Hyde Park, Camden Market y las vistas desde el Sky Garden

Día 4 | 10 de diciembre de 2015

Mapa de la etapa 4

Empieza sin ninguna prisa este jueves, tercer día completo que pasaremos descubriendo las bondades de Londres. Tras cubrir nuevamente el trámite del desayuno nos echamos a la calle a las 8:45 combinando líneas de metro hasta alcanzar la estación de Queensway que nos deja a una distancia perfecta para comenzar el día visitando los parques contiguos de Kensington Gardens y Hyde Park. Por ahora nos da los buenos días un cielo con nubes y claros y una temperatura más agradable que la de ayer a estas mismas horas. Comenzamos el recorrido de los parques por la esquina noroeste, esta es, la más cercana al Kensington Palace.

Buenos días, Londres (vistas desde la habitación)

Los primeros metros recorriendo los Jardines de Kensington son muy abiertos, solo desmejorados por un día gris que evita que el césped luzca todo lo que debería. Ciclistas y perros nos acompañan en el camino hasta el Round Pond, un gran estanque frente al que se encuentra la fachada principal del palacio. Por buscar un equivalente, estaríamos hablando de una versión inglesa del Palacio Real de Aranjuez: una construcción que antaño fue empleada como residencia habitual de la realeza y que ahora se abre al público para poder visitar sus ostentosos interiores. Para hacerlo el precio es de 16,5 libras por persona, si bien queda incluido en la promoción de “2 por 1” del National Rail. Ahora que estamos frente a él, lo que vemos desde fuera es un edificio mucho más discreto y desangelado de lo que esperábamos y eso nos hace prescindir de visitar sus interiores en favor de pasar más tiempo merodeando el parque. Y es que junto al estanque tenemos un auténtico ejército de gaviotas, cisnes y, sobre todo, patos y gansos que no parecen dejarse intimidar por los turistas acercándose y prácticamente comiendo de su mano.

Paseando por Kensington
Uno de los accesos al Palacio de Kensington
Los más madrugadores ya pasean sus mascotas
Desayunando a costa de los turistas
Posando para la foto
¿Qué llevas ahí?

Los Jardines de Kensington constituyen la mitad más occidental de este gran pulmón verde al noroeste de la ciudad. La mitad oriental, separada de ellos por una carretera, es el popular Hyde Park protagonista de muchos conciertos a lo largo de los años. Nuestra intención es visitar ambos parques de izquierda a derecha, y mientras estamos cumpliendo ese propósito nos encontramos un cartel indicando que si viramos a nuestra derecha nos toparemos con el teatro del Royal Albert Hall. Como se trata de un edificio muy característico y que nos apetece poder contemplar seguimos las indicaciones y no tardamos en dar con él. Lo rodeamos y disfrutamos de su circular fachada teñida de tonos rojizos y la larga escalera que le separa del Royal College of Music.

The Albert Memorial, frente al Royal Albert Hall
Royal College of Music, aquí hay talento
¿Soy el único que piensa en las Spice Girls subiendo peldaños?

Decidimos buscar un Starbucks cercano para hacer una parada de avituallamiento. El que menos nos aleja de nuestra ruta se encuentra a aproximadamente 15 minutos a pie y nos obliga a caminar por las calles de lo que parece ser la zona de mayor concentración de embajadas de Londres. Pasamos junto a varias estaciones del sistema de alquiler de bicicletas patrocinado por el Banco Santander en el que según las instrucciones es posible alquilar una de ellas durante todo el día por la escasa cantidad de dos libras. Si siguiéramos disfrutando un día soleado como el de ayer y la lluvia no pareciese inminente probablemente nos hubiéramos animado a alquilarlas.

Tras reponer las reservas de cafeína deshacemos nuestros pasos para regresar al parque. Entramos ahora ya en la mitad correspondiente a Hyde Park y justo en ese momento la lluvia finalmente aparece y nos obliga a ser más selectivos con las paradas. No queremos dejar pasar la oportunidad de visitar el homenaje a Diana de Gales convenientemente ubicado cerca de nuestra posición actual al sur del parque. El memorial en honor a la fallecida Lady Di consiste en dos canales divergentes de granito por los que desciende el agua hasta volver a encontrarse en su destino final. En uno de ellos el agua fluye tranquilamente sin obstáculos. En el otro el agua encuentra múltiples obstáculos que simbolizan la tormentosa vida de la princesa.

Recordando a Lady Di

El silencio del lugar combina a la perfección con el sonido del agua fluyendo, creando un ambiente agradable y relajante. Solo una pandilla de patos amenaza con crear escándalo, aunque finalmente se conforman con remojar los picos y patas en las aguas de la fuente.

¡Nuevos amigos!
Pero, ¿a dónde váis?
A esto iban...

Seguimos nuestro recorrido por Hyde Park bordeando el Lago Serpentine que atraviesa el parque en diagonal. A lo largo de él la fauna local disfruta del descanso que otorga la escasa afluencia de público. Nos sorprende encontrar un tramo en el que las aguas están delimitadas por boyas y se anuncia una piscina pública, y es que cuesta creer que alguien quiera bañarse en unas aguas claramente afectadas por la discutible higiene de patos y derivados. Debo entender que en temporada de baño consiguen aislar las aguas para que se mantengan limpias, ya que de lo contrario a simple vista introducirse en ellas parece un riesgo para la salud.

Fauna y más fauna

Según nos acercamos al extremo más oriental del lago divisamos a lo lejos una noria y una atracción de caída libre. Decidimos dirigirnos hacia ellas, caminando así hasta la esquina noreste del parque. Lo que encontramos allí es Winter Wonderland, el parque de atracciones que se levanta en Hyde Park desde finales de noviembre hasta inicios de enero con motivo de las fiestas navideñas. Paseamos junto a montañas rusas, casas encantadas y por supuesto decenas y decenas de puestos de comida para todos los gustos. El despliegue del ayuntamiento para entretener a pequeños y mayores durante las fiestas es envidiable. Nuestro recorrido a través de las atracciones nos lleva hasta la esquina de Marble Arch, donde la estación de metro y un transbordo comunicando la línea roja con la negra nos permite llegar a la zona de Candem cuando pasan las 12:30.

Una de las entradas a Winter Wonderland
Chucherías...
... y atracciones

Camden Town es un barrio londinense conocido por su ambiente festivo, consecuencia de ser lugar de peregrinación habitual de la cultura alternativa. Sus calles las copan tiendas de ropa, tatuajes y piercings, y caminando hacia el norte ofrece a sus visitantes el Camden Market, un mercado callejero y visita fija en la agenda de todos los turistas. Aprovechando que no parece haber mucha gente esperando su turno, decidimos comer primero en un Kentucky Fried Chicken cercano a la estación de metro antes de reemprender la marcha. Aunque disfrutemos la comida (un burrito y una ración de pollo con patatas y bebida por 10 libras), en esta zona es preferible aprovechar los apetecibles puestos de comida del mercado, tal y como descubriríamos unos minutos después.

Camden High Street
Tiendas de ropa, souvenirs y alguna artesanía
Bastante ambiente en Camden Town

No invertimos demasiado tiempo en las tiendas de Camden High Street, la vía principal por la transitan los turistas. Preferimos perdernos por los pasillos que los puestos callejeros forman en la esplanada del Camden Market, y pese a haber acabado de comer nos gustaría probarlo todo. Decidimos desde este momento que volveremos más adelante con efectivo en el bolsillo. Disfrutamos también de algunas de las tiendas de cuadros artesanales que aprovechan el perímetro del mercado y lamento la falta de espacio en el equipaje para poder llevarme alguno de los grabados artesanales con motivos de series de televisión y películas.

Callejones junto al río
Bajo esos toldos, mil cosas que queremos comer
Cyberdog, un paraíso hortera en el que curiosear mucho y comprar poco

El tiempo ha pasado volando disfrutando de Camden y son ya las 14:30 cuando regresamos a la estación de metro tras mucho caminar. Nos espera ahora un cambio radical de paisaje, ya que tras seis paradas de la línea negra hacia el norte nos apeamos en la estación de Bank y aparecemos en la calle rodeados de edificios de negocios y rascacielos. Uno de ellos es el 20 de Fenchurch Street que destaca por su forma curvada. Y hacia allí nos dirigimos con la intención de subir hasta lo más alto, donde nos espera el Sky Garden.

El Sky Garden, desde abajo

Reciben el nombre de “Sky Garden” las tres últimas plantas de este alto edificio situado en el litoral norte del Támesis y cercano a la Torre de Londres. Inauguradas en enero de 2015, en su interior espera un pomposo bar restaurante, unos jardines interiores y, lo que más nos interesa, un prometedor mirador de la ciudad desde las alturas. La parte más atractiva es que visitarlo es gratis y solo requiere haber reservado previamente turno en su página web. Así lo hicimos, pero antes de poder acceder a las alturas nos espera una importante cola de gente esperando el momento en el que pasar el control de seguridad con arco incluído. Traemos impresa nuestra reserva pero no hubiera sido necesario: con mostrarla en la pantalla del teléfono móvil hubiera bastado ya que los empleados se limitan a escanear el código de barras.

El abarrotado ascensor nos deja en la planta 35 desde cuyas puertas ya podemos percibir el ambiente sofísticado del bar restaurante. Mucha gente trajeada parece venir aquí para tomarse la copa de después del trabajo. Atravesamos las mesas sin molestarnos siquiera en consultar los precios y enseguida estamos en la terraza exterior con Londres a nuestros pies.

El Sky Garden, desde arriba

Si bien la ubicación del Sky Garden queda demasiado apartada del Big Ben y el Parlamento como para verlos con detalle desde el mirador, las vistas no desmerecen. Tenemos una visión de 180 grados que incluye la Catedral de San Pablo, el rascacielos de The Shard, los tejados del Borough Market, el Puente de la Torre y todo el recinto de la Torre de Londres. El único pero es la sucia mampara de metacrilato instalada por motivos de seguridad y que penaliza gravemente las fotografías. No obstante las vistas siguen siendo espectaculares y, tal y como habíamos previsto, ver cómo atardece gradualmente y la ciudad se ilumina es un espectáculo digno de ver.

Esto es lo que está mirando toda esa gente
Al oeste, la Catedral de San Pablo
Al este, el Puente de la Torre

Tras regresar al interior todavía nos queda disfrutar durante unos minutos de los jardines interiores. Se trata de dos plantas adicionales amenizadas con plantas y arbustos que, sumados a la conexión a Internet gratuita y los bancos disponibles en la zona más elevada son un lugar perfecto para sentarnos durante unos minutos. En el punto más alto de los jardines y mirando en dirección opuesta al mirador principal existe otra vista panorámica, en esta ocasión a la zona financiera de la ciudad. La estructura más reconocible es The Gherkin (nombre popular que se traduce como "El pepinillo"), un edificio de 180 metros de altura y formas suavizadas que inevitablemente recuerda a la Torre Agbar de Barcelona.

El bar del Sky Garden y el acceso al mirador
Un último vistazo antes de marcharnos

De camino al hotel decidimos separarnos durante un rato. Mientras L está deseando llegar al cuarto para descalzarse y echarse en la cama, yo todavía conservo fuerzas para hacer una segunda visita a la tienda de Forbidden Planet, esta vez para recorrer sus estanterías con más calma sin las urgencias del primer día. Me bajo en la céntrica estación de Tottenham Court Road y antes de alcanzar el templo friki me detengo unos instantes en el enorme Primark disponible a escasos metros.

Salgo del segundo recorrido por Forbidden Planet con las manos vacías pero habiendo disfrutado otra vez del enorme catálogo de figuras y artículos de merchandising de la mayoría de mis ficciones favoritas. Anuncian por megafonía que en 30 minutos visitará el local Noel Clarke para atender preguntas y firmar libros. Noel Clarke es el actor británico que interpretó a Mickey Smith en las primeras temporadas de la era moderna de Doctor Who. De haber coincidido me hubiera hecho gracia verle, pero el cansancio y el no tenerle tanto apego al personaje hacen que en lugar de esperar prefiera dar por cerrada la jornada y regresar al hotel.

500 libras... pero es que es Boba Fett

Cuando llego a la habitación L ya ha investigado como solo ella sabe hacerlo y tiene claro qué vamos a cenar hoy. A unos diez minutos del hotel se encuentra la pizzería ICCO, local con muy buenas opiniones en las redes sociales y unos precios aceptables para los estándares londinenses. Tras una merecida ducha vuelvo a salir a la calle para hacer el pedido en el propio local. Me encuentro con un comedor hasta arriba de comensales en el que tras hacer mi pedido debo esperar durante unos 20 minutos hasta que el buzzer que me han entregado se activa para hacerme saber que las pizzas están listas para recoger. Dos pizzas medianas por 13 libras con masa fina y que, ya de nuevo en la habitación, aprueban con nota.

Tengo que hacerlo. Lo de la pizzería ICCO está... icco.

Solo queda el entretenimiento digital de rigor antes de dar por concluída la jornada. Primero presenciando el momento “WTF” de la segunda temporada de Fargo y luego con un nuevo capítulo de You’re The Worst. Apagamos las luces de la habitación temprano con el ruido del viento acompañándonos una noche más en nuestro descanso.