Regreso a Mallorca

5 de mayo de 2013

Nuestra última noche en Madrid repite el mismo patrón que la penúltima. Pasada la medianoche, nuestros ruidosos vecinos de planta llegan acompañados de una banda sonora de gritos y carreras. Pero esta noche venía con un extra: algo más tarde empezaba el desfile de tacones de los invitados a una boda que volvían del banquete. En fin, estas cosas pueden pasar sin que los responsables del hotel puedan hacer mucho por impedirlo.

Tenemos unos tiempos muy holgados para despertarnos, ducharnos y dejar el equipaje lo más preparado posible antes de regalarnos un mega-desayuno en el Juicy Avenue. Por un precio que oscila entre los 9 y los 11 euros según la elección exacta y solo los viernes, sábados y domingos, cada uno tenemos que elegir entre: una bebida fría (smoothie, yogur helado, zumo…), una bebida caliente (café, en su mayoría), un surtido de bollería y un plato principal, que en el caso de L es una crepe salada y en el mío un bagel con queso cremoso con mermelada.

Cuando llega el turno del bagel ya casi no puedo probar un bocado más. Eso sí, me quedo totalmente fascinado con el yogur helado, al que sospecho voy a aficionarme más a menudo este verano. La idea era desayunar fuerte para no necesitar comer más hasta estar en casa, y creo que lo hemos conseguido.

Nuestros últimos momentos en Madrid los acompaña un día totalmente primaveral, con cielo azul radiante y una temperatura agradable para quitarse la ropa de abrigo. Para evitar coger más transportes, decidimos despedirnos de la capital desde un banco en la Plaza de Colón, en un pequeño parque habilitado sobre el Teatro Fernán Gómez. Pasamos un rato agradable con el Paseo de la Castellana libre de tráfico a nuestros pies.

  • Los últimos minutos en Madrid

Poco más queda que hacer: subir a la habitación, cepillarse los dientes, recoger el equipaje y tramitar la salida del hotel. Hay que poner rumbo a Barajas.

Nos encontramos una pequeña y desagradable sorpresa al acceder al metro. El abono turístico, que nos hubiera validado el trayecto hasta Barajas, tiene una duración de 3 días pero medida de forma poco rigurosa, así que aunque no hayan pasado 72 horas desde que lo compramos ya está caducado. Debido a ello pagamos la novatada de comprar otra vez billetes simples con suplemento para Barajas, otros 9€ que apuntar en la columna de gastos.

Del metro a la cola de embarque sin mayores incidencias. Últimamente me encuentro amigos y compañeros de trabajo por todas partes, y rizar el rizo es encontrarme a un colega de la oficina mientras espero a que Ryanair inicie el embarque.

Durante el vuelo, el personal de la compañía se queda sin cambio para una señora que se ha comprado un café y pregunta por megafonía si alguno de los pasajeros puede canjear un billete de 50 euros. Como remate final, el clásico mensaje de apagar los dispositivos electrónicos va acompañado con un “todos los Iphone, Ipad, Ipod y demás ‘ai’ deben apagarse”.

Ha pasado alrededor de hora y media cuando la furgoneta de Park & Fly nos recoge a la salida de la terminal de Son Sant Joan para dejarnos en las oficinas de la compañía. Allí me cobran 20€ por los cuatro días (no completos) que el coche ha pasado aparcado. Menos gracia me hace que, al contrario de lo anunciado en su web, no han aprovechado ese tiempo para pasarlo por el túnel de lavado.

Llegamos a casa pasado el mediodía, 3 días y medio después de que madrugáramos para disfrutar de la gran ciudad. Y creo que lo hemos conseguido.

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