Grand Teton: Signal Mountain Lodge, Leigh Lake

Día 5 | 31 de agosto de 2014

Mapa de la etapa 5

Como si se tratase de un homenaje a la cómoda cama de nuestra cabaña en nuestra última noche sobre ella, en el quinto día despertamos más tarde que nunca: a las 6:30. El bienestar de la calefacción era una tentación demasiado grande para resistirse a esos "5 minutos más" que, estando de vacaciones, dejan de ser una utopía. Por otra parte, el dichoso ruido que emiten las tuberías del aparato hubieran sido un problema muy serio de no ser por los efectivos tapones para los oídos.

Antes de poner siquiera los pies sobre la moqueta, repasamos con el ordenador nuestro plan sobre cómo visitar en 36 horas el próximo hito del viaje: el Parque Nacional de Grand Teton. Nos relaja ver lo conservadores que hemos sido, más todavía cuando al asomarnos por la ventana vemos un amenazante cielo gris que puede dar al traste con la intención de aprovechar al máximo la jornada de hoy.

Consultamos también la carta previamente descargada del sitio en el que tenemos previsto comer, siguiendo las recomendaciones de algunos viajeros cuyas experiencias hemos utilizado de referencia para la nuestra. Pidamos lo que pidamos parece que el atracón será inevitable, así que no es tan mala idea desayunar a una todavía muy temprana hora sin salir de la cabaña, gracias al café y el batido fríos que tuvimos la previsión de comprar el día anterior.

Sin mucho más que preparar gracias a que ya hicimos ese esfuerzo la noche anterior, abandonamos nuestro hogar de los últimos cuatro días y nos dirigimos por última vez al acogedor vestíbulo del Lake Lodge, donde entregamos nuestra llave y confirmamos la salida sin nada más que tramitar. La previsión meteorológica impresa en el mostrador amenaza con un 70% de probabilidad de lluvia para hoy y un 20% para mañana. Si la distancia que nos vamos a desplazar hacia el sur no es suficiente para huir de esas lluvias, vamos a estar en apuros.

Salimos al exterior frente al Lago Yellowstone, irónicamente la zona que menos hemos visitado del parque pese a estar a escasos metros de nuestro alojamiento. Empezar a recorrer el parque muy temprano y regresar a la cabaña agotados han provocado que nunca viéramos el momento de acercarnos a pie a su orilla. Nos ponemos en marcha y el termómetro del coche se mantiene por debajo de los tres grados centígrados, más frío incluso que ayer en la cima de Beartooth Pass.

Ya de camino es absurdo ir con prisas cuando sabemos que el tiempo va a entorpecer la llegada a Grand Teton, así que aprovechamos la ruta hasta el sur para detenernos en la oficina de correos de Grand Village. Tengo ya acumuladas hasta cuatro postales pero por ubicación y horarios todavía no he podido comprar sellos en ninguna oficina. Y así seguirá siendo, ya que un cartel en la puerta nos informa de que no abren ni sábados, ni domingos, ni días festivos. Aprovechando que está en la puerta inmediatamente siguiente, entramos en una General Store que sí está abierta -cómo negar a los turistas la posibilidad de gastar sus dólares- siendo una de las más grandes que hemos podido ver en el parque.

La aproximación al West Thumb Basin hoy pinta todavía peor
Menos mal que no dejamos nada importante que ver para hoy

Ya con rumbo completamente hacia el sur y con una lluvia que de forma intermitente se torna más violenta, nos detenemos en un arcén cercano a Lewis Falls, el en absoluto previsto lugar en el que pasaremos nuestros últimos minutos en Yellowstone. Tenemos aquí una catarata visible desde el puente que cruza el Río Lewis y un pequeño sendero que ofrece la posibilidad de bajar hasta la orilla del mismo. Al otro lado del puente, nos encontramos un prado en el que el río continúa su curso trazando eses en la hierba.

Lewis Falls, nuestros últimos instantes en Yellowstone
Deslucidas por el tiempo, pero incluso así muy vistosas
Siempre hay alguien dispuesto a darse un chapuzón...
Esto es todo, Yellowstone
El Lewis River continúa su recorrido

Cruzamos la South Entrance del Yellowstone National Park y nos despedimos definitivamente del primer Parque Nacional jamás creado en los Estados Unidos. Han sido cuatro días bien aprovechados, y la variedad y magnitud de sus atractivos consiguen situarlo en un empate técnico en la cabeza de nuestra particular clasificación, emparejado con un Yosemite National Park cuyas cataratas y el valor simbólico de haber sido “nuestro primero” no podemos obviar. Si hubiera que resumir Yellowstone en una batería de preguntas rápidas, sería:

¿Dónde dormir? En Lake Lodge si tu prioridad es el precio. Pero recuerda ser muy previsor (¡hasta seis meses antes!) para conseguir una cabaña a tiempo.

¿Dónde comer? No hay discusión, en el Canyon Village. Tanto la cafetería como el diner de Soda Fountain ofrecen la mejor relación calidad-precio del parque.

¿Qué visitar? Obviamente todo lo posible, pero nadie debería abandonar el parque y no haber alcanzado el Brink of the Lower Falls ni la Morning Glory Pool. Si además tu forma física te lo permite, disfruta de la Grand Prismatic Spring desde la colina accesible en la excursión a las Fairy Falls.

¿Qué puede decepcionar? El Old Faithful es un icono del parque, pero quizás sea bueno no llegar a él con demasiadas expectativas dado lo cambiante de sus erupciones.

Nuestras primeras millas D.Y. (Después de Yellowstone), lejos de presentar mejor tiempo, no hacen más que materializar el peor escenario posible. No es el frío o la lluvia que está cayendo el mayor de los problemas: es la nula visibilidad que hace incapaz distinguir nada en el paisaje más allá de los diez metros de distancia. Este fenómeno anula completamente el atractivo de Grand Teton National Park, en el que la mayoría de sus puntos de interés consisten en miradores hacia la colosal cordillera junto a la que pasan las carreteras.

Cielos grises al abandonar Yellowstone...
... y casi negros al alcanzar Grand Teton

Apenas unas millas separan el sur de Yellowstone y el norte de Grand Teton, así que enseguida empezamos a recorrer el interior del parque. Nuestra primera parada es en el Centro de Visitantes de Colter Bay en el que podemos consultar la previsión meteorológica para la zona. El Ranger tras el mostrador nos muestra incluso la imagen en tiempo real del satélite, en la que cual puede verse como nos encontramos en el mismísimo centro de un inmenso banco de nubes. Dado que el mal tiempo se inició a las cinco de la mañana, ahora son las nueve y el viento permanece constante, se espera que a partir de la una del mediodía empiece una tendencia favorable llegando a su máximo esplendor mañana lunes, cuando el "Totalmente nublado" dará paso a un "Parcialmente soleado".

Con un mapa oficial de Grand Teton ya en nuestras manos, pasamos un rato en los sofás del Visitor Center marcando nuestros puntos a visitar y decidiendo que iremos a comer temprano con la esperanza de que, tras llenar el estómago, ya sea la hora en la que el tiempo comience a mejorar. Quizás no lo suficiente como para asomarnos a la cordillera, pero sí para hacer alguna pequeña excursión y que no toda la jornada sea en vano.

Aprovechamos el camino que separa Colter Bay y Signal Mountain Lodge para parar aquí y allá en los más próximos de nuestra lista de puntos de interés. Es abrumadora la cantidad de desvíos indicando zonas de acampada tanto aquí como en Yellowstone. Me lo planteo seriamente como una prueba piloto para alquiler una autocaravana antes de hacer lo propio en destinos siempre pendientes como Islandia o Nueva Zelanda.

La profecía meteorológica empieza a cumplirse cuando llegamos a Willow Point, un lugar anunciado como idóneo para el avistamiento de fauna y, en particular, alces americanos -los aquí llamados "moose", que nos tienen enamorados-. Animal no vemos ni uno y la cordillera sigue oculta entre las nubes, pero poco a poco el cielo parece pasar del gris al blanco e incluso creemos percibir trazos de azul en algunos huecos.

En Willow Point la oscuridad empieza a ceder

La siguiente parada de reconocimiento es Oxbow Bend, según todas las guías oficiales y no oficiales uno de los mejores lugares para divisar la cordillera presidida por el Grand Teton, montaña que da nombre al parque y que es el techo de la zona superando los 4.000 metros de altura. Nos encontramos bonitos colores en el prado y el río que lo atraviesa, pero todavía no hay rastro de la joya de la corona. Eso sí, la visibilidad a corta distancia ya es perfecta.

Esto es Oxbow Bend, y lo que hay detrás de esas nubes todo lo demás

Por último y antes de llegar a nuestro destino gastronómico paramos en Jackson Lake Dam, una presa justo allí donde el Snake River y el Jackson Lake unen sus destinos. A diferencia de otras que hemos visto en viajes anteriores, la podemos ver en marcha lanzando litros y litros de agua por segundo. Lo que creemos que es un grupo de nutrias se lo pasa bomba a pocos metros del punto en el que el agua cae a toda velocidad.

Agua y más agua en la Jackson Lake Dam
¿Nutrias?

Llegamos al Signal Mountain Lodge, otra zona de alojamiento y servicios del parque. Entramos en el edificio del restaurante y son las 11:30 cuando nos plantamos en la entrada del Trapper Grill. Para nuestra sorpresa ya hay bastante gente esperando, y nos hacen entrega de un beeper y la advertencia de que quizás debamos esperar hasta 40 minutos para acceder al comedor. Un rato después abriría el Deadman's Bar, un pequeño salón con barra de bar en el que amenizar con un trago la espera de una mesa, pero no sería necesario ya que tras apenas un paseo por la tienda de regalos el aparato en nuestro bolsillo empieza a vibrar avisando de que es nuestro turno.

En el contexto del viaje, Signal Mountain Lodge era sinónimo de una cosa: nachos. Al parecer, la ración de chips de tortilla mejicanos de este local goza de buena fama, y parecía descortés no hacerle una visita. Sabiendo cómo se las gastan por estos lares ni por asomo nos atrevemos con la ración grande: solo media. L deja de tener en cuenta las raciones cuando lee la palabra "salsa marinara" en la carta, y se decide por un sándwich de albóndigas rebozado en ella. A mí la ensalada césar me parece un complemento perfecto para unos nachos que ya intuyo serán terroríficos, más aún tras ver en las mesas cercanas el tamaño de las tortitas que algunos están comiendo en el clásico "brunch" de los domingos al mediodía.

Media ración. Para una o dos personas. Esos conceptos tienen sentido cuando el pedido lo estás haciendo a un camarero de Barcelona o Madrid, pero la cosa cambia cuando el plato sale de una cocina en Wyoming. Lo que llega a la mesa no es una bandeja, pero ni falta que hace: por lo menos 15 centímetros de nachos se levantan sobre el plato debidamente completado con pollo, aceitunas, queso y pico de gallo.

Media ración
Póngame salsa marinara con unas pocas albóndigas, por favor

El sabor no llega al nivel de los de Via Taccioli -quién lo iba a decir, los mejores nachos que jamás hemos probado se sirven en Mallorca- pero cumplen. Ni las albóndigas, ni la salsa, ni las patatas fritas en el plato de L suspenden el examen, y a mí solo me duele el precio a pagar por una ensalada césar sin más añadidos que la lechuga, el queso, los picatostes y el aderezo, pero agradezco lo fácil que es su digestión en comparación con el resto del atracón.

La camarera ríe al ver que nuestro plato de nachos todavía conserva un tercio de su contenido cuando nos damos por vencidos, y le pedimos amablemente una "doggy bag" (traducción literal: bolsa para el perro, un eufemismo para pedir las sobras para llevar). Ni se molesta en intentar que pidamos un postre. Bien comidos, llevándonos sobras suficientes para cenar, y todo por 45 dólares incluyendo una generosa propina.

Ya no llueve ni parece que vaya a hacerlo más de forma violenta, pero las nubes se resisten a dispersarse. Cribamos nuestra agenda para Grand Teton hasta quedarnos con el Leigh Lake Trail, un sendero fácil, corto y de los que aparentemente menos se verán penalizados por realizarlo en un día lluvioso. Sintonizo la radio y en el 94.9 aparece una emisora de rock clásico, sonando en esos momentos Joe Elliot cantando Bringin' on a Heartbreak. Empieza bien la tarde.

A medio camino del Jenny Lake, varios coches en el arcén nos advierten de la presencia de un alce. Un pequeño inciso: hay alces y alces. Los "elk", que podríamos traducir como alces a secas, tienen una cornamenta estilizada, con varias protuberancias de tamaño contenido. Los "moose" o alces americanos, por otra parte, suelen ser algo más grandes, con una cabeza similar a la de un camello y una cornamenta mucho más peculiar, con dos grandes palas que se elevan a lado y lado de su cabeza. En este caso el animal que está tranquilamente echado de espaldas a nosotros corresponde a los primeros. Mirando hacia su izquierda, nos encontramos ya a muy pocos metros de una cordillera que pese a seguir ocultando su techo, empieza a mostrar su potencial desapareciendo tras las nubes.

¿Qué estará fotografiando toda esa gente?
La cordillera va ganando la batalla lentamente
Y al fin empezamos a vislumbrar el pie de algunas montañas

Llegamos al "String and Leigh Lake Trailhead Picnic Area" y tras aparcar junto a varios grupos que parecen estar celebrando algo intermedio entre un picnic y un botellón, iniciamos el sendero. Se trata de una milla que recorre en paralelo el pequeño tramo que une los lagos de String y Leigh, con varios claros en la orilla desde los cuales, en condiciones óptimas, pueden verse algunas de las cimas de la cordillera. Tal y como teníamos apuntado, es una opción de prioridad "para hacer si nos sobra tiempo o no tenemos nada más en la lista". Como en casi todo el parque, no pasan cinco minutos seguidos sin ver una ardilla correteando, saltando por las ramas de un árbol o cruzándose por nuestro camino.

La única excursión que haremos hoy
Primeros metros del sendero entre String y Leigh Lake
Lo poco que podemos ver de la montaña
Un camino agradable y, faltaría más, sin nada de calor
Este sitio sin nubes debe ser impresionante...
Si hay patos, hay alegría
Pocas panorámicas salen hoy...
Unos pequeños rápidos cerca del final del camino
¿Qué estará mirando...?
Ah. Claro.
Debe estar bien esto si mantienes el equilibrio...
El cielo empieza a abrirse, pero demasiado tarde
Si esto ya impresiona, qué debe ser el Grand Teton

Aunque la temperatura ha subido, perdemos ya toda esperanza de que el cielo se abra a tiempo para ver la cordillera antes de que el sol deje de iluminarla. Regresamos al aparcamiento y continuamos hacia el sur por la Jenny Lake Scenic, un tramo de carretera de sentido único que nos llevará de vuelta a la vía principal para alcanzar la salida sur del parque. La ruta nos lleva en paralelo al pie de la cordillera, pero con unas nubes tan obtusas el Grand Teton no puede compararse con sus cumbres hermanas y pasa desapercibido. La llamada de la naturaleza nos obliga a parar en un centro de visitantes de moderna arquitectura, el Craig Thomas Discovery and Visitor Center.

Definitivamente, hoy no veremos más

La visita a los servicios viene acompañada de una sorpresa inesperada, y tranquilos que no es escatológica. Tras permanecer incomunicados desde que abandonamos Pocatello hace ya cuatro días, nuestro móvil encuentra un acceso gratuito a Internet. Empiezan a llegar notificaciones como si no hubiera un mañana, y pasa volando probablemente más media hora junto a la recepción del centro mientras colgamos fotos acumuladas, comprobamos las cuentas bancarias y avisamos a la familia de forma muy resumida de cómo han resultado las primeras jornadas. Ironías del destino, debemos agradecer la vuelta al mundo cibernético a la urgencia fruto de combinar nuestros estómagos europeos con las raciones norteamericanas.

Esto es lo que pasa tras cuatro días sin conexión

Con las nubes a lo suyo y tras consultar en el Weather Channel que el día de mañana será mucho más propicio, descartamos acercarnos furtivamente a la Mormon Row y nos marcamos ya como destino Jackson Hole, el pueblo a las puertas del parque y campamento base para muchos de sus visitantes.

En el camino hacia casa, primero confirmamos que en un día despejado la vista debe ser inigualable. La cordillera dispone las distintas montañas en fila, y esta carretera pasa en paralelo a ella a escasos metros de distancia. El resultado es una pared de piedra, vegetación y nieve que parece no tener fin. En segundo lugar, pasamos junto al modesto aeropuerto de Jackson Hole. Sin apenas alterar el precio del billete, podríamos haber aterrizado aquí en lugar de en Salt Lake City y ahorrarnos un buen puñado de aburridos kilómetros hacia el norte. Sin embargo, el recargo por alquilar un coche en Wyoming y entregarlo en Nevada era el doble que si iniciábamos el recorrido en Utah. Eso hizo descartar esta opción, que desde luego hubiera sido mucho más cómoda si el coste no fuera un factor a tener en cuenta.

Llegamos a las puertas de Jackson Hole y nos recibe un ejército de carteles anunciando hoteles, moteles y derivados. Un parque nacional en un lado, y una estación de esquí en el otro, hacen de este pueblo el escenario perfecto para atraer más y más turistas. Tras cruzarlo casi íntegramente de norte a sur, alcanzamos nuestro alojamiento ligeramente a las afueras de la zona comercial.

El lugar escogido se llama Virginian Lodge y fue reservado directamente en su página web a razón de 128 dólares por una noche. Inicialmente iban a ser dos, pero cuando un cambio de planes lo redujo a una sola no hubo problema en comunicarse por correo electrónico y modificar la reserva en cuestión de horas. El hombre que nos recibe es todo amabilidad, y lo hace en un vestíbulo perfectamente integrado en el contexto del pueblo, con todas sus paredes revestidas con envejecidos tablones de madera y varias cabezas de ganado colgando de las paredes.

Nuestro hogar para esta noche
La recepción del Virginian Lodge

Dejamos el coche aparcado frente a la puerta con el número 183, y nos recibe una habitación que hace sonrojar la cabaña de nuestras últimas cuatro noches. Dos camas de buen tamaño, televisor, muchos metros cuadrados por los que caminar y una bañera esperándonos al fondo. Soltamos nuestro equipaje, aprovechamos la conexión gratuita para completar un par de cosas que hemos olvidado consultar, y tras disfrutar de las zonas comunes del hotel nos dirigimos al centro de la ciudad. Lo último que esperaba ver hoy era a niños bañándose en una piscina exterior de Wyoming.

Los jardines interiores del Virginian Lodge
Y niños en piscina pese al creciente frío
Una sala de máquinas recreativas para los huéspedes

Tenemos suerte al encontrar una plaza de aparcamiento prácticamente en la calle principal, pero luego veremos que bastaría con moverse hasta una de las vías paralelas para encontrar sitio por todas partes. Nuestra primera parada en la plaza principal es un Starbucks. Tras varios días sin poder aspirar a ello, un café decente ha pasado de ser un capricho a una necesidad. Un "macchiato" de vainilla y otro de caramelo servirán para cubrirla.

Mucho tráfico en la vía principal de Jackson Hole

La zona comercial de Jackson Hole se reduce a una calle y media. Más allá, aparecen las clásicas amplias calles con viviendas prefabricadas en las que duermen los 10.000 habitantes del municipio. La plaza principal cuenta con cuatro puertas en sus esquinas construidas a partir de cornamentas de alce, y hacerse una foto en ellas es una odisea. En primer lugar para conseguir turno, y posteriormente para evitar que alguien se cuele en medio de la imagen. Tiramos de encuadres creativos para tapar a los intrusos y no morir de asco en el intento.

Culto a los militares, y servicios para cristianos
Todos los comercios mantienen una fachada clásica
Jackson Hole, Wyoming
Atracciones para turistas...
A ver si no se cuela nadie en esta foto
Mucha tienda y exposición fotográfica
El toque clásico de las tiendas es agradable
Basta pasear un poco para encontrarse una iglesia
Muero de amor

Los -no muchos- locales que no son de restauración empiezan a cerrar sus puertas bastante temprano, a partir de las 19:00 coincidiendo con los últimos minutos de sol. La búsqueda de dedales para mi madre vuelve a fracasar en Jackson Hole, pero en el último de los intentos veo cumplido un capricho que viene de lejos: conseguir placas de matrícula de Arizona y Utah que parezcan reales. La primera era objeto de deseo desde que cruzáramos el Estado en 2011, y no puedo dejar pasar la segunda con el dibujo del Delicate Arch que visitaremos en breve tras los números de la licencia. 32 dólares que pago gustosamente por un recuerdo de este tipo. Invertir más de 70 dólares en un sombrero de cowboy me parece ya una frivolidad excesiva.

Ya en el camino de regreso hacia el hotel repostamos en la gasolinera Shell cercana. 3,71 dólares por galón, lejos de los 3,99 de Yellowstone y de los 3,80 de los surtidores más cercanos al centro de la ciudad. En total se van esta vez por la manguera del surtidor 41 dólares.

Llegamos a la habitación con margen de tiempo suficiente para un baño relajante, disfrutar de la conexión gratuita y dejar todo lo posible listo el equipaje para salir pitando mañana y, esta vez sí, disfrutar como es debido del bello escenario que tenemos a escasas millas de aquí. El mes de agosto termina para mí en la oscuridad de nuestra habitación, con Peter Capaldi consiguiendo su primer gran capítulo como duodécimo Doctor con el fantástico "Into the Dalek". Ser whovian y viajero no está reñido.

Terminando el día con Peter Capaldi