Puerta del Sol, Plaza Mayor, Plaza de Oriente, Plaza España, Templo de Debod

2 de mayo de 2013

No siempre de grandes desplazamientos y sobrevolar océanos vive el turista. De vez en cuando una escapada de pocos días puede ser igualmente fructífera, especialmente cuando se trata de perderse en un destino con una oferta tan amplia y variada como es la ciudad de Madrid.

Comienza esta historia un jueves 2 de mayo temprano, muy temprano. Más temprano de lo que la ley debería permitir para un día de vacaciones. Lejos aún de que el sol aparezca por el horizonte, nuestro coche ya se encuentra en las instalaciones de Park & Fly, una empresa privada que ofrece aparcamiento de varios días junto al Aeropuerto de Son Sant Joan. No conservo ni la tarjeta ni el número de socio de la ocasión anterior en la que utilicé sus servicios, pero milagrosamente recuerdo la matrícula de mi antiguo Ford Fiesta y gracias a ello nos ahorramos el trámite de dar de alta a un nuevo cliente.

Soy tan poco asiduo a llevar desodorante en el equipaje -suelo comprarlo en destino-, que cometo la torpeza de no considerar el límite de envases líquidos y aerosoles y el bote de AXE a medio consumir se queda en el arco de seguridad.

Quedan por delante 30 minutos para la hora prevista de embarque cuando alcanzamos nuestra puerta, pero eso con Ryanair es tiempo suficiente para que ya haya una buena cola precediendo al mostrador. Nos unimos a ella y accedemos a la hora anunciada al interior del avión, no sin antes sufrir la animada tertulia de un grupo de amigas demasiado despiertas para la hora que es, y el descaro de una azafata de Iberia que se cuela con total impunidad en las primeras posiciones de la cola, pisoteando el tiempo de las decenas de viajeros que llevan largo rato reservando su puesto.

Como es costumbre, el embarque se ha iniciado tarde pero el avión coge aire puntualmente. El objetivo de aprovechar la hora de vuelo que separa Mallorca de Madrid para dormir un poco se va al traste gracias al -siempre hay alguno- diabólico niño del que nos separan unas pocas filas. De esa manera pisamos Barajas con el refuerzo de apenas un par de cabezadas entre berrido y berrido de ese descendiente de Lucifer.

Nos esperan varios largos pasillos que separan la Terminal 1 con la entrada al Metro de Madrid, situada junto a la Terminal 3. Una vez allí toca el primer gasto en destino: sendos billetes de metro que nos lleven hasta la estación de Nuevos Ministerios. Debido al suplemente de 3€ para salir o entrar al aeropuerto, cada billete cuesta la nada despreciable cantidad de 4,70€.

Tras un transbordo para cambiar de línea y alcanzar la estación de Tribunal, aparecemos en las calles de Madrid poco antes de las 8 de la mañana. Hace fresco y no hay nadie por las calles, algo de esperar considerando que ayer fue festivo, hoy vuelve a serlo y todavía no están abiertas ni las cafeterías. El primer Starbucks con el que nos cruzamos todavía está aclimatando el local, así que seguimos avanzando hasta dar con uno ya abierto en la Gran Vía.

Nuestra pasión por los Starbucks (más concretamente, con cierto bizcocho de plátano y nueces y cierta cookie con petitas de chocolate blanco) viene de lejos, y dado que en Mallorca solo tenemos uno dentro del aeropuerto y cerrado la mitad del año, cuando salimos de la isla aprovechamos para recuperar el tiempo perdido. De paso, hacemos tiempo para que la ciudad empiece a cobrar vida, tal y como podemos comprobar cuando salimos del local y caminamos el trecho que nos queda de Gran Vía hasta Callao y, finalmente, alcanzar la Puerta del Sol. Ya en estos cientos de metros empieza una pugna que duraría varios días: la de ver quién tiene más locales repartidos por Madrid, si Starbucks o La Caixa.

  • Cines Callao
  • Llegando a Callao desde la Gran Vía

La Puerta del Sol nos recuerda de la manera más brusca imaginable que el día 2 de mayo es festivo en la Comunidad de Madrid. El centro de la plaza está ocupado por sendas gradas apuntando a un estrado enmoquetado frente al viejo edificio de Correos, y el bullicio de gente solo se ve superado por la cantidad de seguridad privada, miembros de la policia, uniformes del ejército y gente encorbatada que pisa la moqueta. Moqueta que, por otra parte, nos va a privar hoy de poder ver la placa que sitúa el Kilómetro Cero.

  • Puerta del Sol preparada para el dos de mayo
  • Puerta del Sol preparada para el dos de mayo
  • Puerta del Sol preparada para el dos de mayo

Entre el tumulto de soldados, una inocente anciana apoyada en una de las vallas ondea con entusiasmo una bandera española... una de esas que tiene un animalito oscuro rodeando el escudo.

Aguiluchos aparte, tomamos el nacimiento de la Calle Mayor y superamos bares y más a lado y lado hasta alcanzar la homónima plaza. La Plaza Mayor de Madrid se sitúa en un punto intermedio, no tan descomunal y cargada de detalles como la de Salamanca pero sí con mayores dimensiones que las de Barcelona o Palma de Mallorca, por poner un par de ejemplos. Es de estilo barroco -como tantas otras- y el sol radiante que preside hoy Madrid le sienta de maravilla.

  • Plaza Mayor
  • Pues es bonica...
  • Abandonando la Plaza Mayor
  • Calles colindantes a la Plaza Mayor
  • Mercado de San Miguel

Entramos aquí en una oficina de turismo en la que, tras conseguir un mapa, nos preguntan cuál es nuestra procedencia para computarlo en las estadísticas. Contestamos más rápido de lo que pensamos, ya que de haberlo meditado unas décimas de segundo la tentación de contestar "Dorne" era muy grande. Alguno lo entenderá.

Superada la Plaza Mayor, nos espera otro pequeño paseo de pocos minutos para alcanzar la Catedral de la Almudena. Esta zona tan abierta, sin tantas aglomeraciones y con algo similar a unas vistas paisajistas, es una de mis favoritas de Madrid. Frente a la Catedral, nos encontramos con una extensa colar para poder acceder al recinto del Palacio Real. Avanza a un ritmo tan lento que ni siquiera nos molestamos en descubrir si el acceso al Palacio es hoy gratuito.

  • Catedral de la Almudena
  • Catedral de la Almudena
  • Catedral de la Almudena
  • Catedral de la Almudena

Nos espera junto a la Catedral el Palacio Real frente a la Plaza de Oriente. Con lo que me gusta visitar este lugar, es una pena que la primera asociación que me venga a la cabeza sea la de un dictador bajito y regordete saludando desde el balcón. L, en un chispazo de patriotismo balear, no tarda ni medio segundo en observar que las persianas del palacio son de estilo mallorquín.

  • Palacio Real
  • Palacio Real
  • Palacio Real
  • Palacio Real

Cometemos ahora una de las mayores torpezas del viaje. Nuestro próximo objetivo en la agenda era visitar los Jardines de Sabatini, ubicados junto al Palacio y de los que traíamos muy buenas referencias por lo visto y leído en la red durante la preparación del viaje. Y no se puede decir que nos marchásemos sin visitarlos... pero tampoco que los descubriéramos en su totalidad.

Accedemos a ellos mediante la escalera que nace en la Calle Bailén, siguiendo el camino hacia el norte tras atravesar la Plaza de Oriente. Pasamos entre 30 y 60 minutos en los alrededores de los cuatro pequeños laberintos y la fuente central con bonitas vistas a la fachada norte del Palacio. Y luego... nos vamos. No es hasta dos días después cuando descubrimos que siguiendo hacia el oeste, nos esperaban otras 15 hectáreas de parque. Haciendo cálculos, podríamos decir que apenas vimos menos del 10% de los Jardines.

  • Palacio Real desde los Jardines de Sabatini
  • Palacio Real desde los Jardines de Sabatini
  • Palacio Real desde los Jardines de Sabatini
  • Ola k ase palasio o ke?

Pero a estas alturas todavía no éramos conscientes del error, así que estábamos más contentos que unas castañuelas con el hecho de habernos ventilado en apenas dos horas gran parte de la agenda que teníamos preparada para un día completo.

Seguimos nuestro periplo hacia el norte y el turno es ahora para la Plaza de España, no demasiado grande ni ostentosa, pero por lo menos peatonal. Nos da la bienvenida la estatua de Cervantes acompañada inevitablemente de Don Quijote y Sancho Panza. Al otro lado del monumento, junto al altísimo Edificio España, hoy hay instalado un mercadillo de artesanías varias. No hay mucho más que ver por aquí, así que seguimos el camino.

  • Cervantes, Quijote y Sancho en la Plaza de España
  • Plaza de España
  • Fuente de la Plaza de España
  • Edificio España

Aunque su visita no estaba prevista hasta el día siguiente al atardecer, aprovechamos que el Pisuerga pasa por Valladolid para alcanzar el Templo de Debod, una pieza arquitectónica que Egipto regaló a España por participar en la defensa de la conversación de varios templos, entre ellos el propio de Debod. Por lo menos a plena luz del día nos decepciona un poco, lejos de lo mucho que veíamos recomendado verlo con la puesta de sol. El acceso al interior del templo es gratuito.

  • Templo de Debod
  • Templo de Debod
  • Templo de Debod

Desde la parte trasera del templo hay unas buenas vistas a la Catedral de la Almudena, así como a la amplia extensión que ocupa varios metros por debajo nuestro la Casa de Campo, incluido el Parque de Atracciones de Madrid.

  • Vistas desde el Templo de Debod

Faltan apenas diez minutos para que den las 12 del mediodía y el Teleférico de Madrid abra sus puertas, y eso es precisamente el tiempo que nos separa de dicho Teleférico, así que resulta fácil decidirse. Sin embargo parece que muchos se han decidido con la misma rapidez, ya que apenas son las 12:05 y ya hay frente al acceso fila suficiente como para demorar entre 20 y 30 minutos el acceso a las cestas.

  • El teleférico es tan moderno como sus carteles

Por si fuera poco, tan solo 20 minutos después de la apertura del servicio, varios turistas se alejan de las taquillas diciendo que se ha averiado la instalación y estiman por lo menos entre 30 y 60 minutos para restaurar el servicio. Así que tan fácil como vino la idea de subirse al teleférico, se desvanece y damos media vuelta.

Consideramos que ya hemos caminado bastante y es hora de empezar a aprovechar el buen metro que tiene Madrid. Como es nuestro primer viaje (sin contar el del Aeropuerto), nos toca comprar sendos abonos de turista para 3 días, por 18,40€ cada uno. Dicho abono nos permite coger tantos metros, autobuses y cercanías de Renfe (si se limiten a la zona A) durante estos tres días. Los compramos a través de las máquinas automáticas, así que ni siquiera es necesario mostrar el DNI para conseguirlos. Nuestro primer trayecto nos llevará desde Ventura Rodríguez hasta de nuevo la Puerta del Sol, y con una misión muy clara: el bocata de calamares.

Aparecemos en la superficie a través de la más nueva de las salidas de la estación de Sol, construida en 2009 y con aspecto de ciencia ficción gracias a una serie de paneles acristalados. Nos espera a nivel de calle un auténtico caos, ya que los actos de celebración del 2 de mayo no deben haber terminado y cada vez hay más gente, seguridad y periodistas en la plaza. A base de perseverancia y algún que otro empujón superamos la Plaza Mayor y alcanzamos, a pocos metros, la puerta de Casa Rua.

Decidido el objetivo de probar el tradicional bocata de calamares, Casa Rua fue una de las referencias que más y con mejor reputación aparecía en nuestras búsquedas. El local es muy pequeño, apenas una planta baja con espacio para la barra y varios taburetes, y un pequeño salón subiendo las escaleras con tres mesas y más taburetes. En el momento de nuestra visita el personal se limita a dos empleados: uno en la cocina y el otro atendiendo los pedidos. Por supuesto nada de camareros.

Nos quitamos la espinita del bocata acompañados con sendos refrescos por 10€ en total. El bocata... pues supongo que para turistas en general estará muy bueno, pero los que venimos de tierras donde ya dominamos el arte del aceite y tomate junto al pan, resulta algo decepcionante.

  • Bocata de calamares en Casa Rua

Con el estómago ya en condiciones, va siendo hora de instalarnos en nuestro hogar por los próximos 3 días. En dos pasos nos plantamos en la estación de Ópera y desde allí unas pocas paradas de metro nos llevan a la Plaza de Alonso Martínez. Ascendiendo desde aquí unos 200 metros por la Calle de Santa Engracia se encuentra el Hotel NH Embajada.

Reservamos las 3 noches de hotel a través de Hotelopia.com. Más concretamente, aprovechando un descuento del que podemos disfrutar los empleados del grupo Tui Travel A&D, al cual pertenezco desde hace unos meses. El coste total de la reserva fueron 217,36€ en régimen de solo alojamiento.

Superado el trámite de registrarnos, llegamos a la habitación 403, en la cuarta de hasta 7 plantas que componen el edificio. No es lo más alta posible -como siempre solicitamos los días previos a llegar a un hotel-, pero probablemente baste para que no nos alcance el ruido de la calle por las noches. La habitación es completamente estándar sin lugar a sorpresas: una cama con un colchón decente -esto es importante para nosotros-, un cuarto de baño con bañera, televisión, y ventana con vistas a un patio interior. Lo que sí notamos es que hace un calor más digno de pleno agosto que de principios de mayo.

  • Habitación del NH Embajada

Teniendo en cuenta que hacía ya 10 horas desde que nos despertamos en Mallorca y que desde unas 6 o 7 no habíamos hecho más que dar vueltas y caminar por Madrid, una siesta era obligatoria. El sueño reparador nos lleva hasta bien entrada la tarde, pero todavía con tiempo por delante hasta una cita que ya tenemos acordada.

La conexión a Internet gratuita para los huéspedes se consigue solicitando códigos de acceso de 24 horas en recepción. Y ni mucho menos es para tirar cohetes, apenas 120 kbps simétricos que comparados con cualquier ADSL es como remontarse a los tiempos de la conexión vía módem telefónico.

Decidimos aprovechar el tiempo que nos queda para buscar un supermercado y hacer un par de compras de artículos de higiene. En las cercanías no se prodigan demasiado los supermercados... lo cual tampoco es una sorpresa sabiendo que nos encontramos en una zona de clase alta. Lo más cercano es un Eroski a unas cuantas calles y tratándose de un día festivo nos lo encontramos cerrado, a pesar de que los comercios en Madrid tienen mayor libertad para abrir incluso en días no laborables.

La zona donde nos alojamos, si bien no es contigua a los principales puntos turísticos de la ciudad, tiene una gran ventaja: la amplia y variada oferta de locales para desayunar, comer y cenar que tenemos en apenas un puñado de manzanas. Echamos el ojo a tantos sitios que seguro que nos faltarán días para probarlos todos.

  • Sí, cerca del hotel también tenemos esto...

Aprovechando la cercanía llegamos a la Plaza de Colón. No es una de las plazas con mayores atractivos -el más destacable es la enorme bandera nacional que instalaron Trillo y Aznar, la más grande registrada-, y además el día se ha nublado por lo que no invita mucho a quedarse más de lo necesario transitando la zona. Como no desistimos de hacer nuestras compras y todavía tenemos tiempo, volvemos vía metro a Callao para recurrir a El Corte Inglés. Llama la atención que hay una salida de metro que comunica directamente con el supermercado de los Grandes Almacenes.

  • Plaza de Colón

De regreso en la habitación cumplo el trámite de hacer zapping para saber qué canales ofrece el hotel a sus huéspedes. Que la oferta incluya Canal+, Canal+ Deportes y Canal+ Fútbol me parece digno de mención. Empezamos a planificar la agenda para mañana, que no sufre grandes variaciones respecto a lo que teníamos previsto: emplearemos la mañana en desplazarnos hasta Aranjuez para visitar el Palacio Real... previo desayuno, por supuesto, en un Starbucks cercano al hotel al que ya le hemos echado el ojo.

Llega la hora de la cena y nos dirigimos a nuestra cita. La gente se queda mirando a L cuando pasamos, ya que no debe ser habitual ver alguien paseando por Madrid con una ensaimada en la mano. Frente al VIPS de Calle Génova nos encontramos con E, una chica a la que ambos conocemos desde hace ya mucho tiempo a través de la red pero a la que hasta hoy no habíamos conseguido conocer en persona, pese a los muchos intentos que hubo.

El capricho de cenar en un VIPS nos venía de hace tiempo, pero creo que ha quedado satisfecho: tampoco es para tirar cohetes y me pareció un poco caro para la cantidad y calidad que ofrece. Eso sí, E es un encanto y se nos pasa la noche volando hablando de mil cosas. Decidimos ponerle el broche en el Blood Brothers, un pub irlandés de la zona. Allí tenemos pintas de cerveza a 3 euros, buena música rock y paredes repletas de cuadros y guitarras de los grandes del género.

Con este magnífico broche termina una jornada que ha sido larga, muy larga, pero que ha renovado nuestro amor por la ciudad de Madrid. Mañana toca seguir.

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