Hverfjall ya nunca más fue un enemigo

Día 2 | 2 de septiembre de 2017

Mapa de la etapa 2

Pasamos el trago. La primera noche embutidos en nuestros sacos de dormir y sin mucha libertad de movimiento por las reducidas dimensiones de nuestra Happy Ex 1 ya es historia. Y la verdad es, que una vez conciliado un sueño que no fue muy difícil alcanzar por el déficit de descanso acumulado, fue una noche más plácida de lo esperado. Los sacos de dormir, con capacidad para mantener el calor en temperaturas de 10 grados o superiores, han cometido su función y nos han mantenido en relativo confort. Y la furgoneta, resguardada gracias a los árboles del camping de un fuerte viento que podíamos escuchar desde dentro, no se ha movido ni un ápice.

Primera noche superada

Volvemos a convertir el dormitorio en salón comedor -igual de traumático que el proceso inverso- y nos disponemos a desayunar… descubriendo para nuestra desgracia que los alimentos de la nevera, pese a haberla dejado apagada toda la noche, todavía no se han descongelado del todo. Volvemos a improvisar, y la limitada leche ya de nuevo líquida junto a unos cereales que recogimos ayer en la “Green Zone” de Happy Campers en la que los que se marchan dejan sus sobras para los que llegan, salimos del apuro. Echamos un ojo a la previsión y las cosas no pintan bien. Nuestro plan de hoy, que comprende pasar por la catarata de Godafoss para terminar en varios de los puntos de interés alrededor del lago Myvatn, va de la mano de un testarudo banco de nubes que parece decidido a acompañarnos con lluvia durante toda la jornada.

Salimos al exterior para ir al baño antes de ponernos en marcha, y disfrutamos de los paisajes alrededor del camping ahora que podemos hacerlo con mucha más luz natural que a nuestra llegada. Como prácticamente toda la superficie de Islandia, son impresionantes. Los baños del campamento están perfectamente cuidados en el interior del pequeño cobertizo con fregaderos en el exterior, así que otro punto a favor para recomendarlo.

Con la remota esperanza de ir siempre varios kilómetros por delante de la tormenta, retomamos enseguida la Carretera 1 en dirección Akureyri. Antes de alcanzar nuestra primera parada tenemos que hacer nuestra segunda parada para repostar, esta vez llenando el depósito con otras 7000 coronas. Entre ayer y hoy ya se han ido casi 100 euros en combustible… sabíamos que los primeros días iban a ser los de mayor distancia al volante y mayor consumo de gasolina, pero no por ello deja de doler.

Huyendo de la tempestad

Llegamos a los varios aparcamientos junto a la catarata de Godafoss, una de las más populares del lateral norte de Islandia y que en su día no pudimos disfrutar todo cuanto queríamos por la climatología adversa. Esta vez, contra pronóstico viendo lo que se acercaba por el retrovisor del coche, nuestros primeros pasos junto a ella vienen acompañado de un cielo benevolente del que todavía no cae un chaparrón. Sufrimos eso sí de la creciente popularidad de Islandia como destino turístico, coincidiendo a nuestra llegada con varios autocares de excursiones organizadas de los que se apean cientos de turistas de esos que se te cruzan te pongas donde te pongas intentando tirar una foto.

Y entonces, Godafoss
Si hay que elegir un lateral, preferimos este

Bajamos hasta la orilla del lateral izquierdo de la catarata, esa que permite acercarse todo lo posible hacia su caída y el spray que el agua genera. Al principio es impracticable debido a la cantidad de gente que ha tenido la misma idea, pero cuando tras unos minutos los autocares empiezan a prepararse para su próximo destino, nos quedamos prácticamente solos. Esta vez disfrutamos mucho más de la belleza de Godafoss y su media circunferencia a lo largo de la cual cae un notable caudal de agua. Sobrevuela nuestras cabezas un dron que a buen seguro está registrando unas imágenes impactantes. Las que obtenemos nosotros al abandonar la orilla y asomarnos al mirador elevado izquierdo quizás no sean tan buenas, pero son más que suficientes. El cielo aguanta hasta que decidimos dar por finalizada la visita, así que otra misión cumplida. Próxima parada: Myvatn.

El durante...
... y el después
Solo un dron puede mejorar la vista

La ventaja que habíamos tomado respecto a la tormenta se pierde con el tiempo que hemos invertido en Godafoss, así que cuando llegamos a Myvatn el panorama es muy diferente. Una lluvia todavía no torrencial pero con visos de serlo cae de un cielo totalmente cubierto que ha provocado que se haga de noche. Siendo absurdo pararse en ninguno de los puntos paisajísticos que traemos apuntados, pasamos directamente al asunto del almuerzo aprovechando que ya hemos superado el mediodía. Y estando en Myvatn, teníamos claro entre qué dos opciones repetir comida: o íbamos a la pizzería “Daddi’s Pizza” junto al que fue nuestro camping durante tres noches la pasada ocasión, o volvíamos al algo más caro “Vogafjos Restaurant” ubicado pared con pared junto a la granja y los corrales en los que duermen las terneras que nos hacen la boca agua. Empujados por la invitación que a miles de kilómetros de distancia nos regala mi madre, nos decidimos por lo segundo.

¡Comamos!

Vogafjos no decepciona. L no duda ni un instante en repetir el plato de cordero que recuerda de la primera vez, y yo me debato entre imitarla, repetir el “Islandia en un plato” que reúne varios ingredientes típicos como salmón o yogur skyr, o probar la hamburguesa del local. Acaba ganando lo tercero. Lo acompañamos los dos con una cerveza negra del país, y el conjunto es un almuerzo perfecto. Pero no barato: 10.750 coronas que tras el cambio de divisa pasan a ser unos nada desdeñables 86 euros.

La hamburguesa está bien...
... pero nada supera al cordero

Con el estómago lleno, nos asomamos unos instantes al establo en el que varias vacas han entrado tras un paseo al aire libre mientras estábamos comiendo. Mientras tanto, el exterior presenta un cielo prácticamente idéntica al de nuestra llegada, cubierto por nubes y acompañando a una falta de visibilidad que hace impensable cualquier visita de exterior. Decidimos ir acercándonos hasta el aparcamiento de Vindbelgjarfjall, una cima de algo más de 500 metros situada en el extremo noroeste del lago y que promete -si el tiempo finalmente acompaña- vistas a toda la región.

Quizás tenerlas pared con pared con el comedor sea un poco... cruel

No hay suerte. Pasamos alrededor de una hora esperando en el interior de nuestra camper, consultando periódicamente las aplicaciones del servicio meteorológico y de las imágenes en tiempo real del mapa de precipitaciones. Dicho mapa muestra como la gran mancha roja sobre nuestras cabezas se va desplazando, pero le siguen otras naranjas y amarillas que prometen seguir brindando nubes bajas y poca visibilidad durante un buen rato. En otras palabras: nada de subir a la montaña. Nos planteamos reimaginar la tarde con una segunda visita a los Myvatn Nature Baths, unos baños termales que ya disfrutamos en nuestra ocasión anterior. Sin embargo la pérdida de intensidad en la lluvia nos hace renunciar al notable desembolso que supondría ir a los baños y en su lugar repetir también otra experiencia de 2015: la del cráter de Hverfjall al que nos dirigimos confiando en que sea todavía transitable pese a las horas acumuladas de lluvia. Y lo es… tras superar con algunos apuros los dos kilómetros de carretera en pésimo estado que lo separan de la vía principal que rodea Myvatn. Encontramos en el aparcamiento junto al ascenso al cráter un flamante nuevo edificio de baños que antes no estaba ahí. 200 coronas cuesta aliviarse antes de comenzar a ascender.

Nuestra historia con Hverfjall fue digna de un capítulo para ella sola en nuestro diario de 2015. En el primer intento de subirlo, Myvatn nos estaba esperando con uno de los mayores temporales de viento que los dos hemos vivido jamás. Tras coronar la cresta del cráter y caminar unos pocos pasos, no tuvimos más remedio que deshacer los pasos a toda prisa cuando los golpes de viento literalmente nos empujaban hacia el precipicio pese a clavar los pies con fuerza al suelo. 24 horas después, un tiempo más benevolente nos permitió visitar su perímetro ya en condiciones mucho más seguras, pero el desajuste que provocó este segundo intento en nuestra agenda hizo imposible plantearse darle la vuelta completa como hubiéramos querido.

Esta vez quizás podamos cumplir esa misión. Cuando salimos del coche la lluvia ya empieza a bajar a niveles muy aceptables, y el mayor inconveniente pasa a ser la nube de pequeñas moscas tan característica de Myvatn -cuando no hace viento- y que te impide abrir siquiera la boca sin que alguna de ellas intente hacerte una visita interior. L sabe sobrellevarlo equipándose de una mosquitera que compramos para aquella primera ocasión, pero yo olvidé meterla en el equipaje y debo bailar sevillanas mientras asciendo para aliviar en la medida de lo posible las molestias provocadas por los insectos.

Llegamos arriba. Sin aliento por la fuerte pendiente que va cada vez a peor, pero llegamos. Afortunadamente y tras recuperar el aire durante un par de minutos, en lo alto de la cresta la densidad de insectos es mucho menor y la lluvia es ya casi anecdótica. Incluso el cielo empieza a ganar algo de claridad, momento perfecto para comenzar a caminar, por ahora sin pretensiones de realizar la vuelta completa, hacia la derecha según hemos ascendido. A nuestra izquierda queda la oscura cavidad de un kilómetro de diámetro donde hace 2500 años el volcán latente erupcionaba, y a nuestra derecha el lago Myvatn comienza a ser poco a poco visible de costa a costa.

Volvemos a encontrarnos, Hverfjall

Nuestro recorrido por el perímetro llega a la antesala del punto más alto de la cresta. Estamos aproximadamente en el primer tercio de la vuelta completa, así que es el momento de decidir si hacer el recorrido entero para que el nuevo ascenso merezca la pena o por el contrario es mejor dar media vuelta y regresar por donde hemos venido. Decidimos que esta tercera va a ser la vencida, y seguimos adelante. Desde aquí arriba, ya totalmente solos tras coincidir con alrededor de 10 o 12 personas a nuestra llegada a la cresta, el cráter interior tiene un ángulo no tan vistoso como en el inicio del recorrido. Lo mejor de llegar hasta aquí son las vistas al horizonte en el extremo opuesto a nuestra llegada, donde una vasta superficie empieza con tonos negros y va ganando claridad hasta los amarillos que se pierden en el infinito.

Alcanzando la cresta
A mitad del recorrido

El último tercio de la vuelta al perímetro viene acompañada por vistas hacia la caldera volcánica de Krafla, cuyas columnas de vapor se mezclan con las que, sabiendo donde mirar, nacen de los baños termales que nos habíamos planteado revisitar. Los colores entre el amarillo y el verde de las colinas de este lado recuerdan a las que hemos visto en fotografías de Laugahraun, el campo de lava que esperamos visitar en los últimos días de nuestro viaje si las circunstancias lo permiten. Completamos la misión de dar la vuelta completa a las 19:00, momento en el que comenzamos a descender y volver a sufrir inmediatamente de las pesadas y diminutas moscas de Myvatn.

Myvatn, ahora mucho más visible
Los baños naturales rodeados de calderas
Vindbelgjarfjall tampoco será esta vez

Para esta noche no tenemos mucho que meditar. Myvatn tiene varios campings repartidos por el norte y el este del lago, pero ya conocemos uno cuyas instalaciones pudimos confirmar como bien mantenidas y suficientes en nuestra visita anterior. Seguimos las señales hasta la pizzería de Daddi’s Pizza, negocio conjunto al “Vogar Camping Ground” que por 3500 coronas -500 más que la última vez…- nos permitirá pasar la noche en una de sus grandes extensiones de césped y utilizar las instalaciones de baños y duchas.

A diferencia de hace dos años esta vez no debemos tramitar la reserva en el mostrador de la pizzería, ya que han levantado una pequeña cabaña que hace las veces de recepción del campamento. Junto a la noche nos obsequian con un 15% de descuento en la pizzería, pero con un gasto considerable en comida ya hemos tenido suficiente por hoy. Turno de encontrar un rincón apartado y bien nivelado para aparcar la furgoneta antes de utilizar una de las dos duchas disponibles, con ese agua calentada gracias a la energía geotérmica y que viene acompañada de un aroma a huevos podridos que con el uso deja de resultar molesto. Aprovechamos los enchufes de los baños para cargar nuestros móviles y así no malgastar las dos baterías externas para emergencias que llevamos con nosotros.

Regresamos a nuestro vehículo y tenemos como vecina a una furgoneta Happy Ex 2 como la que conducimos en su día. No solo eso.. tras comparar su matrícula con la de nuestras fotos, es ¡exactamente! la misma con la que recorrimos el país hace dos años. Como asustada por nuestro entusiasmo, a los pocos minutos arranca y se mueve hacia otra zona del camping, precisamente la misma en la que pasamos la primera de nuestras tres primeras noches en Myvatn cuando íbamos a bordo de ella. Quizás hayamos viajado atrás en el tiempo y estemos viéndonos a nosotros mismos…

Al fondo a mano derecha, una vieja conocida

Terminamos el día con una cena basada en lo que trajimos desde casa: una sopa de sobre y un “pamboli” mallorquín de queso y sobrasada sobre rebanadas de pan moreno. A las 22:00 ya tenemos el dormitorio montado, un trago algo menos traumático que durante la primera vez pero al que todavía nos estamos acostumbrando. El cielo ya empieza a ser suficientemente oscuro como para permitir ver auroras boreales, pero el bajo “Índice KP” pronosticado para hoy -2 de un máximo de 9- nos hace pensar que esta noche no se repetirá el espectáculo de luces verdes que este mismo camping nos brindó tiempo atrás.