Las Vegas: South & North Common Premium Outlets

Día 14 | 9 de septiembre de 2014

Mapa de la etapa 14

Abrimos los ojos a las 7:00 y tras un par de segundos reconocemos el entorno. Unos metros a la derecha de nuestra cama, el gran ventanal de la habitación nos ofrece unas inmejorables vistas a la mañana de Las Vegas. Esta misma visión, desde la comodidad de la almohada y con la insonorización del grueso cristal, es también una compañía estupenda al conciliar el sueño la noche anterior.

Good morning, Vegas
Siempre hay tráfico en la Flamingo Road...

Nos ponemos en marcha en busca de un buen café y una buena conexión a Internet que compense la ausencia -gratuita- de ella en nuestro hotel. Ambos objetivos se cumplen con una sola acción: encontrar un Starbucks.

El Caesars Palace cuenta con dos pequeños Starbucks en su interior, uno junto al vestíbulo de la Augustus Tower y otro camino del aparcamiento, junto a uno de los restaurantes de Gordon Ramsay. Sin embargo, ya comprobamos ayer a nuestro acelerado paso frente a ellos que ninguno de los dos viene acompañado de un punto de conexión abierto, probablemente para no entrar en disputas con el servicio de pago que ofrece el hotel. Así que nuestros pasos nos llevan irremediablemente al otro lado de la acera, donde tras un paseo más largo de lo esperado llegamos al Flamingo.

El Flamingo fue, hasta prácticamente el último momento, el elegido para nuestras cuatro noches de estancia. Su precio, bastante contenido para tratarse de un hotel situado en plena zona noble del Strip, y sus recientemente renovadas "Habitaciones Go" cuyas fotos y opiniones resultaban prometedoras hacían de él una buena opción. Sin embargo, el miedo a que su tipo de clientela diera lugar a un ambiente más joven, festivo y por ende sus piscinas se convirtieran en una fiesta digna de los "Spring Break" nos hizo mirar a su vecino romano de enfrente con buenos ojos. El hecho de que las piscinas fueran uno de nuestros principales objetivos y las del Caesars Palace tengan tan buena reputación facilitó la decisión.

Son las 8:30 cuando atravesamos la zona de apuestas del casino, incluyendo el espacio de "Apuestas altas" que siempre asocia a la imagen de japoneses trajeados jugandose fortunas. Seguramente en cada apuesta de esa zona haya tanto dinero en juego o más que todo el que llevamos gastado en las dos últimas semanas. Accedemos al fin a la zona exterior de los jardines del Flamingo, en la que el calor del desierto ya empieza a apretar cuando alcanzamos los flamencos que dan nombre e imagen al casino. Su hábitat artificial resulta ser un bonito estanque acompañado de varios pelicanos a los que están alimentando, un buen puñado de patos y unos peces más grandes que mi brazo.

Las ruletas descansan hasta que vuelva el ambiente
Nunca adivinaréis qué animales hay en el Flamingo
Bueno, también se cuela alguno de estos
Inconcebible que el pelicano desayune antes que nosotros
Un agradable rincón de los abarrotados jardines

Vista la fauna local -y no hablo solo de los que hay en el agua-, llegamos al Starbucks del Flamingo. Y aquí, como era de esperar, conseguimos la ansiada conexión a Internet con la que poner al día a la familia y dar señales de vida en las redes sociales. Eso sí, los cafés que pedimos tras superar la larga cola fruto de la hora punta, son caros incluso para el nivel habitual de la franquicia. Más de 12 dólares al sumar el Café Mocha grande de L y mi Frappuccino grande de vainilla, cuando lo normal es que este pedido oscile entre los 8 y 9 dólares. Lo compensamos no pidiendo nada para comer y recurriendo a los bizcochos de plátano que compramos ayer en nuestro último Walmart.

Nuestra salida del Starbucks es por el estrecho bulevar de The Linq, una nueva sección comercial del Strip cuyo principal atractivo es la High Roller, una inmensa noria que pretende competir con el Big Eye de Londres. En sus grandes y de amplios ventanales cabinas caben decenas de personas y hasta una barra de bar. Sin embargo, los precios son excesivos en comparación a otras alternativas para ver Las Vegas desde las alturas, como por ejemplo la réplica de la Torre Eiffel o, ya algo más lejos, la cima del Stratosphere.

Ahí está la High Roller, y en mi cartera está lo que cuesta subir

Tras otro largo paseo primero cruzando la calle y luego por el interior del Caesars Palace, alcanzamos la cuarta planta del aparcamiento donde espera nuestro coche. Empezamos a aprender la lección de que, por lo menos hasta coger el rumbo que dicta el sentido común, es mejor ignorar las indicaciones del GPS al abandonar el casino. Sus indicaciones hacia aparcamientos privados de los hoteles por la parte posterior del Strip nos obliga a perder varios minutos hasta encontrar el modo de poner rumbo al sur.

Viajar a Estados Unidos, aunque prácticamente lo estemos haciendo cada año desde 2007, siempre es sinónimo de renovar el armario. El cambio favorable -no tanto como antaño- de euro a dólar, los bajos impuestos de muchos de los estados y los precios más bajos en marcas norteamericanas de textil lo convierten en el lugar perfecto para darnos un día el capricho y, como si fuéramos protagonistas de Sexo en Nueva York, reservar una jornada completa a entrar y salir de los probadores y sacar brillo a la tarjeta de crédito. Además, normalmente el estilo y moda de la ropa que encontramos aquí va mucho más acorde a nuestros gustos en vestuario que en tiendas de nuestro nivel económico en España.

Dedicar un día al "shopping" de ropa en este país nos lleva irremediablemente a la cadena Premium Outlets. Se trata de una franquicia con grandes superficies repartidas por todo Estados Unidos, algunas más grandes que otras, unas cubiertas y otras descubiertas. Pero con el denominador común de alojar una gran variedad de marcas y atraer las masas hacia ellos con descuentos muy agresivos. Nuestro favorito de siempre ha sido el Woodbury Common Premium Outlets, a una hora al norte de Nueva York. Pero aquí en Las Vegas tenemos la ventaja añadida de contar con dos opciones muy cercanas entre sí y que no requieren de excesivo desplazamiento desde la ciudad: el Las Vegas North Outlet algo más allá del Stratosphere, y el Las Vegas South Outlet en dirección opuesta, justo a continuación de sobrepasar el aeropuerto.

Llegamos al outlet sur poco antes de las 10:00, una hora después de su apertura. Nos dirigimos primero al mostrador de información donde hacernos con un mapa y, presentando un cupón que hemos imprimido como usuarios registrados en la web de la franquicia, nos entregan una lista de descuentos con condiciones que podemos aprovechar en las tiendas. Son ofertas del estilo "10$ por compras superiores a 100$", "15% de descuento a partir de 150$", "Segundo par de zapatos al 50%", etc. Estos descuentos suelen ser compatibles con la rebaja que ya traen de serie todos los artículos, y se complementan con otros vales que hemos imprimido también a través de la web.

De la larga lista de locales -fácilmente 80 o 100- que tenemos a nuestra disposición, tenemos muy claros los 10 o 12 que queremos visitar. Y empezamos por los que tenemos más a mano, como por ejemplo Tommy Hilfiger.

Todavía recordamos la primera vez que entramos en una tienda outlet de Tommy, en la Nueva York del año 2007. Por aquél entonces el euro humillaba al dólar con un cambio de 1,65 -ahora está en torno al 1,30- y los precios de la ropa estaban por los suelos. Ni qué decir tiene que arrasamos, y sin recordar cifras exactas fácilmente pudimos gastarnos 200 o 300 dólares en 15 o 20 artículos de ropa. Desde entonces, el atractivo de sus locales ha ido perdiendo potencia... y hoy esa tendencia continúa. Los precios son más caros de lo esperado y con pobres descuentos. Bañadores por 40 dólares. Polos por 50. Las rebajas de un 20% o 30% son insuficientes para que resulten ofertas tentadoras. Tardamos menos que nunca en abandonar el local, en lo que es el primer fiasco de la jornada.

Nos dividimos ahora para visitar las tiendas de hombre y mujer de Calvin Klein, pero sin intención de comprar nada por ahora. Dado que aquí son independientes, los descuentos y la cantidad mínima a alcanzar para poder disfrutarlos también van por separado. En cambio, en el outlet norte tanto hombre como mujer compran en la misma tienda y pueden pasar a la vez por caja, siendo más probable que alcancemos el mínimo para canjear alguno de los cupones. Traemos muchas esperanzas respecto a lo que encontrar aquí, ya que fue el año pasado cuando por primera vez curioseamos los pasillos de Calvin Klein en Woodbury y nos sorprendió que no era tan absurdamente caro como creíamos debido a la marca. Mis mejores pantalones tejanos hasta la fecha salieron de allí.

Otro descubrimiento del pasado año fue Aeropostale, una franquicia de ropa joven e informal de la que yo me llevé una camisa que adoro y L unos tejanos que con el tiempo han formado parte de su arsenal habitual. Aquí las sensaciones empiezan a mejorar, si bien echo en falta más variedad de camisas y L empieza a tener problemas con los modelos y tallas. Solo me llevo una camiseta por 13 dólares, absteniéndome de comprar tejanos con la mirada puesta en Calvin Klein.

Llegamos a Nike y la moda "runner" ha arrasado con todo, invadiendo la mayor parte de pasillos con calzado y prendas óptimas para correr en cualquier tipo de condiciones. Hasta la sección de baloncesto se ha visto relegada a una triste esquina de la gran superficie. Casi nada de ropa de calle como bermudas o camisas, y la que poca que hay con muy pobres descuentos. Sigamos.

Entramos en Perfumania y L no falta a su cita anual con un par de frascos de la colonia CK One Shock de Calvin Klein, más barata aquí que en el local de la propia marca. El primer frasco le cuesta 52, pero el segundo baja hasta los 15 dólares. Así que por 70 dólares tiene su colonia favorita en cantidades suficientes para varios años. A mí me da envidia y, ante su sorprendida mirada, me llevo una de las colonias de hombre que están de descuento desde los 45$ originales hasta unos ridículos 10$. Con lo poco asiduo que soy a echarme colonia, me va a durar hasta mi jubilación. Si es que algún día nos llegamos a jubilar.

Llegamos a la Levi's Outlet Store, que ya en las últimas ocasiones empezaba a flojear. Pantalones tejanos a 50 dólares, 45 la unidad si nos llevamos dos. 35 dólares en solo algunas series y colores concretos. Solo me fijo en estos últimos, y de los tres que me pruebo el único que podría pasar la criba es un modelo 501 que finalmente descarto. Estoy teniendo problemas con las tallas: la 36 de cintura me obliga a llevar cinturón, pero la 34 me aprieta demasiado. Ni rastro de una 35 que sería perfecta.

A ver si aquí hay más suerte...

Me reencuentro con lo que ya fue una sorpresa hace tres años. ¿Pueden convivir en una sola tienda artículos de franquicias como Doctor Who, Batman, Breaking Bad, Star Wars, Las Tortugas Ninja o La Bella y la Bestia? Sí, pueden. ¿Y acompañarlo de montones de camisetas góticas por una parte, y de temática heavy metal por la otra? Por supuesto. ¿Y rematarlo todo con música punk sonando por la megafonía del local? La respuesta a todo es sí... en Hot Topic. Una sobrecargada tienda llena de caprichos para inmaduros como yo. Sin embargo los precios no son especialmente baratos y la oferta de todo el local es algo engañosa: puede interpretarse como "llévate 2 artículos y paga solo el más caro" cuando en realidad se trata de "llévate 2 artículos, y añade un tercero más barato sin pagar por él". El destornillador sónico del Undécimo Doctor interpretado por Matt Smith se escapa hasta los 28 dólares, así que me conformo con una camiseta que muestra las caras de todos los doctores -incluidos The Warrior de John Hurt y el recién estrenado Duodécimo de Peter Capaldi-.

Inesperadas sorpresas

Me doy un paseo por la tienda Disney, que tras conseguir los derechos de Star Wars y con el boom de las películas de Marvel se ha quedado sin espacio para todo lo que podría ofrecer. De haber encontrado una figura reducida de Darth Vader ya estaría en mi maleta, pero solo las encuentro del joven Obi-Wan Kenobi y Han Solo... me pienso este último, pero no.

En todas nuestras visitas a outlets contamos con alguna sorpresa en forma de marca desconocida que nos atrapa. En este caso iba a ser U.S. Polo Assn., una suerte de versión "low cost" de Polo Ralph Lauren que incluso en sus carteles deja muy claro que no tiene relación alguna con la marca del caballo... aunque su propio logotipo y estilo de ropa es descaradamente similar. Me llevo unos tejanos y una camisa que me sientan como un guante y L por ahora se conforma con un jersey.

La mañana está siendo mucho más provechosa para mí que para L, que empieza a sentirse frustrada. Cuando excepcionalmente encuentra el tipo de pantalones vaqueros que le gusta, le cuesta encontrar su talla. Donde hay jerséis o polos que le interesan, los descuentos son menos atractivos de lo esperado. Y así va sumando frustración tras frustración a lo largo del día. Para intentar remediarlo, decidimos que hoy mismo vamos a quitarnos de encima la otra experiencia consumista y, tras hacer una pausa para comer, nos dirigiremos al outlet del norte de Las Vegas. Así dejaremos listo en un día aquello para lo que estimábamos día y medio o dos completos, dejando más tiempo para disfrutar de la habitación y las piscinas del hotel.

El nuevo plan nos abre una la posibilidad de algo que no estábamos seguros de poder realizar: detenernos en el Whole Foods Market que hay en el Town Square al sur del strip. Cogemos el coche y allí nos plantamos en apenas un par de minutos.

Whole Foods es una cadena de supermercados de corte ecológico, huyendo de procesos de producción, envasado y uso de ingredientes que no sean naturales. Ofrece un amplio catálogo de comidas preparadas para llevar o comer in situ, ya sea a modo de bandejas ya confeccionadas -por ejemplo, de sushi- o bien en una serie de islas dispuestas al estilo "buffet" en las que tú mismo vas rellenando un envase -ecológico, por supuesto- que pagarás conforme a su peso.

Relleno mi caja de cartón reciclable con un poco de mac & cheese (los tradicionales macarrones con queso estadounidenses), un poco de verduras al vapor, apenas una cucharada de pollo a la barbacoa y, el plato fuerte, un burrito con arroz, pimiento y qué se yo cuántas cosas más en su interior. Cuando lo veo todo dispuesto, parece un poco excesivo. L entra en éxtasis cuando descubre una sopera llena de clam chowder, la clásica sopa de almejas de las costas norteamericanas. Lo completa con un poco de aquí y allá del buffet. La premisa del local limita cualquier opción de tener Coca-Cola en los estantes, así que L se decide por un té frío y yo añado a la cesta una lata de refresco de fresa sin azúcar que resulta estar bastante bueno. Eso sí, comer en Whole Foods no es barato y menos si llegas con hambre y pecas de exceso como es nuestro caso. Poco más de 40 dólares nos cuesta todo el almuerzo. Disfrutamos un poco de la conexión gratuita a Internet antes de volver a ponernos en marcha.

Las Vegas Premium Outlets North nos recibe con más calor, más gente y, por supuesto, más orientales desesperantes obstaculizando los pasillos. Y para empezar debemos cruzarlo de esquina a esquina para repetir la jugada de conseguir la colección de cupones de descuentos para usuarios registrados de su web.

Empezamos esta nueva ronda de tiendas en las que yo completar mis compras y L conseguir arrancar de verdad las suyas. Calvin Klein, en este caso a modo de única tienda para ambos sexos, cumple bastante. L se lleva dos pantalones cortos y un polo, y yo sumo a la lista tres tejanos de la talla 34 y una camiseta de la talla M. Para los estándares de talla norteamericanos, soy un mierdecilla al nivel de Steve Rogers antes de convertirse en Capitán América. Con un cupón del 15% para compras superiores a 150 dólares (el impreso vía web, ya que el del talonario que hemos conseguido hace unos minutos solo aplica un 10%) la compra total se queda en 198 dólares.

No habíamos conseguido dar con una sola conexión a Internet abierta en el outlet sur, y aquí en el norte el único oasis de conectividad se encuentra junto al Starbucks. Parece que han llegado a la conclusión de que la gente enganchada a su móvil es gente que no está comprando ropa y comida, y por lo tanto darles esa posibilidad es una mala decisión comercial.

Esta vez Tommy Hilfiger se nos da algo mejor. Yo me llevo un par de polos, y L baja su exigencia por los precios llevada por la desesperación de no estar cubriendo su lista de deseos. Se lleva unos vaqueros, un suéter y una camisa, y con ello la compra conjunta llega a 197 dólares. Es un espectáculo presenciar la cantidad y coordinación del personal de las tiendas más grandes. Gente de uniforme yendo de un lado para otro sabiendo perfectamente cuál es su próxima tarea, siempre alguien esperando a darte la bienvenida y la despedida, y dando vueltas por el local un coordinador que con el manos libres no deja de velar y dar órdenes para que todo esté impecable para los clientes. Y para rematar nuestra velada en Tommy Hilfiger, empieza a sonar por megafonía Forbidden Love de unos no tan populares -pero una de mis bandas favoritas- The Darkness. Perfecto.

Llegamos a Gap Factory Outlet, otro de esos sitios en los que traemos siempre depositadas muchas ilusiones y que en esta ocasión habíamos omitido en el sur para visitar únicamente en el norte. L sigue con la suerte cruzada, y solo se lleva un suéter. Yo en cambio me llevo el premio gordo: los dos mejores tejanos -por aspecto y por precio- de toda la jornada y dos camisetas con cuello en forma de uve. Y esa lista de cinco artículos, por 102 dólares. La diferencia es tal que decido volver a Calvin Klein para devolver dos de los tres tejanos que me había llevado hace una hora: casualmente, los dos más caros. Recupero así 98 dólares.

Con una mirada furtiva a Levi's poco antes de las 18:00 de la que salimos con las manos vacías, damos por concluida nuestra jornada consumista. Y con resultado dispar, ya que yo me siento más que satisfecho con lo que cargo en el maletero mientras L termina muy por debajo de sus expectativas. En cualquier caso, coincidimos en que el outlet del norte ofrecía una variedad mucho mayor tanto en modelos como en tallas, y que puestos a visitar solo una de las dos grandes superficies esta debería ser la elegida. Aprovechamos una inesperada conexión a Internet que encontramos frente a Levi's para comprobar los cargos realizados en la tarjeta de crédito y confirmar que no hay nada "extraño" y hacemos una rápida investigación sobre un tal Fashion Outlet, en Primm, a 45 minutos en coche al sur de Las Vegas... por si acaso.

Son las 18:30 y el termómetro a la sombra del aparcamiento marca 35 grados centígrados, recordándonos dónde y en qué época del año estamos. El camino de vuelta nos lleva por el Strip superando el Stratosphere y el Circus Circus, y entre ellos dos una parada de las "posibles" de nuestra lista: la "tienda de souvenirs más grande del mundo"... o eso reza en su cartel. Tras descubrir su interior, se me ocurren mejores carteles como "el montón de mierda más grande del mundo", "el paraíso kitsch" o "la mayor montaña de artículos absurdos e innecesarios imaginable". Me llevo un llavero en forma de ficha de casino y dos latas enormes de cerveza para la habitación, no pienso cargar con absolutamente nada más.

El Stratosphere nos saluda..
... desde Bonanza Gift Shops
La tienda de souvenirs más grande del mundo
Una...
... auténtica...
... bazofia
Preguntándonos quién compra estas cosas

Tras un par de giros y alguna larga recta estamos de vuelta en el Caesars Palace, que desde las 18:00 tiene cerradas las puertas de su complejo de piscinas. Mañana debe ser definitivamente el día en el que probar las mieles de esa tierra prometida. Llegamos a la habitación tras cruzar una vez más los metros y metros de tiendas, máquinas tragaperras, restaurantes y mesas de juego del casino, todo un trayecto que algún día vamos a tener que cronometrar.

Ya en la habitación, es hora de disponer toda la ropa, hacer inventario y cuadrar la balanza de gastos. Por mi parte, el total tras aplicar el cambio de divisa es de 239€. El botón conseguido por ese precio: dos polos, cinco camisetas, una camisa, cuatro pantalones tejanos y un frasco de colonia. En el caso de L, 258€ a cambio de dos frascos de colonia, dos pantalones vaqueros, tres jerséis, dos pantalones cortos y una camisa.

Mi botín
Su botín

Es hora de volver a aprovechar este pedazo de habitación de la Augustus Tower conseguida gracias a la estrategia de los veinte dólares. Llenamos la bañera de hidromasaje en la que pasamos cómodamente los dos una hora en la que perder la razón. Al salir ordenamos y recogemos las compras y nos preparamos para compartir para la cena uno de los espectaculares wraps de pollo con salsa barbacoa que nos quedan de Walmart. Lo acompaña una gigantesca y helada lata de cerveza Miller.

Algo descansados tras las horas y horas caminando de tienda en tienda, nos echamos a la calle para disfrutar un poco de las luces de Las Vegas. Nos espera un buen paseo hasta alcanzar las fuentes del Bellagio, que tan cercanas parecían desde la ventana de nuestra habitación. En esta primera parada para disfrutar de sus pases de luz y sonido nos acompaña "This Kiss" de Faith Hill.

Paseando por el Bellagio
Mucho lujo, pero las máquinas funcionan igual
Sacrilegios
Las mesas de juego, a tope a estas horas
Las vistas de nuestra habitación en ángulo inverso
Debe ser increíble asomarse desde esas ventanas
Pero asomarse desde estas tampoco está mal
Primer pase a ritmo de This Kiss

Seguimos la marcha cruzando la calle para entrar al Planet Hollywood, donde visitamos los alrededores del que decidimos será nuestro escenario para la comida de mañana: el Gordon Ramsay's BurGR, una hamburguesería de corte gourmet y uno de los tres locales que el chef Gordon Ramsay tiene en los locales de la alianza Total Rewards. Es un personaje que nos ha caído en gracia tras su papel como jurado y presentador en la edición estadounidense de MasterChef. Y para colmo, en la temporada anterior del talent-show, una de las pruebas de exteriores consistió en que los dos equipos de concursantes cubrieran un servicio de este preciso local. Así que por varios motivos nos hace especial ilusión probar lo que sale de esa cocina. Para rematarlo, es por mucha diferencia la más barata de las tres opciones de Ramsay, ya que sus otros dos locales -un Pub & Grill en el Caesars Palace y un local de filetes en el París- tienen precios desorbitados para nuestra cartera.

Cruzaremos la acera para plantarnos en París
Pero antes, una parada en Hollywood
Mañana nos vemos, BurGR
Mañana nos vemos, Gordon

A pocos metros del BurGR otro local con un escenario da acogida a un prometedor concierto que mezcla rock y blues de antaño, pero decidimos no acomodarnos y continuamos caminando sin un rumbo definido. Uno podría pasar días paseando por Las Vegas sin apenas salir a la calle: nos ocupa ahora durante una milla un inmenso centro comercial que conecta ambos extremos del interior del Planet Hollywood: se trata del "Miracle Mile Mall". Tiendas de ropa y restauración abiertas hasta las 23:00 o incluso más allá, nuestro primer contacto del viaje con los clásicos cielos de mentira y un acceso directo a la recepción de un Hotel Hilton que queda en segunda línea del Strip.

Aprovechamos la cercanía para revisitar el Paris, el que fue nuestro hogar durante las noches que pasamos aquí en nuestro viaje de hace tres años. El ambiente está mucho más animado de lo que yo recuerdo, en parte gracias a un espectáculo de música funk en la réplica del Moulin Rouge Por desgracia solo se puede acceder a su interior consumiendo dos bebidas por persona, así que nos conformamos con intuir la música y el ambiente desde fuera. Los precios van desde los cinco dólares por una cerveza, hasta los doce por un combinado.

El jodío debe estar nadando en billetes...

Caminamos por el boulevard comercial del París, ese que tantas veces cruzamos para ir de la que fue nuestra habitación hasta el aparcamiento. Pasamos frente a un local enorme que simula una cafetería parisina, y en su interior hay toda una fiesta. En lo que denominan como los "duelos al piano", un piano de cola y una guitarra en buenas manos comparten protagonismo mientras interpretan Stairway to Heaven y el público enloquece. Empieza a ser preocupantemente tarde para nuestro horario habitual y las fuerzas no acompañan, de lo contrario me hubiera quedado gustosamente un rato disfrutando del ambiente, la música y un buen trago.

El interior del París de uno de los más conseguidos
Poca gente apoltronada en las tragaperras

Como despedida de la noche, nos sentamos en una de las barras que hay escondidas entre las tragaperras y mesas de juego del salón principal del casino. Mientras nos sirven, meto un dólar en la pantalla de video póker disponible frente a cada taburete. Primero gano medio dólar. Luego pierdo un dólar entero. Y finalmente recupero el medio dólar anterior. Así que me quedo como estoy, y pulso el botón de "Cash out" para que la máquina imprima un ticket que puedo canjear por el billete en una de las máquinas habilitadas por todo el local. No os quedaréis mi dinero, malditos. No esta noche.

O bueno, quizás sí. En concreto se quedan unos dolorosos 29 dólares (12 por copa, más impuestos, más propina) por los dos combinados que nos tomamos. El daiquiri de fresa de L resulta mucho mejor que mi margarita.

Regresamos ya sin fuerzas para más al Caesars Palace, donde sorprendentemente el Starbucks más cercano a nuestros ascensores hoy sí tiene una conexión abierta. O abierta para algunos, ya que mientras L y otros turistas exprimen la batería de sus móviles, mi Nexus 5 se niega a establecer una conexión.

Nos vamos a dormir, más cansados que en muchas jornadas de excursiones, alrededor de las 00:30. Otra vez viendo desde la distancia de la habitación las fachadas del Bellagio y el Cosmopolitan mientras el Strip rebosa de vida.