Yellowstone: Firehole Canyon Drive, Norris Geyser Basin, Mammoth Hot Springs

Día 1 | 27 de agosto de 2014

Mapa de la etapa 1

La primera noche siempre cabe esperar no estar del todo sincronizado con el entorno. A las tres de la madrugada nos despertamos por primera vez, aunque con más o menos esfuerzo conseguimos volver a conciliar el sueño. Ya no es hasta poco antes de las siete de la mañana cuando volvemos a abrir los ojos esta vez de forma definitiva. En total habremos dormido entre seis y siete horas, pero son suficientes para sentirnos ya mucho mejor que tras la paliza de ayer. Ayuda lo cómodas que son las camas de este hotel Best Western de Pocatello.

Nuestra habitación en Pocatello
Y el baño, modesto pero suficiente

Nos duchamos y deshacemos la maleta lo mínimo posible para conseguir lo necesario para el día. Descubrimos que, dentro del neceser, la crema solar ha estado perdiendo parte de su contenido dejándolo todo perdido e impregnando el interior del equipaje de un aroma característico. Un primer desastre que provoca que deba tirar unas cuantas cuchillas de afeitar, pero afortunadamente la ropa estaba totalmente aislada y no ha sufrido daños.

Como nuevos tras esa ducha reparadora, salimos al exterior y lo primero que hacemos es cruzarnos con un pastor alemán que están sacando a pasear. No podía empezar mejor la cosa. En apenas unos minutos ya nos hemos reencontrado con la clásica hospitalidad norteamericana, y ya hemos dado los buenos días más veces que en todo lo que va de año en España.

Esa apetecible piscina interior que no podremos probar
Nuestro coche es el primero en retomar la marcha

Accedemos al comedor a mano derecha del vestíbulo del hotel y nos sorprende lo grande que es. Esperábamos una estancia más bien modesta, pero en su lugar nos encontramos con un buen montón de mesas dispuestas en un escenario de toque rústico. En uno de los laterales de la sala queda todo el material disponible para el buffet de desayuno incluido con la estancia.

Empiezo pulsando el botón de "Cappuccino" en la máquina, pero lo que sale de ella es una sustancia que no parece haber visto lo que es el café en su vida. Hay cosas que nunca cambian. Comenzamos el ansiado atracón que nuestros estómagos vienen pidiendo desde hace ya un buen rato. Gofres recién hechos tras verter el líquido en la plancha, tazones de cereales Fruit Loops, repostería variada, yogures... y la joya de la corona, unas patatas sazonadas servidas directamente desde una plancha todavía caliente y que están absolutamente increíbles.

Nos damos un buen homenaje en la medida que nos permite nuestro estómago europeo, lejos de lo que es capaz de ingerir la mitad o más de los huéspedes que nos acompañan durante el desayuno. Volvemos a la habitación para en cuestión de minutos volver a empacar las cosas que hemos ido requiriendo, volvemos a cargar el maletero del coche y nos dirigimos al vestíbulo para tramitar la salida. Ha sido una estancia demasiado corta para lo prometedor que resulta el hotel.

Ponemos en marcha el navegador GPS, y nuestra primera parada del día será en el Walmart de Chubbuck para conseguir las primeras provisiones. Antes regulo al fin la altura del asiento de conductor del Chrysler, y la diferencia es abismal. Ahora sí que puedo pasar largos ratos al volante, y lamento haber estado demasiado obsesionado con llegar al hotel anoche como para hacer una parada de emergencia para haberlo solventado antes.

Esto me encanta: un tirador para abrir el maletero desde dentro en caso de secuestro

Entramos al Walmart con la lista de la compra preparada, como si viniéramos todas las semanas. Nos reencontramos con esa sensación desagradable de cruzarnos con montones de empleados con una edad en la que lo que esperas es que estén jubilados y ya solo les quede disfrutar de la vida. Empezamos por la sección de ropa para comprar un par de prendas de emergencia por si el frío amenaza, y por la sección de ocio por mera curiosidad. Encuentro una estantería bien surtida de figuritas Funko Pop a apenas ocho dólares, prácticamente la mitad de lo que me costaría conseguirlas en España. En su mayoría son las de personajes de The Walking Dead como Rick, Daryl o Michonne, con algún invitado de excepción como Ned Stark. Me lo pienso, pero lo dejo ir. Si llegan a ser las anunciadas figuritas de los Guardianes de la Galaxia, no respondo.

Cuando iniciamos el paseo por los pasillos de alimentación nos topamos con una reunión de empleados. Perfectamente puede tratarse de entre 25 a 30 personas ataviadas con el uniforme de Walmart y recibiendo algún tipo de discurso motivador. Como sacado de una película y bastante intimidatorio.

Seguimos nuestro guión haciendo las compras básicas para poder echar mano de la nevera desechable para el coche en caso de que a la hora de comer nos encontremos lejos de cualquier establecimiento. Los pasillos y pasillos llenos de aberraciones calóricas y raciones monstruosas ya no son ninguna sorpresa para nosotros. Es un ejercicio sencillo calcular la proporción entre "cosas que me comería" y "cosas que no debería comer": todas. Pasamos por caja donde la empleada, una señora entrada en carnes pero con más conversación que kilos, pasa todo el proceso de rellenar las bolsas hablando de cómo su hija admira del trabajo de su madre eso de poder entablar conversación con gente de todo el mundo que hace sus compras mientras está de visita. De todo el discurso, me quedo con el triste dato de que la mujer, pese a vivir a tres horas de él, jamás ha pisado el parque de Yellowstone. Nada que reprochar: yo no vi el Parc Güell de Barcelona hasta pasados los 20 años.

Cargamos las compras en el coche, repartidas entre el maletero y la nevera tras el asiento del copiloto ya preparada gracias a un saco de hielo en el fondo, y nos ponemos al fin en marcha hasta nuestro destino del día. Tres horas nos separan de la entrada oeste del Yellowstone National Park. La mayor parte de la travesía es siguiendo la carretera 20, que nos ofrece mucha estepa con graneros a lado y lado y algún lago esporádico. Así hasta que empiezan a asomar montañas al fondo, la pendiente se incrementa y el paisaje empieza a ganar en tonos de verde. Un poco antes, un vistazo a la derecha nos deja intuir la silueta ahora diminuta del colosal Grand Teton, la cima de más de 4.000 metros de altura cuyas cercanías visitaremos en cuestión de días.

Ya estamos en marcha...
... y él también
Eso puntiagudo que parece tan pequeño, es el colosal Grand Teton

Apenas hemos empezado nuestra incursión en la montaña cuando ya nos topamos el primer tramo de "Road work". Una cosa que aprendes al hacer viajes itinerantes en los Estados Unidos es que van a estar permanentemente reformando o mejorando sus carreteras. La parte buena es que por ese motivo conducir por el país suele ser agradable, la parte mala es que irremediablemente encontrarás tramos donde el tiempo que tenías previsto para cruzarlo aumentará, lo que obliga a ser muy conservador al planificar las etapas. En este caso nos toca detenernos en un par de ocasiones en las que el tráfico de ambos sentidos está reducido a un solo carril, por lo que los vehículos solo pueden pasar por turnos. Lo hacemos acompañados de los carteles que señalan desvíos a puntos de interés del Targhee National Forest que estamos atravesando.

Primeras millas entre árboles...
... y siguientes entre prados

Aproximadamente a una hora del destino decidimos parar en una gasolinera para rellenar el medio depósito que hemos consumido, con la esperanza de que con ello el precio sea algo menor que si lo hacemos ya dentro del parque o a las puertas de él. Pagamos unos 26 dólares a 3,75 el galón, ya bastante por encima de los 3,60 o incluso 3,55 que habíamos visto en alguna gasolinera de Pocatello. Dado que pagar con efectivo es más barato que hacerlo con tarjeta, decidimos aprovechar la parada para conseguir unos un poco de "cash".

Para esta ocasión y por primera vez, hemos decidido no traer dólares ya cambiados desde casa, ahorrándonos así el trance de ir consultando bancos para conseguir el mejor cambio y descifrar los engañosos eslóganes de "sin comisiones" que en realidad deberían ser "te clavamos una comisión oculta en un cambio peor que el oficial". En su lugar, utilizaremos las tarjetas de nuestra todavía caliente y por estrenar cuenta en ING Direct para sacar dinero en cajeros, proceso en el cual ya hemos podido verificar que estaremos disfrutando de un cambio de divisa con un 2% de comisión sobre el oficial, y un fijo de 2€. Todo muy transparente, e incluso teniendo en cuenta ese par de puntos más favorable que el del resto de entidades financieras consultadas. El único añadido que debemos estudiar sobre la marcha es que algunos ATM (como se conocen aquí los cajeros automáticos) pueden cargar una comisión totalmente arbitraria, en el caso de esta gasolinera de 2,5 dólares.

Como tengo poca memoria y además cada gasolinera es un mundo, pregunto a la empleada de caja qué pasos debo seguir para llenar el depósito pagando en efectivo. Lo que debo hacer es dejar ya un depósito allí mismo, repostar y luego volver para o bien abonar la diferencia que falte o bien que ella me retorne la diferencia respecto a lo que ha costado realmente. Como no tengo ni idea de cuánto iba a costar, le dejo nada más y nada menos que 100 dólares de los que luego le toca devolverme 74. "Es una buena propina", me dice. Buen intento.

Retomamos la marcha, estrenándose esta vez L al volante. Todavía nos esperan unos tramos más de obras en la carreteras que nos dejan totalmente detenidos y con el sol dándonos de lleno a través de las ventanillas. Por ahora estamos disfrutando de un calor lejos de las bajas temperaturas que el Weather Channel venía anunciando para Yellowstone durante nuestra estancia. Según nos acercamos a nuestro destino, el paisaje se va tornando más y más destacable, con praderas que terminan abruptamente allí donde empieza la pendiente de colinas plagadas de árboles.

Son las 12:45 cuando dejamos el estado de Idaho para dar paso al de Montana. Nos quedan 35 minutos para alcanzar nuestro primer punto de interés. Llegamos a las calles de West Yellowstone, el pueblo más recurrido para pasar la noche durante la visita al parque si es que no has conseguido o decidido alojarte en su interior. Los precios que marcan las gasolineras son igual o incluso ligeramente más bajos que el que hemos pagado, por lo cual no nos ha salido demasiado bien la estrategia de repostar unas millas atrás. El pueblo intenta recrear un ambiente clásico y tiene encanto, si bien es demasiado evidente lo artificial de todas sus fachadas.

Las fachadas de West Yellowstone...
... coquetas, pero muy artificiales

Literalmente a las puertas del pueblo nos encontramos con las garitas para acceder al parque, precedidas por el inevitable cartel dándonos la bienvenida. Toca apearse para la foto de rigor y, como también ocurre siempre, hacer el favor a algún turista más para intercambiar fotografías. Acabo así con un pedazo de Canon 5D en las manos, acomplejado.

¡El primero!

Presentamos el "Annual Pass" de los National Parks conseguido gracias a pagarlo a medias con un compañero de trabajo, aprovechando así los dos espacios de firma autorizada que trae en el reverso. La estrategia nos permite acceder con él a todos los parques nacionales por tan solo 40 dólares, cuando la entrada individual a cada National Park oscila entre los 15 y los 25 dólares. El Ranger de la garita nos desea una feliz visita y nos entrega impreso el mismo mapa que llevamos semanas consultando en formato digital.

Nuestras primeras millas por las carreteras de Yellowstone van ya acompañadas de las primeras señales de "Cuidado con los búfalos", y un cartel en esta ocasión minúsculo anunciando que dejamos atrás Montana y estamos circulando ya por el estado de Wyoming. Empiezan a vislumbrarse colinas a lado y lado de la carretera y un río bien cargado de agua en paralelo a ella. Los primeros "Oooooh" y "Aaaaaah" del viaje no tardan en aparecer.

La gran mayoría de atractivos de Yellowstone se sucede a lo largo de la "Grand Loop Road", que es una extensa carretera en forma de ocho que atraviesa las zonas principales del parque. Accedemos a ella con la intención de no abandonarla en los próximos días, y lo primero que hacemos es recorrer varias millas hacia el sur para tomar la Firehole Canyon Drive, un desvío que solo puede recorrerse en un único sentido (de norte a sur) y que nos llevará hasta la primera catarata del viaje.

La Firehole Canyon Drive transcurre prácticamente unida al Firehole River, y no tardamos en sucumbir a la tentación de parar el coche en uno de los numerosos apartaderos habilitados para echar un vistazo al río, que en este punto pasa junto a una imponente colina de tonos oscuros. Nada más poner los pies en tierra vemos como escapa entre la maleza una pequeña, pequeñísima serpiente. Somos especialmente intolerantes a estos bichos, pero dado que su tamaño lo asemeja más a un gusano grande, nos da menos impresión de la que esperábamos.

Convencidos de que lo que está por venir lo dejará en pañales, el sitio escogido para nuestra primera parada resulta precioso. El agua está evidentemente fría, pero no hasta el punto de conseguir que te duelan las manos al sumergirlas.

Nada mal para nuestra primera parada
El Firehole River rumbo al norte
Menos fría de lo esperado

Retomamos la marcha para enseguida alcanzar el amplio parking de la primera parada oficial, de esas que vienen marcadas en los mapas. Un elevado mirador nos presenta las Firehole Falls, una abundante caída de agua perfecta para ser contemplada en compañía de un sándwich hecho a partir de los víveres que hemos comprado. De postre una cookie de chocolate blanco y nueces de macadamia, y ya tenemos el mediodía hecho por muy poco dinero y sin haber perdido prácticamente tiempo en detrimento de la visita turística.

Las abundantes Firehole Falls
Su agua procede del Madison Lake y se dirige hacia el Gibbon River
Un buen sitio para almorzar

Finalizamos el recorrido de las dos millas que dura la Firehole Canyon Drive, pasando antes junto a una "zona de baño" atestada de coches y desde la que se puede ver una ingente cantidad de valientes metidos hasta el cuello en una sección profunda del río. Deshacemos la pequeña distancia recorrida para ahora, rumbo al norte, iniciar el camino hasta la zona de Norris.

Paramos en el camino en las que van a ser nuestras primeras piscinas termales y un pequeño géyser, Terrace Spring. Caminamos sobre la primera de muchas pasarelas de madera que nos esperan en el parque para llegar a una piscina humeante que en una esquina esconde un constante chorro en ebullición. Unas monstruosas libélulas se cruzan por aquí y por allá, acompañadas de un fuerte sonido fruto de su aleteo. En los pequeños surcos que traza el agua a su salida de la piscina, las orillas consiguen tonos naranja oscuro fruto de las bacterias que allí se acumulan. Y esto, comparado con lo que está por venir, no es nada.

Terrace Spring, nuestro primer contacto geotermal
Las bacterias dejan curiosos colores en las orillas
No sé qué es, pero quiero meterme

Regresamos al coche decidiendo definitivamente que alguien en el Weather Channel necesita una reprimenda. Esperábamos temperaturas nunca superiores a los 20 grados, y en su lugar estamos sudando de lo lindo. Afortunadamente tenemos a mano nada más abrir la maleta unos pantalones cortos para sustituir a unos tejanos que claramente no eran la opción adecuada para el día de hoy.

Nuestro periplo hacia el norte se encuentra ahora con las Gibbon Falls, otra cascada esta vez del río Gibbon y con un mirador habilitado a pocos metros del aparcamiento. Por dimensiones y caudal es muy similar a la de Firehole, pero en esta ocasión podemos seguir el curso del río hasta mucho más allá, donde se pierde en un frondoso bosque y en compañía de un cielo que hoy resulta inmejorable, de un azul intenso contrastado por pequeños bancos de nubes.

Las Gibbon Falls... no, no son las mismas de antes
Aquí el Gibbon River sigue hacia el este entre la vegetación
Los verdes de Yellowstone se pierden en el horizonte

Como el tiempo y las distancias no parece que vayan a estar de nuestro lado el día de hoy -nos pusimos en marcha más tarde de lo previsto, pero el descanso era prioritario- decidimos pasar de largo Beryl Spring, otra caldera que desde la carretera ya ofrece una nada despreciable columna de vapor que se eleva varios metros. El olor tan característico de estas aguas en constante ebullición llega hasta el coche. Algunos foreros lo definían como huevos podridos, pero a nosotros se nos asemeja más a huevos cociéndose o a amoniaco. Y resulta mucho menos desagradable de lo que creíamos.

Una parada más antes de alcanzar la zona de Norris. Esta vez con el objetivo de recorrer la milla y media que supone Artist's Paint Pots, un paseo circular por una zona termal que tiene como estrella un balcón elevado y la primera de nuestras piscinas de barro burbujeantes. Aquí el olor se acerca más al de los monchitos, y viajo 15 años al pasado. Contemplar como las burbujas emergen y explotan en la espesa sustancia gris es hipnótico.

Empezando el recorrido de Artist's Paint Pots
Hasta llegar a un mirador donde ver toda la zona
Aguas termales emergiendo por todas partes
Y al final, una piscina de barro con constante actividad
Observar las burbujas salir del barro es hipnótico

Ahora sí, alcanzamos el aparcamiento del Norris Geyser Basin. Nos espera aquí una de las varias concentraciones de fenómenos geotermales del parque. Pasamos antes por el baño, que resulta ser un hoyo excavado en la tierra sobre el que han colocado un inodoro. Afortunadamente los productos químicos con los que lo tratan ocultan todo olor que pueda subir hasta la caseta, pero lo que no pueden evitar es que con la luz disponible puedas distinguir perfectamente lo que hay ahí abajo. Precioso.

Norris tiene dos rutas definidas, el "Back Basin" y el "Porcelain Basin". Nuestras notas previas dicen que recorrer el primero puede llevar unas dos horas. En nuestro caso resultarían algo menos, si bien es verdad que si tu pasión o conocimiento por la geología es mayor y te detienes varios minutos en todos y cada uno de los fenómenos que te esperan, puedes sobrepasar tranquilamente esa duración. Nuestro primer alto en el camino es en la Emerald Spring, una notable piscina humeante de tonos azulados. Cuando el viento viene hacia nosotros, el olor a huevos se hace más evidente. Pero lo más impactante es el golpe de calor que sufres al recibir todo ese vapor de agua que trae el viento.

La cosa se pone seria, empiezan las piscinas grandes
Y al fin el olor a huevos cocidos
Cuando el vapor lo permite, los colores parecen irreales
Las pasarelas dictaminan por donde atravesar las cuencas

Turno a continuación para el Steamboat Geyser, una caldera explosiva pero muy esporádica cuya última gran erupción está registrada hace más de un año ya. En un capricho del destino, días después leeríamos en las redes sociales como empezaba un nuevo ciclo de erupciones. Y sí, como veréis en las imágenes, los carteles que etiquetan a cada fenómeno utilizan como fuente Comic Sans.

El Steamboat Geyser, en calma chicha...
... hasta que días después se decidió a erupcionar

Seguimos con las paradas de Cistern Spring y Echinus Spring, esta última una piscina de agua ácida. Junto a ella otra pequeña caldera que emite un sonido más propio de una sartén con aceite hirviendo.

Cistern Spring, seguimos con el espectáculo de colores
Como en Echinus Spring, aunque personalmente prefiero los azules
Esto sonaba como una sartén quemando aceite
Ahora no...
... ahora sí. Y así todo el rato.

El "Back Basin" de Norris tiene dos itinerarios, el recorrido "corto" y el "largo", que no es más que el corto trazando un arco adicional para visitar algunos fenómenos más. Nosotros hacemos el corto pero haciendo y deshaciendo unos pocos metros de ese añadido y poder alcanzar así el Vixen Geyser, que acaba resultando nuestro géiser favorito de la zona. Una abertura no excesivamente grande en el suelo pero que despide de forma constante chorros de agua que se elevan hasta tres o cuatro metros. Igualmente hipnótico.

Una sorpresa inesperada, el alegre Vixen Geyser
Me lo veo venir...
No llego

Concluimos que el gran atractivo de Norris, aparte del interés individual de cada fenómeno, es que se trata de una superficie muy abierta y sin obstáculos. Gracias a ello es raro que en un momento cualquiera no puedas identificar en alguna parte del paisaje una columna de vapor o un chorro de agua elevándose al cielo.

El regreso hacia el aparcamiento por el camino más al oeste nos depara la última parada del itinerario: el Minute Geyser. O como deberían rebautizarlo, "la prueba material de que los seres humanos somos estúpidos y no merecemos esta naturaleza". El Minute Geyser expulsaba sin cesar chorros de hasta 15 metros de altura a cada minuto, pero se alteró drásticamente cuando los visitantes del parque lo llenaron de rocas que lanzaban a él como si estuvieran jugando al baloncesto. Ahora no es más que un recuerdo de lo que era, y si bien se percibe una actividad intensa en forma de vapor, ya no hay rastro de ese chorro que quería volar. Lo dicho, somos gilipollas.

Minute Geyser, asfixiado por la ignorancia
De no ser por el vandalismo, L no podría estar tan cerca
Los colores del Minute Geyser son impresionantes

Terminamos así nuestro recorrido por la primera gran zona geotermal, durante el cual apenas hemos coincidido con tres o cuatro personas en alguno de los puntos de interés. Probablemente otras zonas del parque más populares sean otro cantar, pero de momento podemos decir que tenemos el parque prácticamente para nosotros solos. En el regreso al aparcamiento nos asomamos furtivamente al Norris Museum, desde el cual tenemos una vista elevada al recorrido del Porcelain Basin. Sin embargo y pese a que su duración es mucho menor, decidimos descartarlo en favor de otros puntos que tenemos anotados con mucha más prioridad durante la etapa.

Esto es lo más cerca que estaremos del Porcelain Basin

Quedan tres horas para que atardezca, lo que significa que probablemente en poco más de 120 minutos algunas zonas del parque ya quedarán totalmente en la sombra. Anteriormente hemos podido ver que en el camino que nos queda hasta la zona de Mammoth nos esperan tramos de obras en la calzada, por lo que definitivamente no va a bastarnos el tiempo restante para todo lo que falta cubrir de la agenda. Decidimos que los últimos hitos de la etapa, por la zona de Tower, quedan aplazados para la jornada de mañana. De ese modo nos garantizamos recorrer sin prisas la zona de Mammoth, a la cual es preferible no tener que acudir en días futuros si queremos ahorrarnos un buen puñado de millas.

Efectivamente las obras en la carretera no tardan en aparecer. Nos toca esperar unos diez minutos a que sea nuestro turno de recorrer el tramo de un solo carril, y lo que debería ser media hora hasta el siguiente destino se convierte en 45 minutos. Nos plantamos, al fin, en el aparcamiento para visitar las "Upper Terraces".

Mammoth Hot Springs es una zona más de fenómenos geotermales distribuidos a lo largo de la pendiente de una colina, por lo que se habilitan lo que son las "vistas superiores" y las "vistas inferiores". Las primeras consisten en un pequeño recorrido que se hace en coche, el cual conviene hacer antes según nos aproximamos desde el sur para no tener que deshacer luego parte del camino. La ruta en coche va acompañada de unos apeaderos en los que iniciar breves paseos. El primero de ellos, y el que a la postre para nosotros será motivo único para haber hecho este recorrido, es el de Canary Spring.

Canary Spring es una grata sorpresa, y uno de los puntos a los que menos justicia hacían las fotografías consultadas antes de venir. El momento del día, con la luz del sol bañando toda su curiosa superficie de tonos claros e incluso puramente blancos también hace mucho en su favor. Recorremos sus pasarelas de principio a fin, disfrutando del breve susurro del agua que va descendiendo por su pendiente. Un lugar encantador.

Así comienza el paseo por Canary Spring
Metros y metros de blancos minerales
Clima perfecto, paisaje estupendo...
El paisaje en conjunto es difícil de encontrar en otra parte
Marrones, blancos, grises, verdes...
Panorámica de Canary Spring
No nos podemos resistir, esto merece un retrato en pareja
¿El cacharro este funciona?
Al final de la pasarela, puede verse caer el agua que provoca todo el fenómeno

El resto de las "Upper Terrace" es mucho más discreto. Una serie de paradas con el coche para un puñado de macizos de roca y de hoyos geotermales pero en su mayoría inactivos. Para colmo la naturaleza del recorrido provoca que, si un coche delante tuyo se va deteniendo en puntos que tu quisieras pasar de largo, no te queda más remedio que esperar a que termine o bien su conductor tenga la consideración de apartarse y dejarte pasar cuando la vía lo permita.

Una de las pocas paradas adicionales en la Upper Terrace Drive

Turno ahora para alcanzar el aparcamiento de la "Lower Terrace" y ponernos en marcha. Lo peor que te puede pasar en este área es que no lleves muy bien eso de subir muchos escalones en muy poco tiempo. Gran parte del recorrido es subiendo más y más, hasta llegar a conectar con el aparcamiento de las Upper Terrace que habíamos dejado atrás hace unos minutos. Moraleja: si quieres disfrutar de Canary Spring y no sufrir la maldición de los escalones, llega a ella desde la terraza superior.

Mammoth, desde las Lower Terrace

Palette Spring, todavía en la zona de Lower Terrace, es otro lugar diferente, digno de visitar. Siguiendo el pequeño camino que nace en el Liberty Cap, se trata de una caída abrupta de esa sustancia rocosa y blanca que caracteriza toda la zona. Cae algo de agua sobre ella, no demasiada pero más de la que dejan entrever las fotografías. Eso sí, es mucho más aconsejable visitarlo por la mañana, cuando los rayos de sol impactan sobre la superficie y deben provocar un interesante reflejo lleno de brillos.

El Liberty Cap, que en su día expulsaba agua varios metros al cielo
Palette Spring, otra estrella de Mammoth
El atardecer no es la mejor hora del día para visitarlo
A la luz del sol, la variedad de tonos y reflejos debe ser mucho mayor
Pese a todo, sigue siendo otra rareza más a visitar

Nos ponemos ya en marcha para completar esta parte superior de la Grand Loop y llegar al que será nuestro hogar los próximos cuatro días, creyendo que la jornada no da más de sí y no hay más que podamos visitar. Craso error: mucho antes de lo que esperábamos, el parking de las Undine Falls nos invita a hacer un último esfuerzo. Prácticamente a pie de carretera, un mirador elevado nos presenta en la distancia una caída de agua de mucha altura. Recomendable, aunque personalmente disfruto mucho más de las cascadas a las que uno puede acercarse hasta el punto de recibir salpicaduras.

El flujo incesante de agua en las Undine Falls
Solo desde esta distancia se valora toda su longitud

Llegan ya las 20:00 cuando al fin a pocos metros de la carretera conseguimos divisar un búfalo. Extraño que se haya hecho de rogar a sabiendas de que estos animales se cuentan en el parque por miles y son los amos y señores de la zona, provocando numerosos atascos cuando deciden cruzar o directamente plantarse a ver pasar las horas en medio de la carretera.

A medio recorrido de este cuadrante noreste del Grand Loop paramos en el Roosevelt Lodge, en la zona de Tower. Consultamos la carta del restaurante en el exterior y decidimos seguir la marcha, desmotivados por los altos precios y poca variedad que nos presenta. Recorremos, ya de noche, las suntuosas curvas que nos lleven hasta la zona de Canyon, la que más cerca pasa del Yellowstone River. A los esporádicos búfalos de las inmediaciones se les suma ahora una pareja de ciervos hembra que cruzan a toda velocidad la calzada. Pasamos junto a lo que sería el punto de inicio de la excursión de entre 3 y 6 horas a la cima del Monte Washburn, con luz suficiente para determinar que nuestra forma física no está preparada para esa empresa.

Son las 20:50 cuando alcanzamos, ya completamente a oscuras, el aparcamiento del Canyon Village. Vamos directos hacia el Soda Fountain, un restaurante del que recomiendan encarecidamente las hamburguesas. Sin embargo el local está cerrado desde las 20:30, una hora antes de lo que creíamos tras comprobar que el Roosevelt Lodge permanecía abierto hasta las 21:30. En cambio todavía permanece abierta la cafetería del propio Canyon Village, por lo que tras consultar su más asequible y apetitosa carta decidimos adentrarnos en ella.

Nos hacemos con sendos sándwiches calientes acompañados de una muy generosa ración de patatas chips y un refresco por 21 dólares. Cuando pienso en qué bocadillo coger, el empleado me da a probar la salsa del "Buffalo Chicken" y el infierno que se desata en mi paladar me convence de que me pida otra cosa. Por ejemplo, el "Mahi Mahi Sandwich", que es de pescado. Por desgracia no tiene mucho sabor, y todo su atractivo acaba recayendo en la salsa tártara y el pepinillo con el que los he acompañado. Sí está mucho mejor el bocadillo de cerdo desmenuzado con salsa barbacoa de L, aunque se deshace a cada bocado y es prácticamente obligatorio comerlo con tenedor.

Nuestra primera cena, buscando una opción viable a estas horas

Nos queda media hora más de camino totalmente oscuras hasta, al fin y de una vez por todas, alcanzar nuestro nuevo hogar en el Lake Lodge, el alojamiento "de bajo coste" junto al Lago Yellowstone. Dormir dentro del parque es una empresa que requiere dos cosas: mucha antelación, y normalmente mucho dinero. La gran ventaja del Lake Lodge es que anulas el segundo factor, ya que por 79 dólares (impuestos aparte) tienes una pequeña cabaña para dos personas a pocos metros del lago y en pleno corazón de Yellowstone. Lo que no puedes evitar es tener que planificar tu visita con tiempo suficiente para no intentar reservar noche cuando las plazas estén agotadas, cosa que en nuestro caso ya ocurría cuando todavía faltaban cinco meses para iniciar el viaje.

El vestíbulo del Lake Lodge es impresionante, amplio, rústico, y acogedor en sintonía con las chimeneas que lo presiden. Tramitamos rápidamente la entrada, recibiendo una llave para la cabaña E11 e indicaciones para llegar hasta ella claramente insuficientes, ya que pasamos un buen rato buscando puerta a puerta con ayuda de una linterna cual es nuestra caseta. La encontramos finalmente y comprobamos al entrar que uno obtiene lo que paga. Es una cabaña muy austera y pequeña, pero con el importante aliciente de una calefacción que claramente parece funcionar cuando ponemos nuestros pies sobre la moqueta.

Son las 22:30, y aunque sobre el papel todavía deberíamos tener alguna reserva de energía para cosas como deshacer equipaje, etc. decidimos que es hora de probar esa pequeña cama que nos está esperando. Tras una ducha y afeitado (la última vez que me afeité en una cabaña me dejé un trozo de ceja por el camino, esta vez hubo más suerte) es hora de echar el cierre y despedirnos de Yellowstone por hoy. Mañana nos estará esperando con más y probablemente aún mejor.