a la recepción del hotel.

Se acercan las cinco de la tarde cuando decidimos iniciar el camino de salida de Yosemite Valley. En el recorrido hacia el extremo más al oeste del valle no tardamos en encontrar un tramo de obras en la carretera -el sempiterno "road work"- que provoca cierta congestión en la circulación, haciéndonos perder un tiempo precioso. Debido a eso y al hecho de que queremos realizar algunas tareas domésticas antes de terminar un día que debería cerrarse temprano en vistas al madrugón necesario para mañana, decidimos que la visita a Bridalveil Fall y a un mirador elevado a partir de Tunnel View deberán esperar a otro día. No nos privamos sin embargo de invertir 20 minutos en visitar el mirador del túnel, del cual aparcamos a apenas 300 metros de distancia en un arcén menos concurrido de lo esperado y en el que conseguimos algunas instantáneas mágicas del valle custodiado por la gigantesca mole de El Capitán a la izquierda y la abundante Bridalveil Fall a la izquierda, en el preciso momento en el que los rayos de luz proyectan un vistoso arco iris sobre su caída. Cuando los astros se alinean y no hay un ejército de asiáticos luchando por un espacio en primera línea, quedarse en silencio contemplando al horizonte en Tunnel View sigue siendo una de las mejores experiencias de todo Yosemite.

El siempre impresionante Tunnel View
El arco iris sobre Bridalveil Fall
Él no se lo podía perder

Damos así por concluida la jornada inaugural de nuestro reencuentro con el parque, emprendiendo el primer descenso hasta Oakhurst de cuántos realizaremos en los próximos días. Los 11 grados centígrados del parque van ascendiendo poco a poco hasta alcanzar los 18 coincidiendo con el momento en el que aparcamos frente a un supermercado Vons a las 18:00.

De nuevo encontramos mucha mayor variedad de artículos que en nuestra visita a Walmart aunque los precios resultan algo elevados. Apenas un puñado de artículos -incluyendo pan ¡de barra!- suben el ticket hasta los 23 dólares, precio que hubiera sido algo inferior de haber contado con una tarjeta cliente de la franquicia. Consultamos los precios de la gasolina de Oakhurst para descubrir unos aceptables 2,99 dólares por galón que tendremos que pagar en los próximos días teniendo en cuenta que solo la jornada de hoy ha consumido prácticamente un cuarto del depósito.

Regresamos tras varias horas a los dominios de Conan, que como siempre se encuentra absorto frente al enorme monitor de 32 pulgadas que tiene instalado en el salón. Iniciamos nuestras tareas domésticas, a saber: poner una lavadora y cocinar una tortilla de patatas para los bocadillos del día siguiente. El excedente de tortilla se lo cedemos a un anfitrión que se lo ha ganado con creces tras repasar con nosotros los mejores consejos en vistas al Panorama Trail que pretendemos recorrer al día siguiente. Tras una merecida ducha y una cena sin complicaciones consistente en pollo con pasta, hummus con zanahorias baby, un >chimichanga -sí, lo cogí pensando en Deadpool- y una espectacular porción de tarta de queso con fresas, el día termina con toda nuestra ropa limpia y seca cuando dan las 22:00 horas. No debemos alargar mucho el apagar las luces del cuarto, ya que para mañana hemos acordado con Conan desayunar a unas seis de la mañana que, sabiendo que con algunos huéspedes ha llegado a despertarse a las 2:30, no le parece un esfuerzo tan grande como el que nosotros creíamos al pedírselo.

Ha sido un día plácido que nos ha brindado justo lo que esperábamos: un reencuentro con Yosemite en el que el parque nos ha ofrecido su cara más amable. La de mañana también será digna de ver, pero requerirá algo más de esfuerzo por nuestra parte. Nuestras piernas empiezan a mentalizarse de lo que les espera mañana. Llega el Panorama Trail.