Yellowstone: Mud Volcano, Lower & Upper Falls

Día 2 | 28 de agosto de 2014

Nuestro primer despertar en el parque de Yellowstone viene condicionado por el aparato de la calefacción de nuestra cabaña. Al parecer las tuberías crujen de forma intermitente a determinadas horas del día, debo suponer que por los cambios de temperatura. Así que cuando a las 6:00 salimos del profundo sueño y oímos su sonido, no somos capaces de volver a dormir. No es grave, la verdad es que nos sentimos muy descansados y la cama, aunque en el límite del tamaño para dos personas, ha resultado ser muy cómoda. Y eso, viniendo de nosotros dos con nuestros eternos problemas de espalda, es mucho decir.

El día comienza dedicando cuarenta minutos a redactar la etapa del día anterior. Por circunstancias personales cuando dentro de dos semanas ponga los pies sobre Mallorca lo que más me va a faltar es tiempo, así que todo lo que pueda llevar avanzado del diario de viaje para entonces será una ventaja. Escribiendo, escribiendo, el amanecer se cuela ya por el resquicio de las cortinas, así que es hora de cambiarnos y alcanzar el vestíbulo del Lake Lodge para desayunar. Eso sí, en coche, ya que la zona de cabañas E queda algo apartada del área común y por ahora parece que hoy si tendremos algo más de frío.

No llevamos ni dos minutos en el exterior y ya tenemos dos contactos con la fauna local. Nada más salir de la cabaña, encontramos a una ardilla enana escarbando en lo que sería "nuestro jardín". Y en cuanto arrancamos el coche, tras el primer giro nos encontramos un búfalo que de enano no tiene nada, vagando por entre las cabañas y observado desde una distancia prudencial por un empleado de seguridad del complejo.

Nos reencontramos con el majestuoso vestíbulo del Lake Lodge, situado frente a un Lago Yellowstone que ahora sí, tras nuestra llegada completamente de noche de ayer, podemos observar por primera vez. Nos separa de él una amplia orilla y a esta hora del día todavía hay cierta bruma que no le favorece, así que ya habrá ocasión de disfrutarlo en mayor medida. Llegamos a la cafetería del complejo y nos parece bastante descafeinada. Una barra controlada por personal asiático en la que ir pidiendo raciones de esto de aquí y esto de allá entre toda la comida caliente disponible en los expositores, y para terminar una pequeña zona de bebidas donde elegir entre café, varias modalidades de chocolate caliente o agua hirviendo para acompañar con una bolsa de té.

Yo me decanto por unos huevos revueltos con queso suizo y champiñones acompañados por un "biscuit", que es como conocen aquí unos pequeños bollos hechos de una pasta muy densa, acompañado de un vaso de chocolate con leche caliente que resulta ser lo mejor de la bandeja. L por su parte coge unas patatas en lugar del biscuit y un té de naranja en lugar del chocolate, lamentando haber olvidado en la cabaña su tarro de café soluble para compensar la intolerancia que tiene al café de este país. Antes de pasar por caja, cogemos de la barra de condimentos sin coste adicional unas tarrinas de salsa barbacoa y de la siempre empalagosa mantequilla de cacahuete. El desayuno nos cuesta 14 dólares y lo disfrutamos junto a una de las ventanas más cercanas al lago.

Aquí en el edificio principal nuestros teléfonos detectan uno de los pocos puntos de acceso a Internet habilitados por el parque. Sin embargo, preveo que vamos a pasar cuatro días incomunicados, ya que los precios rozan lo ofensivo. 5$ por una hora de conexión, 12,95$ si queremos navegar durante 24 horas y 24,95$ para el premio gordo de 72 horas. A riesgo de que cuando nos conectemos en el próximo hotel las notificaciones del móvil lo saturen, por ahora descartamos pagar por la conexión.

El acogedor vestíbulo principal
Sillones y chimeneas para combatir el frío de meses venideros
La inevitable tienda de regalos

Volvemos hacia la cabaña y el frío de los primeros minutos de luz se está disipando, siendo especialmente notable el calor cuando no se camina por las sombras. Bastará con llevar dos capas de ropa, así que dejamos las cazadoras de bajo coste que compramos en su día en San Francisco (qué juego han dado...) en el maletero. A diferencia de anoche con serios problemas de visibilidad, el camino hasta nuestra cabaña no nos supone ahora ningún reto.

Ponemos algo de orden en el equipaje, preparamos sendos bocadillos, cargamos nuestra nevera desechable en el coche y nos ponemos en marcha para nuestra segunda jornada. Ponemos rumbo al norte, utilizando el tramo sureste de la carretera en forma de ocho que recorre el parque. Nuestro primer alto en el camino no se hace esperar, en el aparcamiento de LeHardys Rapids.

El acceso a la zona de cabañas a primera hora de la mañana
Primeras millas del día recorriendo el parque

Nos recibe aquí un tramo del Río Yellowstone, el cual protagonizará la mayor parte de visitas de hoy, en el que un salto de agua provoca que este se acelere y cree un bonito efecto saltando sobre las rocas. Pasamos un buen rato disfrutándolo a ojo desnudo, ya que el sol se sitúa justo tras la zona de más actividad y no le hace ningún favor a las fotografías. Cuando nos vamos, descubrimos que viene tras nosotros un grupo del equivalente estadounidense a los turistas del Imserso. Mientras nuestros jubilados visitan Benidorm, los de aquí se dedican a recorrer este prodigio de la naturaleza.

LeHardys Rapids
Un paso en falso y lo perdemos
Disfrutando del sonido del agua a toda velocidad
Un lugar propicio para las fotos de larga exposición
Con mucho día por delante

Continuamos hacia el norte y antes de llegar a nuestra siguiente parada planificada hacemos un alto improvisado en un valle situado junto a dos chimeneas de vapor de agua que están en plena ebullición. Pese a ser una zona especialmente propicia para el avistamiento de animales, por ahora ninguno parece honrarnos con su presencia. Pero eso no desmerece unas vistas de auténtica postal.

Un apartadero cualquiera de camino a Mud Volcano
A veces los mejores lugares llegan de forma inesperada

En cuestión de minutos y tras aminorar la marcha para no tener problemas con un búfalo que estaba dando su paseo matutino, llegamos al enorme aparcamiento de Mud Volcano. Nos espera aquí un recorrido ni muy largo ni muy exigente por pasarelas junto a varias piscinas humeantes y cuevas que conectan con las entrañas del supervolcán. El primero de los hitos casi sin salir del aparcamiento es una gran caldera, un hervidero de ácido que emite ese sonido de sartén con aceite hirviendo que ya tuvimos ocasión de escuchar en algunos momentos del día anterior.

El primero te hace gracia verlo, el vigésimo ya te hace menos gracia
Más sonido de sarten y bacterias en Mud Volcano

El recorrido de Mud Volcano, sin tratarse de una de las atracciones estrella del parque, resulta ameno e interesante. El inmenso tamaño de alguna de las calderas y la variedad de éstas, presentando cada una características únicas, consiguen que no tengas la sensación de estar viendo una y otra vez las mismas cosas. Por ejemplo, la Churning Caldron es una pequeña olla de agua burbujeante que en realidad no está hirviendo, si no que emerge de ese modo en la superficie empujada por gases subterráneos que encuentran su camino hasta el exterior.

Mud Caldron, vuelve el olor a huevos cocidos
Suministro de vapor ilimitado
La pasarela se eleva para ofrecer vistas panorámicas
Agua empujada a la superficie por los gases subterráneos
Los National Park siempre velando por dar toda la información posible
No hay un paseo en el que no se cruce una pequeña ardilla
Algunas columnas de vapor se aprecian mejor desde la distancia
El verdadero Mud Volcano que da nombre a toda la zona
Llegando a la boca del dragón
Más festival de colores, olores y sonidos

Continuamos con la marcha sobre ruedas y de repente el paisaje a lado y lado de la carretera ha cambiado radicalmente. Estamos ya en Hayden Valley, una amplia extensión de prados acompañados por el río con mil y un apartaderos habilitados para el avistamiento de animales. Vemos algunas manadas de búfalos en el cauce del río, pero demasiado lejos para poder disfrutarlos sin un teleobjetivo en condiciones.

Hayden Valley, todavía con poca actividad a estas horas
Solo algún búfalo despistado alejado de la manada

Son alrededor de las 10:30 cuando llegamos a la zona estrella del día, la que el parque identifica como Canyon. Es aquí donde se concentran una serie de miradores y caminos con vistas desde todos los ángulos a la zona de mayor actividad del Yellowstone River, con el agua cayendo a toda velocidad a lo largo de dos cascadas y siguiendo el curso del río abriéndose paso entre dos altas paredes de roca en tonos amarillentos, ese color que da nombre a todo el parque. Tomamos el desvío al South Rim, el camino que va en paralelo al lateral sur del río, y nos detenemos en el aparcamiento de la atracción más temida del día para L: el Uncle Tom's Trail.

Poniendo sobre aviso a los visitantes del Uncle Tom's

Este camino consiste en una larguísima escalera de metal instalada junto a la ladera del cañón, en cuyo final nos espera uno de los más recomendados miradores a las Lower Falls. Las cataratas inferiores son las de mayor caudal y altura que nos esperan aquí en Yellowstone Canyon. Lo que originalmente fueron 528 escalones y una cuerda a la que agarrarse ahora son solo 328 escalones con una robusta barandilla. Pero merecería la pena aunque fueran 2000 escalones, ya que ese prometido mirador es una de las cosas que no puedes marcharte del parque sin haber visto.

Despacito y con buena letra...
Se empieza a entrever lo que nos espera al final del camino
Ya queda menos...

Tenemos frente a nosotros, a un puñado de metros, la enorme y caudalosa caída del agua a toda velocidad para seguir su curso hacia el norte, y perfectamente distinguible a la derecha de donde se inicia el salto podemos ver el saliente del Brink of the Lower Falls, un mirador que visitaremos en un rato en lo que, ya avanzo, será mi parada favorita de la jornada y una de las más impactantes del viaje. Pasamos un largo rato extasiados, con la boca abierta y los ojos como platos escudriñando con la mirada cada punto de la cascada, así como la gran nube de agua que genera a sus pies y el arco iris que el sol proyecta sobre la piedra amarilla.

Damas y caballeros, las Lower Falls
Y junto a ellas, esperándonos el Brink of the Lower Falls
El mirador es estrecho, así que hay que pedir la vez
Pero tarde o temprano hasta el más tonto tiene su oportunidad
El Yellowstone River sigue su curso tras el salto

Llega el temido momento, el de deshacer los 328 escalones del Tío Tom para volver a subir hasta el aparcamiento. No tiene mayor secreto que tomárselo con calma, no vacilar en detenerse en todos los rellanos que uno desee y de paso girar la vista para seguir disfrutando del cañón. Y lo más importante, no confiarse y empezar a subir escalones de dos en dos como el imbécil de Alberto Bastos.

Todo lo que baja vuelve a subir...
Pero el ascenso también se recompensa con vistas
Recordad, niños: no hagáis como él

A la vuelta y antes de reemprender la marcha en coche, desde este mismo aparcamiento podemos asomarnos a las Upper Falls, la primera de las dos cascadas del río y claramente perdedora en la comparación. Merece la pena un vistazo furtivo, pero ni la altura ni el contexto pueden competir con lo que acabamos de disfrutar hace unos minutos.

Las Upper Falls sufriendo la comparación

Seguimos avanzando por el South Rim para enseguida alcanzar la parada de Artist Point. Prácticamente no hay ningún Parque Nacional que no tenga su "foto de portada". En el caso de Yosemite nadie le discute ese privilegio a Tunnel View. En Acadia probablemente habría que otorgárselo al faro de Bass Harbor. Y aquí, en Yellowstone, el trono estaría compartido entre el Old Faithful Geyser, la Grand Prismatic Spring o lo que tenemos ahora mismo frente a nosotros.

Un anticipo de Artist Point

Si bien con el Uncle Tom's Trail uno consigue maravillarse con la enormidad del río y su cascada inferior, es en Artist Point donde todos los elementos que hacen especial el Yellowstone Canyon se combinan en una sola imagen. Perfectamente centrada en la escena tenemos la catarata, cuyo sonido de litros y litros de agua impactando contra la base sigue siendo audible a esta distancia. A lado y lado, la característica roca amarilla parece no tener fin. Y unos trazos de verde por aquí y por allá, junto al intenso color azul del cielo, completan el momento. Este tramo del río es impresionante mires hacia donde mires, y una auténtica devoradora de tarjetas de memoria cuando tienes la cámara en la mano. Conviene indicar que el primero de los miradores, con aspecto más oficial y una amplia barandilla para asomarse, no es el más disfrutable. En su lugar hay que subir cuatro peldaños a mano derecha para acceder a otro saliente todavía más elevado y con un mayor ángulo de visión del espectáculo que es Artist Point.

El Cañón de Yellowstone desde Artist Point
Se nos va a quemar con tanto sol...
Evadirse, definición gráfica

Son las 12:15 cuando estamos de vuelta en nuestro coche, esperando a ponerse en marcha para abandonar el South Rim. Compartimos una cookie para matar el hambre y enfilamos el camino hacia el North Rim para completar la visita con los miradores al otro lado del río. Parece que el tiempo que nos faltó ayer, hoy nos va a sobrar para completar el plan que nos hemos trazado para la jornada.

Enseguida llegamos al inicio del sendero hasta el Brink of the Lower Falls y ojo, que es engañoso. Mientras el Uncle Tom's Trail se lleva la fama por lo exigente de sus escalones, este descenso de media milla y un desnivel de 600 pies te espera con una risa maliciosa, esperando a confiados turistas que no saben lo que les espera. El camino de ida se carga directamente en los gemelos, mientras que el de vuelta va derecho hacia los pulmones.

El inesperado camino hasta el Brink...

Pero nada de eso importa cuando tras 15 minutos alcanzas el mirador. ¿Sabéis ese momento en todo viaje en el que con la mirada puesta en el infinito esperas que el tiempo se detenga? Pues a mí me llegó aquí. Absolutamente todo es increíble en este balcón junto al inicio de la espectacular caída de la cascada inferior. El curso del agua en los metros inmediatamente anteriores al salto, el arco iris en el que trabajan codo con codo los rayos de sol y la nube de vapor en el fondo, las escaleras del Uncle Tom's camufladas en la pared del cañón frente a ti y, por supuesto, el impresionante caudal, velocidad y altura de las Lower Falls, un regalo para la vista y el oído. Si vienes a Yellowstone, pasa las noches que quieras en el hotel que quieras, visita los géiseres que te apetezca pero nunca, bajo ningún concepto, dejes de asomarte a este balcón en concreto. Las siguientes fotografías hacen lo que pueden, pero solo el video se aproxima mínimamente a la realidad de este lugar. Tal y como ocurre con otros parajes como el Gran Cañón del Colorado, no hay ojo artificial capaz de estar a su altura.

... y al fin, el mirador
Las aguas proceden del sur...
... y deben llegar hasta ahí abajo
¿Cómo? De la única manera posible
Las escaleras del Uncle Tom's Trail desde la distancia
El río sigue su curso tras brindarnos este espectáculo
Podríamos pasar el día entero aquí asomados
Sin lugar a duda: uno de los mejores momentos del viaje

Con paciencia y dando pequeños descansos a unas piernas que empiezan a cargarse, subimos el camino de regreso hasta el aparcamiento, con una propina en forma de vistas a las Upper Falls en los tramos finales. En el parking nos esperan, como en varias partes del parque, unos cuervos del tamaño de un niño pequeño que ni mucho menos parecen asustarse con la gente.

La próxima vez venimos en primavera...
Las Upper Falls, reclamando un poco de atención

Iniciamos la parte final de la visita al cañón, que consiste en terminar de recorrer la carretera de sentido único en el lateral norte para ir parándose en hasta tres miradores más. El primero de ellos es Lookout Point, en el que tras cuatro pasos podemos asomarnos una vez más a las Lower Falls con el añadido de poder distinguir perfectamente a la gente que permanece asomada en Artist Point.

Más Lower Falls, ahora desde el Lookout Point
Y el mirador junto a la catarata constantemente concurrido

El segundo de los tres miradores es Grand View, con diferencia el más flojo de todos si tu interés principal es el río y los saltos de agua. Desde aquí solo se pueden ver unos pocos metros del curso del agua mucho después de haber saltado, y la caída de agua solo se percibe por el sonido. Eso sí, incluso el peor de los miradores no está exento de los insufribles turistas asiáticos y su capacidad para quedarse plantados en plena vía de paso.

El Grand View se centra en el cañón y el río
No hay cataratas que divisar, pero tampoco desmerece
Y lejos, muy lejos, las aguas llegarán al Missouri River

El último de los miradores y nuestro punto y final en Yellowstone Canyon supone una pequeña decepción. El Inspiration Point, un saliente nuevamente con vistas a las Lower Falls, tiene su último tramo cerrado, probablemente por estar reforzando la pasarela y evitar tener que lamentar futuras desgracias.

El Inspiration Point no tiene mucho más que ofrecer

Se acabó Yellowstone Canyon y desde luego no ha decepcionado. A cambio de invertir simplemente una mañana, nuestros sentidos de la vista y el oído han quedado satisfechos. Pero el estómago tiene algo que decir. Se acercan las dos del mediodía y su rugir solo puede significar una cosa: hamburguesas.

Durante la preparación del viaje y lectura de varios diarios de gente que nos ha precedido, a la hora de comer un nombre destacaba por encima de los demás: Soda Fountain. Se trata de un local en el Canyon Village que emula la apariencia de los clásicos restaurantes "diner" americanos, y en el que al parecer las hamburguesas hacen justicia a la ambientación. Entramos al edificio y ya nos merece la pena incluso antes de comer, recibiéndonos una enorme tienda colindante al restaurante. Nos hacen esperar un poco para poder sentarnos, ya que una de las cinco barras que conforman el local está cerrada y eso perjudica sensiblemente el aforo.

Las islas de taburetes del Soda Fountain
Y la tienda de regalos anexa

Pero llega nuestro turno, y las "Classic Cheeseburger" no decepcionan en absoluto. Servidas en una cesta junto a unas patatas de corte fino y muy crujientes, tienen un buen tamaño, con una carne muy jugosa y perfectamente acompañada por el tomate, la lechuga, el pepinillo y el queso cheddar. Pese a entrarnos por los ojos cuando vemos al camarero traer varios para nuestros vecinos de barra, descartamos cerrar la comida con un batido de fresa. Cada hamburguesa, sin contar la bebida, nos cuesta diez dólares.

Patatas de notable, hamburguesa de excelente

Iniciamos la digestión perdiéndonos por los pasillos de la tienda anexa, incluido un pequeño supermercado en el otro extremo que puede ser un comodín en caso de necesidad. Consigo el primer imán para la nevera y una postal para enviar en algún momento, pero por ahora la "Operación dedal" de todos los viajes no termina de arrancar. Concluimos nuestra visita al Canyon Village con un Frozen Yoghourt confeccionado por nosotros mismos.

Turno ahora para desplazarse hacia el norte y tachar una de las pocas cosas que debimos posponer del plan de ayer. En el camino, el pequeño puerto de montaña que pasa junto al inicio del ascenso al Monte Washburn habilita una serie de apartaderos con magníficas vistas al valle.

Vistas lejanas al cañón según nos dirigimos al norte...
Por segundo día consecutivo, el clima nos acompaña
No hay dos millas seguidas sin un apeadero para disfrutar

Llegamos a Tower-Roosevelt y nos encontramos el aparcamiento a rebosar, pero no lo suficiente como para que debamos esperar demasiado. El paseo hasta el mirador de Tower Fall es de apenas un puñado de metros, y allí nos espera esta triple cascada que, pese a ser la más alta del parque, no luce tanto por el hecho de no poder contemplarse desde más cerca.

Las lejanas Tower Falls
Un considerable salto de agua, pero desde demasiada distancia

Ya es hora de regresar a casa y por el camino nos encontramos, al fin, el inevitable atasco por manada de búfalos en la calzada. Afortunadamente justo tras nosotros viene un todoterreno de los Rangers dispuesto a poner orden y echar a los animales colina arriba para que el tráfico se restaure. No podemos evitar imaginar al Ranger de turno haciendo aspavientos y dando voces al estilo "Eeepa! eeepa! Aaaamos p'arriba!" a los búfalos. Muchachada Ranger.

¡Rangers al rescate!
Los alborotadores, aceptando su derrota

De nuevo en pleno Hayden Valley deshaciendo las millas de esta mañana, a mano izquierda siguen viéndose pequeños patos surcando el río. Y claro, cuando hay patos en juego, nosotros debemos mover cielo y tierra para poder verlos. Nos apeamos en el primer sitio posible y caminamos hasta el tramo de orilla más cercano, pero esos malditos son escurridizos. Retomamos la marcha con nuevos búfalos a escasos metros del asfalto, que luego dan paso a aparcamientos a pie de río en los que la gente practica la pesca hasta las rodillas al estilo Will Graham en Hannibal.

La gente buscando búfalos, y nosotros a lo nuestro
Patos. ¡Patos!. ¡PATOS!
Los aparcamientos pasan de desiertos a abarrotados en minutos
La típica foto que sacas desde la ventanilla del coche

Ahora que está terminando el día para nosotros, podemos concluir que el tiempo que nos ha recibido en Yellowstone ha tenido dos caras: calor y sudores al sol, viento y fresco a la sombra. Imprescindible pasearse por el parque con una capa extra de quita y pon.

La jornada de hoy se cierra en forma de un círculo, parándonos por segunda vez en lo que fue el primer alto del camino por la mañana. LeHardys Rapids es a esta hora, con el sol ya más lejano y débil, menos vistoso para el ojo humano pero con nuevas oportunidades para el objetivo fotográfico. Pasamos un rato jugando con exposiciones altas mientras unos patos con cresta se lo pasan pipa navegando contracorriente para luego lanzarse a toda velocidad corriente abajo. Recogemos el equipo y volvemos al coche justo cuando empezaban a asediarnos ejércitos de mosquitos.

LeHardys Rapids, ahora escondido en la sombra
El pato al que le encantaba el rafting
Nuevas posibilidades fotográficas a esta hora del día
Estos dos pasaron un largo rato ahí, observando
Pocos turistas que quieran enfrentarse a los inminentes mosquitos

Más cansados de lo que esperábamos, regresamos al fin a nuestra cabaña del Lake Lodge. El rato que pasamos sentados en Soda Fountain nos relajó en exceso, y la tarde ha sido más dura de lo que estaba previsto. Nos espera nuestra cómoda cama y la calefacción lista para arrancar.

La tentación de no volver a salir al exterior es tan grande, que decidimos cenar los sándwiches de jamón y queso que hemos estado paseando todo el día. Lo hacemos viendo un nuevo capítulo de MasterChef USA, que dada nuestra costumbre de viajar siempre en las mismas fechas se ha convertido ya en una tradición durante nuestras aventuras. Tras la ducha, las 21:00 parecen una hora demasiado temprana para irse a dormir, pero quizás sea la opción más sabia tras haberse puesto en marcha poco antes de las 6:00 y con mucho cansancio acumulado en el cuerpo.

Nuevamente el sonido de la calefacción es el único ruido en el silencio de la noche, y tras un par de vanos intentos de anularlo con el ventilador que tiene la habitación, recurrimos a los tapones para los oídos que compramos hace un año en un Walmart de la costa este. Y son mano de santo: los 32 decibelios que consiguen atenuar son justo lo que necesitamos para conciliar el sueño y cargar las pilas para el día siguiente. Lo único que no consiguen aislar del todo es el sonido de truenos por la tormenta que ha aparecido poco después de llegar a la cabaña, en contrapunto a una jornada más de sol y cielos escarpados. No nos podría haber salido mejor.