Playa de Son Saura, Grill Es Caliu, Cala Blanca y Cap d'Artrutx"

7 de septiembre de 2012

Yo he dormido del tirón, y L ha pasado peor noche pero cuando el reloj marca las 7:45 dice estar bien. El cielo está despejado y parece que tendremos un día de buenas temperaturas. De hoy no pasa. Toca playa.

Desayunamos a la hora más temprana posible, cuando el comedor abre sus puertas a las 8 de la mañana. No estamos solos ni mucho menos, entre el turismo extranjero suele ser habitual (y con buen criterio) aprovechar las horas de sol cuando visita un destino como nuestro país.

Apenas hemos superado las ocho y media cuando nos ponemos en marcha, y al parecer acertamos con la idea de salir cuanto antes. En el tramo de 20 a 25 minutos que separa Ciutadella de la playa de Son Saura, apenas nos cruzamos con 3 o 4 vehículos, probablemente de residentes que emprendían su marcha hacia el puesto de trabajo. Cuando llegamos al aparcamiento no llegamos a los 10 vehículos. El empleado que se encarga de gestionar como se disponen las plazas nos asegura que en un par de horas quedará cubierto el aforo para 210 coches.

Un muy breve paseo de apenas 5 minutos nos planta en la primera cala, una extensión de arena muy pequeña cuyo nombre no recordamos. Continuamos la marcha hacia la izquierda, entre varios arbustos pero sin perder nunca de vista la línea de mar, y no tardamos en alcanzar la orilla que buscábamos. Por ahora cumple lo que promete: una playa relativamente larga (para lo que puede encontrarse en Menorca, abarrotada de calas pequeñas), virgen, sin edificaciones junto al mar, agua color turquesa y, por ahora, muy tranquila. La arena está dura, muy compactada, y el agua un tanto fría para encontrarnos en los últimos coletazos del verano. Apenas un par de parejas y 4 o 5 barcos fondeados a 100 metros son nuestra compañía.

Quedando a mano derecha el camino por el que hemos venido, a mano izquierda encontramos un camino sobre las rocas que bordea el agua y permite llegar a pie a nuevas calas. La señalización nos indica que se trata nuevamente del Camí de Cavalls, la ruta que traza un perímetro por toda la isla. Si continuáramos caminando, en poco más de 1 kilómetro se nos aparecería Cala des Talaier, y en 3 kilómetros y medio alcanzaríamos Cala Turqueta.

Pasan las horas y a las 11 de la mañana la cantidad de gente todavía es muy aceptable, con espacio suficiente para que varios metros separen unas toallas de otras. Sin embargo, en ese momento aparece por un saliente un barco bautizado como Jumbo que tiende una pasarela sobre el Camí de Cavalls sobre la que empiezan a descender decenas y decenas de turistas. Turistas que no tienen intención de caminar mucho, por lo que se convierten inmediatamente en nuestros nuevos vecinos rellenando todos los huecos que los ya presentes hemos ido dejando a lo largo de la orilla. A sabiendas de que el barco pertenece a una compañía que fleta barcos a varias playas del sur de Ciutadella, queda claro que en éstas existe un antes y después en cuanto a afluencia de público cuando se acerca el mediodía.

Decidimos terminar la jornada playera a las 13 horas, satisfechos con poder quitarnos al fin la espina de visitar arenas menorquinas, pero con el esperado resultado de no mejorar nuestra "playa de referencia". Este verano hemos hecho un esfuerzo por buscar una playa que de verdad pueda competir bajo nuestro baremo con la idílica Es Trenc, y definitivamente no lo hemos conseguido.

El aparcamiento hace varias horas vacío ahora está abarrotado, pero muy bien organizado para que cualquier vehículo tenga una vía de salida cómoda. Un diez en ese aspecto a los empleados que se encargan de mantener el orden según llegan los bañistas. Pese a que las señalizaciones de la carretera principal deben indicar desde hace ya mucho rato que el parking de Son Saura está lleno, no dejan de llegar a modo de goteo nuevos coches con la esperanza de encontrar un hueco. Y en su insistencia consiguen que algunos de los caminos en el aparcamiento queden bloqueados. Creo que sería más práctico bloquear el camino en algún punto cuando se tiene la certeza de que no hay plazas. Quizás se molestarían algunos turistas tardíos, pero al fin y al cabo ellos son los que deciden no dar media vuelta pese a los carteles que indican la falta de plazas.

En el camino de vuelta nos cruzamos con algún coche en sentido contrario que obliga a aminorar la marcha y arrimarse a los laterales, pero por regla general parece que hemos acertado en el horario de salida. Hacerlo más tarde puede conllevar más tráfico en ambas direcciones y retrasarte mucho debido a los pequeños atascos. A las 14 horas ya estamos de vuelta en la habitación, pasados por la ducha para librarse de la arena y listos para salir a comer.

Nuestro plan gastronómico consiste en desplazarnos apenas un par de minutos hacia otra de las áreas turísticas al sur de Ciutadella: la de Cala Blanca. Allí tenemos anotado un supuesto restaurante "bueno, bonito, barato". Sin embargo, en el camino nos topamos en uno de los laterales de la carretera con un local que nos resulta difícil ignorar: el restaurante grill Es Caliu. Nos recuerda demasiado a Can Torrat, uno de nuestros lugares favoritos en Mallorca, así que no tardamos en decidir que, si no le damos una oportunidad, más adelante nos preguntaremos si hicimos bien. Utilizamos la rotonda más próxima para dar la vuelta y nos plantamos en el aparcamiento.

Comemos como señores con un entrante de calamares a la andaluza (L es incapaz de ignorarlos cuando los ve en la carta) y sendos entrecot bien hechos acompañados de patata al horno y algo similar al pisto. Incluyendo dos rebanadas de pan tostado y la bebida, pagamos 52€ los dos, lo cual dada la calidad del asunto nos parece un precio muy aceptable.

Con el estómago lleno, aprovechamos haber recorrido ya medio camino para asomarnos a la mencionada Cala Blanca. Es un emplazamiento coqueto, con una gran variedad de locales de servicios y un hotel con muy buen aspecto asomándose a una pequeña cala que queda varios metros en altura por debajo. Prácticamente todos los restaurantes son del estilo "piscina incluida", cosa que L asegura ser lo más normal del mundo pero yo no recuerdo haber visto jamás con anterioridad. Por el ambiente entre festivo y tranquilo, la playa y el aspecto de los locales, es un lugar que recomendaría a los que buscan el clásico destino turístico en el que no tener que moverse demasiado.

Volvemos a nuestro hotel y hace calor, mucho calor. Tanto como para pensarnos tantear la helada piscina que rodean las villas del Prinsotel Sa Caleta. Bajamos con las toallas que nos han incluido en la reserva y nos acomodamos en sendas tumbonas. Para la hora que es y tratarse de un hotel muy familiar, se está mucho más tranquilo de lo esperado. Pero lo del agua no tiene remedio: no aguanto más que entrar y salir para refrescarme. Debe rondar los 20 grados.

Tras una hora de relajación y un poco de lectura, abandonamos la piscina justo a tiempo para esquivar la animación del turno de tarde, que sigue siendo penosa. Cuatro empleados haciendo bailar a la gente en el agua con pasos de baile dignos de una función de colegio. Mucho mejor nuestro plan de volver a asomarnos a Cala Santandria, donde de vez en cuando el grito de algún pato irrumpe en el sonido de la brisa y el mar. A la vuelta aprovechamos que todos los niños están por el área de la piscina para jugar a ser jóvenes haciendo el indio en los columpios del hotel.

Todavía con un tiempo de sol hasta que caiga la noche, nos animamos a revisitar lo que fue uno de los mejores momentos de nuestro primer día completo en Menorca: el Cap d'Artrutx al suroeste de la isla. Esta vez, sin embargo, la climatología ha engullido el perfil de la isla de Mallorca, que no se divisa más allá de la línea del horizonte. En su lugar tenemos una puesta de sol para la que preparo el equipo fotográfico, pero queda deslucida por unas densas nubes que nos despiden del astro rey antes de lo previsto.

Unas horas más tarde, tras seguir amortizando la habitación, nos dirigimos a nuestra última cena en el hotel. Por haber salido tarde, prácticamente a las 22 horas, en la piscina ya se está preparando la animación de la noche que, oh sorpresa, hoy es aceptable. Un chico de mediana edad ataviado de taburete, guitarra y amplificador, por ahora interpretando Wonderwall de Oasis. Seguimos nuestro camino apenados por perdernos el único show de animación que no da vergüenza ajena a lo largo de nuestra estancia.

Terminamos a tiempo para que al regresar hacia la habitación el show no haya terminado, así que nos acomodamos en el primer sitio que vemos libre y con unas hierbas dulces en la mano disfrutamos del repertorio. A nuestro regreso nos recibe el Nothing Else Matters de Metallica, pero justo entonces cambia a unos minutos más nacionales y latinos, cosa que no nos va tanto. Al final remonta el vuelo empezando con el Summer of '69 de Bryan Adams, para rematar con un pequeño popurrí de los Beatles (incluida mezcla entre Twist and Show y La Bamba) e interpretar un bis con una versión a guitarra del I've Gotta Feeling de los Black Eyed Peas. Dos cuerdas se ha cargado durante la función el chaval, que físicamente es una combinación de Chayanne y Juanes. Debemos agradecerle el buen rato.

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