Real Sitio de Aranjuez, Kilómetro Cero, Teleférico de Madrid

3 de mayo de 2013

Despertamos antes de lo que el cansancio acumulado requiere, pero hace demasiado calor en la habitación. Tendremos que investigar en recepción qué demonios pasa con el aire acondicionado en este hotel.

Arrancamos la segunda jornada en el más cercano de los Starbucks a nuestro alcance, no sin antes casi derrumbar las puertas del local al intentar abrirlas antes de que el camarero retirase el travesaño con el que protege las puertas antes de la hora de apertura. En la calle hace frío, pero eso no me frena para pedirme un exquisito frapuccino de café bien helado. Y para rematarlo una de esas puñeteras cookies de chocolate que me van a costar la salud. El muffin de fresa y un café leche servido en una taza descomunal para L tampoco se quedan atrás.

  • Cogiendo fuerzas en Starbucks
  • Fuerzas restablecidas

En un estudio sociológico sobre el postureo, observamos a la gente que pasa frente al local y, antes de que lo hagan, acertamos quién va a entrar y quién no. Somos adictos a Starbucks como los que más, pero hay que reconocer que esta franquicia arrastra una fauna urbana a la que detectas a cientos de metros.

Nos ponemos en marcha y, previa escala en metro hasta Nuevos Ministerios, compramos pasajes de ida y vuelta en Cercanías de Renfe hasta la localidad de Aranjuez, a unos 50 kilómetros de distancia al sur de Madrid. El transporte nos cuesta 7,90€ por cabeza.

Tras algo menos de una hora de trayecto atravesando solanas, e incluyendo cruzar literalmente entre Pinto y Valdemoro, nos plantamos en la Avenida de Palacio, parte incluyente del histórico Camino Real. Una amplia avenida con lujosos unifamiliares a un lado y modestos bloques de piso al otro, y que tras 10 minutos nos deja en bandeja los jardines del Palacio Real de Aranjuez. El Real Sitio de Aranjuez tiene su origen en la época de los Reyes Católicos, si bien no es hasta el siglo XVIII cuando las obras en su día detenidas se reanudan y empieza a utilizarse con mayor regularidad.

De momento las instalaciones nos dan la bienvenida casi desiertas, con apenas 2 o 3 personas paseando a sus mascotas alrededor de los jardines. La temperatura está subiendo, lo cual sumado al sonido de pajarillos convierte al escenario en muy agradable. Rodeamos el Palacio intentando identificar su acceso principal, y al hacerlo pasamos junto al reducido y coqueto Jardín del Rey.

  • Patio de caballerías
  • Rodeando el Palacio de Aranjuez
  • Rodeando el Palacio de Aranjuez
  • Jardín del Rey
  • Jardines frente al Palacio

Para colmo, nuestros primeros pasos por los jardines que rodean el Palacio nos llevan a caminar junto al río Tajo, y en él nos esperan hordas de patos en lo que para ellos debe ser equivalente a un balneario en el Caribe.

Convendría recalcar en este momento que tanto L como yo tenemos devoción por ciertos animales, y uno de ellos son los patos. Eso justifica en parte que pasemos aquí, junto al río, una larga media hora observándolos, fotografiándolos, divirtiéndonos con ellos y lanzándoles los trozos de pan que encontramos por el paseo.

  • ¡Patos! ¡Patos! ¡Patos!
  • Twitter debe saber que hemos encontrado patos
  • Patos en el Real Sitio de Aranjuez
  • A la caza del pedazo de pan
  • El río Tajo a su paso junto al Palacio

Quizás sea la emoción por los patos o la absoluta falta de orientación, pero el caso es que contra nuestros planes iniciales, nuestro camino atravesando jardines nos está alejando más y más del Palacio y no hay atisbo de que encontremos en breve un atajo para regresar hasta él. Así que, dado que ya deben haber abierto sus puertas, damos media vuelta y vamos acercándonos a las instalaciones atravesando más parterres, estatuas y fuentes. Todos los jardines conservan muy buen aspecto, probablemente debido a la gran inversión en mantenimiento. Ya desde primer hora se ve a jardineros y otro personal de mantenimiento por todas partes.

  • El río Tajo a su paso junto al Palacio
  • Recorriendo los Jardines
  • Recorriendo los Jardines
  • Recorriendo los Jardines
  • Recorriendo los Jardines
  • Rodeando el Palacio de Aranjuez

Encontramos esta vez sí el acceso al Palacio --lo habíamos pasado de largo accidentalmente- y nos espera un poco de cola para llegar al mostrador. No se permite realizar absolutamente ninguna fotografía en los interiores, y las habitaciones privadas son solo accesibles para las visitas guiadas. Siendo un patrimonio nacional ya me parece discutible el hecho de cobrar entrada, pero estas normas adicionales y la imposibilidad de no hacer fotos -entendería prohibir simplemente el flash- me indignan y decepcionan a partes iguales. Pagamos los 9€ por persona que cuesta la visita básica y dejamos las mochilas, cámara incluida, en la consigna antes de pasar al interior del recinto.

La visita al Palacio consiste en atravesar de forma ordenada una tras otra las distintas estancias que lo componen, todas ellas muy variadas e históricamente interesantes. En cada estancia se dispone de un pequeño cartel informativo, algo escueto pero que pretende ser una mera introducción de una orientación más amplia previo pago de una audioguía de alquiler. Vamos atravesando despachos, salas de descanso, salas de estar y salas del trono, y L parece ser la única visitante que comprende que las vistas que tenía cada estancia también tienen un interés histórico, ya que es la única que se asoma tras las cortinas.

La fase final de la visita consiste en dos salas que exponen, en la primera, los trajes que llevaron en momentos relevantes el Rey Juan Carlos y el Príncipe Felipe, y en la segunda los trajes de novia de la Reina Sofía, ambas Infantas y la Princesa Letizia. Me parece un lugar muy forzado donde exponer algo así, ya que el único nexo de unión es tratarse de pertenencias de la realeza española, pero en contextos históricos muy distintos y separados por demasiados años. La tienda de regalos de tránsito obligatorio para alcanzar la salida es una tontería mayúscula.

Sobra decir que, pese a mi intención de omitirla, es imposible sortear la prohibición de no hacer fotos en el interior. Ni una sola estancia quedaba libre de la mirada atenta de algún empleado de seguridad, y de cámaras de vigilancia convenientemente camufladas. El mero hecho de hacer la intención de fotografiar algo con el móvil provoca que te llamen la atención. Así que me desquito parcialmente y, tras recoger mi mochila en consigna, me asomo a la plaza previa a la entrada al Palacio para, allí sí, hacer unas cuantas fotos.

  • Fachada principal del Palacio de Aranjuez
  • Fachada principal del Palacio de Aranjuez
  • Fachada principal del Palacio de Aranjuez
  • Fachada principal del Palacio de Aranjuez

Solo al empezar a abandonar el recinto me doy cuanto de cuál era el punto estratégico para hacer la tradicional foto del Palacio presidido por la Plaza de la Caballería. Sin embargo, los horarios de Renfe nos indican que si no estamos en la estación en los próximos 10 minutos deberemos esperar otros 35, así que preferimos no detenermos y enfilar el Camino Real de vuelta. Llegamos a la estación con solo 2 minutos de margen y el tren ya esperándonos en el andén.

Ya de vuelta en Madrid, esta vez ninguna moqueta nos priva de pisar el Kilómetro Cero en la Puerta del Sol. Mucha gente por la calle, se nota el puente y que el tiempo acompaña. Nos cruzamos, y ya van unos cuantos, con otro perro de raza beagle tirando de la correa. Se deben haber puesto de moda, y no tengo ninguna queja: junto a pastores alemanes, es mi raza de perro favorita.

  • Kilómetro cero en la Puerta del Sol
  • La calle Callao, abarrotada
  • Quiero uno
  • Ambiente festivo en la Puerta del Sol

Avanzamos por la Calle de Alcalá y, lo que de lejos nos parecía un edificio que destacaba sobre el resto y debía ser importante, resulta ser la sede central del BBVA. Empezamos a buscar un sitio dónde comer, y uno de los menús anunciados en el acceso a una calle secundaria nos convence. Avanzamos por dicha calle, y resulta que se trata de un local portugués... también podríamos haberlo deducido a partir del nombre, "A Casa Lusitana".

  • Ascendiendo por la Calle Alcalá
  • A Casa Lusitana, menú del día a buen precio

Comemos de menú por 10€ cada uno, en un ambiente muy familiar. Sin preguntarlo directamente, apostaría a que el hombre tras la barra era el padre de familia, la camarera su esposa, y una chica que se paseaba por el local su hija. No me extrañaría que en los fogones estuviera otro de sus hijos. El menú es correcto, y la increíble tarta de queso del postre lo eleva a muy bueno.

Para nuestro próximo objetivo tenemos una ventana de tiempo de 50 minutos. En la misma Calle Alcalá, el edificio del Círculo de Bellas Artes vende entradas para acceder a su terraza, supuestamente con buenas vistas de la ciudad. Sin embargo son las 14:10 y a las 15:00 se cierra el acceso hasta más tarde, por lo que no tenemos tiempo que perder. A paso ligero llegamos enseguida y pagamos 3€ (2€ si vas acompañado de Carnet Joven) para tomar el ascensor.

  • Edificio del Círculo de Bellas Artes

En la terraza nos espera una buena vista al skyline de Madrid. No es el de Manhattan, pero no está mal. La en mi opinión excesiva barandilla de seguridad impide acercarse al borde de la terraza y tener mejores vistas de las valles colindantes. Lo más cercano que podemos disfrutar es la cúpula del Edificio Metrópolis, mientras que las vistas a más larga distancia nos permiten distinguir, entre otros, Torre España, las Torres KIO, el Edificio de Correos, las nuevas Cuatro Torres, parte de las instalaciones del Museo del Prado o la enorme bandera de la Plaza de Colón. Allá donde se pierde la mirada, la sierra madrileña nos saluda todavía bañada de nieve en sus cotas más altas.

  • En la azotea del Círculo de Bellas Artes
  • Edificio de Correos
  • Las Torres Kio y las Cuatro Torres
  • Edificio Metrópolis
  • Tejados y la sierra de Madrid
  • Un descansito
  • Paseo del Prado
  • Panorámica desde la azotea del Círculo
  • Edificio Metrópolis
  • Plaza de Colón

De vuelta a pie de calle caminamos varios metros para lanzar una mirada furtiva a la Plaza de Cibeles, con su estatua madridista, el Banco de España y el Edificio de Correos. Pasa por aquí la línea 37 del autobús que nos deja cerca del hotel para hacer una parada para descansar. Un baño y una siesta reparadora es lo que mejor nos viene para poder aprovechar el resto de la tarde y noche.

  • Banco de España
  • Edificio de Correos

Deben ser alrededor de las 18:00 cuando nos dirigimos en metro a la zona de Moncloa. El objetivo es buscar una tienda de té que nos había recomendado Eva, la propietaria de uno de los nuestros lugares preferidos de Palma, el Café Barroco. Localizamos la tienda pero no tenemos éxito en nuestra misión de encontrar té rooibos de fresa y plátano. No desaprovechamos la ocasión para llevarnos un par de mezclas para probar en casa.

  • No hubo suerte

De vuelta a las calles principales de la zona concluimos que es un lugar agradable. Una enorme edificación resulta ser el Cuartel General del Ejército del Aire, presidida por un avión frente a la entrada. Y junto a él, se inicia el descenso en paralelo al Parque del Oeste, otra muy agradable extensión de naturaleza en plena ciudad.

Como el teleférico se encuentra a apenas varios minutos descendiendo junto al parque, decidimos darle una segunda oportunidad. Nos espera otra cola, aunque no tan grande como la que sufrimos el día anterior. Tras pasar la taquilla nos obligan a pasar por la "atracción" de hacerte una foto ante un croma para luego intentar vendértela. Innecesario.

  • Eterna espera para el teleférico

Accedemos por fin a una de las cestas del teleférico para iniciar nuestro trayecto de ida y vuelta que conecta las estaciones del Parque del Oeste y la Casa de Campo. Nos cuesta 5,75€ por persona. En el interior de la cabina tenemos un altavoz con una idea muy buena, pero mal ejecutada. Una locución pretende acompañarnos durante el viaje con explicaciones sobre lo que podemos divisar a un lado y otro, pero lo hace en clave demasiado infantil, fingiendo ser los propios edificios que te hablan al nivel de una serie para niños de 4 años.

  • Ventanas impecables

Los cristales de la cabina están algo sucios, pero no nos impide disfrutar de muy buenas vistas a la primera línea madrileña alejándose a nuestras espaldas, distinguiendo claramente la Catedral de la Almudena e incluso divisando el Templo de Debod si nos fijamos lo suficiente. A nuestros pies empieza la vasta extensión de la Casa de Campo, que parece un lugar muy agradable donde pasar un día soleado. Es una pena que lo que más haya trascendido del lugar --me incluyo- sea que esté frecuentado por señoritas que fuman.

La experiencia del teleférico continúa sin problemas hasta estar de nuevo en el Parque del Oeste. Lamentablemente, precisamente a pocas horas del atardecer un gran nubarrón empieza a amenazar la ciudad, lo cual descarta el plan de ver el atardecer desde el Templo de Debod. No suena mal la alternativa de pararnos en algún local a tomar, por ejemplo, una cerveza bien fría.

Nos la tomamos en el interior, al contrario que prácticamente cualquiera de los residentes de la zona: es increíble la pasión que tienen los madrileños por las terrazas, incluso cuando menos acompaña el tiempo renuncian a tomarse su tapa bajo techo.

Han pasado ya unas horas y nos encontramos de vuelta en el hotel y habiendo descansado un poco. Hay que pensar en dónde cenar, y hacemos un esfuerzo de estómago visitando ese restaurante americano que tan buena sensación nos dio al pasar frente a él la noche anterior. Se llama Urban Diner, y se encuentra en los primeros números de la Calle Génova junto a la Plaza de Colón.

Tomamos unas hamburguesas no muy grandes pero notablemente sabrosas, y acompañadas con unas patatas fritas bañadas por una salsa barbacoa muy buena. Es una pena, pero el estómago nos dice basta antes de que podamos probar unos batidos de la carta que suenan muy apetecibles.

  • Carta del Urban Diner
  • Ñam...
  • Urban Diner

Con el estómago a reventar y mucho cansancio acumulado en las piernas, el día no da para más. Y con gran parte de las cosas que traíamos apuntadas de casa ya cumplidas, tenemos la libertad de tomarnos la jornada de mañana con toda la calma del mundo.

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