Las Vegas: Fashion Outlets en Primm

Día 16 | 11 de septiembre de 2014

Mapa de la etapa 16

11 de septiembre. Una fecha llena de significado para muchos. Para unos, algo lejos de aquí, el día señalado para manifestar sus deseos de independencia en las redes sociales. Pero aquí lo que manda es recordar el golpe moral y las víctimas que conllevaron ciertos atentados contra ciertas torres. Para nosotros es otro día más, el último completo de nuestro viaje, y la última oportunidad de vivir la experiencia de Las Vegas. Vale, y también el día en el que L pueda resarcirse del desengaño consumista que supuso la ronda de centros comerciales de hace dos jornadas.

Mientras nos desperezamos, los canales deportivos siguen hablando de un solo tema: la grabación en video que delata los malos tratos de un jugador de fútbol americano a su mujer, el despido por parte de su equipo, y por qué la NFL ha tardado tanto en dictaminar su expulsión de por vida de la competición. Se suceden los testimonios de gente sensibilizada con la violencia doméstica y llama la atención que parezcan sorprendidos ante esta realidad. En España se ha abusado tanto del tema en los medios de ello que se acerca peligrosamente a dejar de ser noticia.

Son las 8:00 cuando salimos de la habitación 2878, nuevamente para encontrarnos con esta versión particular del Muro de Poniente gracias al aire acondicionado de las zonas comunes. Nos tomamos sendos estupendos Caramel Macchiato en el pequeño Starbucks junto al vestíbulo de nuestros ascensores. Lo hacemos así para evitar salir a la calle y sufrir el calor y la distancia a cualquiera de los otros Starbucks disponibles ya sea en el Planet Hollywood, el Flamingo o el Treasure Island. Ahorrarnos ese paseo nos cuesta el sobreprecio de los Starbucks del Caesars Palace, pero lo preferimos. Eso no significa que los 18 dólares por las dos bebidas y un mediocre pastel de café no duelan de todos modos. Subimos de nuevo a la habitación para lavarnos los dientes y que L se cambie y ponga en remojo la camiseta que lleva puesta, ya que ha decidido probar qué tal le sentaba echarle un poco de café por encima.

Hacemos tiempo tumbados en la cama hasta que pasan las 8:30. Tras concederle reposo durante un día completo, regresamos a nuestro coche en la cuarta planta del aparcamiento tras atravesar nuevamente de punta a punta todas las tentaciones en forma de luces y mesas del casino. En ese camino, cambiamos a una amable dependienta cinco dólares en pesadas monedas de 25, 10, 5 y 1 centavo a cambio de un único y ligero billete. Nos esperan 42 minutos rumbo al sur hasta nuestro destino de hoy.

Es extraño que el David esté en una zona de paso poco concurrida

Tal y como contamos en la crónica de hace dos jornadas, la etapa consumista visitando los centros de Premium Outlets a norte y sur del Strip no resultaron tan satisfactorias como L esperaba. La falta de ofertas y, sobre todo, la ausencia de estilos de ropa que ella andaba buscando, provocaron que su armario no creciera tanto como tenía previsto. Por ese motivo hoy entra en juego nuestro plan de contingencia, que consiste en viajar hasta los Fashion Outlet en la ciudad de Primm, justo en la frontera entre los estados de Nevada y California. La recomendación recibida para visitar estos locales se basa en el hecho de que, además de estar mucho menos concurridos debido a la distancia, aprovechando según qué ofertas pueden encontrarse precios incluso más atractivos que en los outlets anteriores.

Aprovechamos el paso por el extremo sur del Strip para hacer algunas fotos desde el coche a los casinos de este tramo, en especial el New York New York y la pirámide del Luxor. Era nuestra intención dejarnos caer por ellos en algún momento e incluso disfrutar tanto la montaña rusa neoyorkina como la exposición "Bodies" de cuerpos y órganos humanos que tiene lugar en la pirámide, pero la falta de tiempo y energías para soportar la distancia y el calor hasta ellos ponen ese plan en peligro. Seguimos con nuestra marcha y tras superar el famoso cartel de "Welcome to Las Vegas" abandonamos por unas horas la ciudad del pecado rumbo al sur.

Cruzando Nueva York al volante
Esa montaña rusa...
La pirámide del Luxor

Tras poco más de 40 minutos en carretera y atravesando un auténtico desierto solo interrumpido por un par de aislados casinos, alcanzamos Primm. Y lo de la frontera entre Nevada y California no era un decir: está justo antes de llegar a ella, acompañada de otro gran complejo de hoteles y casinos rodeado por una notable montaña rusa.

Viva nuestro conductor, conductor, conductor...

Estamos listos para salir del coche a las 9:50, diez minutos antes de que las tiendas abran sus puertas. Aprovechamos ese margen para entrar en la oficina de turismo de Nevada aquí habilitada, y en ella nos entregan un mapa del outlet e indicaciones para llegar hasta el mostrador de atención al consumidor en el que podemos conseguir una tarjeta que nos proporcionará más descuentos por el hecho de ser visitantes extranjeros. Para los locales, la tarjeta en cuestión tiene un coste de cinco dólares. Es frecuente en Estados Unidos encontrar este tipo de reclamos para atraer el turismo de consumo.

El wifi oficial es de pago, solicitando 5 dólares por 24 horas de conexión. Solo conseguimos conectarnos por aquí y por allá durante toda la mañana gracias a puntos abiertos correspondientes a algunas tiendas. Llegamos al mentado mostrador y una empleada oriental casi nos arroja la "Green Card" a la cara mientras le mantiene ocupada otro turista oriental que, para variar, parece más perdido que... que... que cualquier turista oriental, vaya.

A petición de L, nuestro tour de hoy vuelve a comenzar con Tommy Hilfiger como protagonista. Ya aquí empieza a compensar sus desengaños previos: mientras yo solo cargo a la bolsa unos pantalones cortos, ella añade otros para ella además de unos tejanos, dos packs de calcetines y una cálida cazadora para el invierno. Toda la cesta alcanza los 150 dólares tras aplicar el 10% de descuento que nos proporciona la tarjeta verde.

La tienda para nosotros solos

Pasamos a Calvin Klein, donde me enamoro -y ella también- de una cazadora cara, pero cuyo precio original ayuda a replantearse. 200 dólares en la etiqueta, 100 dólares en la tienda, 90 si aplicamos el 10% de la tarjeta verde. Pese a ello, termino devolviéndola a su perchero, me asusta gastar tantísimo dinero en una sola prenda. Seguimos el camino por Levi's Outlet Store y Polo Ralph Lauren, de donde salimos con las manos vacías. Y entonces llega Gap Factory Outlet para que la mueca en la cara de L desaparezca por completo y se sienta al fin satisfecha con sus compras. Se adueña de unos tejanos, dos camisas y un suéter. Yo solo añado a la cuenta una de las típicas sudaderas, que solo cuestan 16 dólares y siendo de talla M puedo sustituir por una L que conservo en casa y ya me va grande se mire por donde se mire. Tras el 10% aplicable para compras superiores a 75 dólares, el ticket refleja un precio de 140 dólares.

Como siempre, la música de las tiendas de moda estadounidenses va mucho más acorde a nuestros gustos que en las de España. Nos acompañan durante la mañana Franz Ferdinand, Mumford & Sons e incluso una versión desconocida de Dragostea Din Tei que mejora a la original.

Llega el turno de uno de mis platos fuertes, Aeropostale. Y aunque soy conservador en la sección de tejanos por estar ya servido tras la compra de dos días atrás, no me reprimo en absoluto. Me llevo hasta cinco prendas superiores al combinar sudaderas, suéteres, camisas y camisetas, y tras descontar diez dólares del total pago unos 50 dólares muy sorprendentes para tan maña compra.

En Nike encuentro al fin algo que se me estaba atascando: unos pantalones cortos informales en la línea de los que he ido usando a lo largo del viaje. El precio de 31 dólares más tasas es algo elevado, pero con lo que me ha costado dar con ellos acabo llevándomelos. Pasamos por un Food Court que nos recuerda que la hora de comer anda cerca y damos por terminado este "bonus track" consumista. L por fin se quita el mal sabor de la boca y a mí solo me ha faltado añadir algún bañador a la lista y haber encontrado pantalones cortos más económicos.

Podríamos comer aquí... pero no

Tres horas después de nuestra llegada, abandonamos Primm de regreso al norte acompañados por unos 34 grados centígrados que nos obligan a poner en marcha el aire acondicionado del coche. Pasamos de nuevo junto a la enorme montaña rusa que parece inactiva, lo cual ayuda a no sentir la tentación de hacer una parada imprevista. A diez minutos de alcanzar el Strip, repostamos por última vez unos míseros 5 dólares que nos den garantías de que llegaremos hoy al hotel y mañana al aeropuerto sin renunciar nunca al necesario aire acondicionado. El precio del galón de combustible es de 3,59 dólares, y mientras permanecemos en la gasolinera a las 13:50 un ejército de autobuses escolares inicia su marcha desde un aparcamiento cercano. Los niños de Nevada deben salir de clase a las 14:00.

Precisamente a esa hora llegamos a nuestra cita de hoy para llenar el estómago: Peppermill Diner. Situado en la zona norte del Strip y a un puñado de metros de la carpa del Circus Circus, este local ha ganado fama en España gracias a su aparición en el reality show de Alaska y Mario. En una serie de capítulos de la MTV dedicados a su viaje por la costa oeste, la pareja y sus estrafalarios acompañantes hicieron una parada en este local que representa lo más clásico y hortera de Las Vegas. Pero también viene acompañado por el atractivo de raciones grandes y económicas de algunos típicos platos estadounidenses.

Hortera
Muy hortera

Nos perdemos por el menú, que en un párrafo dedicado a las apariciones mediáticas del local ya menciona a MTV Spain, y nos decidimos por compartir un cóctel de gambas y un costillar de cerdo a la barbacoa. Puede que se trate de nuestras últimas "BBQ Ribs" del viaje, un plato que planta cara con todas las de la ley a las inevitables hamburguesas. El cóctel de gambas es... raro, al venir acompañado de una salsa ligeramente picante que nada tiene que ver con la salsa rosa que esperábamos. Pero el plato de costillas es la auténtica estrella y no defrauda. Más que suficiente para nosotros y acompañado de una buena cantidad de patatas fritas y una más modesta pero agradecida ensalada césar, no alcanza la excelencia de las de Applebee's pero desde luego merecen la pena. Lo regamos todo con una Diet Pepsi para L (que no incluyeron en la cuenta, desconozco si por error) y una cerveza Guiness negra para mí. Nos atienden rubias camareras de todas las edades a las que solo faltan los patines y una suerte de encargada ataviada con un vestido negro que enseña... bueno, lo que enseñan los vestidos en Las Vegas. La cuenta final es de 43 dólares a los que añadimos entre el 15 y 20% habitual de propina. Satisfechos.

Alaska y Mario estuvieron aquí
Los últimos ribs...
Por fuera, el Peppermill es más bien sosete

Ya sobre ruedas y rumbo al hotel alcanzamos la bonita cifra de 100 grados Fahrenheit, que traducida a Celsius se queda en unos preocupantes 38 grados centígrados. De nuevo en nuestra habitación, el intento vía telefónica de conseguir que la hora de salida para mañana sea más allá de las 12:00 es en vano, ya que es un servicio por el que también, qué sorpresa, hay que pagar un suplemento. Tampoco ponen demasiadas facilidades para obtener e imprimir la tarjeta de embarque, instándome a utilizar el centro de negocios del casino con unas tarifas absurdas por cada 5 minutos de conexión y por cada hoja impresa. No es ninguna sorpresa que los hoteles de mayor nivel sean también los más propensos a querer cobrarte hasta por respirar. Algo a tener en cuenta al dudar entre hoteles de mayor o menor postín.

Cerca de las 16:00, llega el momento de despedirnos de las piscinas del Garden of the Gods. Decidimos que mañana ya no volveremos a ellas, ya que no habría tiempo suficiente para secar los bañadores antes de meterlos en la maleta. Nos encontramos con más ambiente que ayer, pero la Apollo Pool sigue siendo la más tranquila con diferencia. Pasamos un rato a la sombra y otro al potente sol, y a las 17:15 nos despedimos por última vez de la zona de baño del Caesars Palace.

Es hora de poner sobre la cama todas las compras de hoy y hacer balance, por curiosidad y también para cuadrar quién ha pagado qué. Yo he añadido a mi lista una camisa, una camiseta, dos suéteres, dos pantalones cortos, una sudadera y algo de ropa interior por 126 euros. L ha tirado la casa por la ventana con tres pantalones vaqueros, dos camisas, unos pantalones cortos, un suéter, una cazadora y unos cuantos calcetines por 195 euros. Ha comprado más que yo, y los aproximadamente 50 euros de la cazadora pesan mucho. Tras sumarlo al gasto en ropa de hace dos días, L ha gastado 453 euros y yo 365. En mi opinión yo he comprado más y mejor, pero si ambos estamos contentos, el mundo vive en harmonía.

Nos damos un baño (el penúltimo, pienso despedirme del hidromasaje mañana) zapeando entre el Weather Channel y las reposiciones de The Big Bang Theory. Llega después el temido momento tras un viaje de tantos días y con tantos contrastes de temperatura que requieren traer ropa de todo tipo: hacer las maletas para regresar. El trance nos lleva unos 45 minutos y reservamos espacio en las maletas de mano para algunas de las prendas más pesadas o más valiosas, con la doble intención de aligerar el peso de los bultos a facturar así como evitar que puedan perderse aquellos artículos a los que tenemos mayor cariño.

Salimos por última vez a la noche de Las Vegas. Bueno, en realidad todavía no. Primero cruzamos sin salir al exterior el interior del casino hasta la galería comercial de The Forum Shops, donde con ayuda de la conexión a Internet de la Apple Store hacemos el check-in online de Edelweiss y obtengo el archivo PDF con las tarjetas de embarque de la primera escala. Ya que estamos aquí y en dos minutos comienza, nos quedamos para el espectáculo de Atlantis en una fuente con efectos de luz y fuego. Las tres figuras que ayer solo vimos desde lejos resultan ser tres muñecos y no tres actores reales, lo cual convierte en bastante patético el gentío alrededor de ellos para hacer fotos y más fotos. L quiere quedarse hasta el final y aguantar el bochornoso espectáculo con tal de disfrutar de las llamaradas de fuego, lo poco que merece la pena. Yo prefiero centrarme en observar entre el público a gente haciendo fotografías con sus gigantescos tablets, grabando videos verticales o capturando instantes a dos manos con móvil y cámara Go Pro.

Muñecos. Unos putos muñecos.
A este le faltan manos
El fuego, lo único real del espectáculo
Las galerías de The Forum Shops

Ahora sí que salimos al calor de Las Vegas y nos dirigimos hasta nuestra cena, que es... un postre. A las puertas del Caesars Palace, el Serendipity 3 es un local que además de su salón interior habilita una ventanilla en la que hacer pedidos para llevar o comer en sus terrazas al aire libre. Se encuentre frente a la carpa de Absinthe, un espectáculo de variedades con dos pases por noche al precio de 99$ por persona en su sesión más económica. El Serendipity ofrece en su menú lo más típico de la comida rápida americana: hamburguesas, sándwiches, batidos, helados y así hasta terminar obeso con tan solo leer la carta. Decidimos compartir un "On the Go Banana Split Sundae" que nos cuesta 10 dólares, dos menos que su precio habitual gracias a presentar la tarjeta de Total Rewards. Lo que nos entregan es un alargado tupper con dos grandes bolas de helado -vainilla y chocolate- y un plátano partido por la mitad, todo bañado hasta decir basta de nata, caramelo y varios siropes. Una bomba.

BANANA

Cruzamos a través de una pasarela elevada la Flamingo Road para alcanzar los aledaños del Bellagio y nos quedamos a presenciar hasta cuatro pases seguidos del espectáculo de las fuentes. Para algo gratuito que hay en el Strip, hay que aprovecharlo. Aquí no me separo de la cámara para acabar almacenando fotos y videos de todas las formas y colores. Mi favorito, el tercer pase de las fuentes a ritmo de "The Ecstasy of Gold", la conocida composición de Ennio Morricone para la banda sonora de "El bueno, el feo y el malo". Sonido aparte, el efecto de nubes que consiguen los surtidores en el agua es espectacular.

Agradable antes y después...
... y espectacular durante

Cruzamos la calle y alcanzamos otra vez el Sephora que hay tras el restaurante de Gordon Ramsay en el Planet Hollywood. La cadena de cosméticos es una de las mejores opciones para conectarse a Internet en Las Vegas, siempre que no te importe hacerlo de pie o sentado en el suelo embaldosado frente a sus puertas. A la vuelta, compramos un botellín de aluminio de Bud Light por 5$ en un kiosko a los pies de la Torre Eiffel, sedientos fruto del calor y el azúcar que nos hemos inyectado durante la cena. Volvemos a la acera del Caesars Palace, y abandonamos la noche de la ciudad.

Previo paso por la habitación para copiar la tarjeta de embarque a una tarjeta SD, paso por el mostrador de recepción con la esperanza de que me faciliten la impresión de las tarjetas de embarque. No hay sorpresas: como era de esperar tienen prohibido conectar nada fuera de su control, y lo único que pueden facilitarme es hacer ellos mismos el check-in online, cosa que no me parece muy cómoda. La única alternativa que me dan es pasar mañana por la mañana por el Business Center donde sí puedo conectar mi dispositivo y mandar las tarjetas a la impresora. Pero entre unos y otros cargos, seguramente la broma supere los cinco dólares. Como decía, algo a tener en cuenta al elegir cama en Las Vegas: puede que encuentres un buen precio para un hotel lujoso, pero vendrá acompañado del problema de querer cobrarte hasta por pisar la moqueta. Más vale modesto pero hospitalario, que tan pomposo como roñoso.

Se acerca peligrosamente la medianoche cuando estamos listos para apagar las luces por última vez. Las luces del Bellagio, el Paris y el Planet Hollywood nos dicen adiós desde la ventana, a sabiendas de que probablemente sea la última vez que las veamos, por lo menos, en mucho tiempo. Con dos veces en tres años hemos tenido suficiente Las Vegas por una temporada, y su ubicación no parece invitar a que vuelva a ser una parada intermedia en viajes futuros.

Hasta siempre, Las Vegas

La aventura termina y solo un puñado de horas del día de mañana nos aguardan antes de desplazarnos hasta el aeropuerto. Esta película llega a su fin.