Page, Antelope Canyon, Monument Valley, Tuba City

5 de septiembre de 2011

Empezamos el día en el Days Inn de Page, un hotel con bastante buena pinta que lamentablemente no saborearemos más que unas pocas horas. El desayuno sigue en la línea tradicional del día anterior: algo de comida caliente, bollería, y máquina para hacerse tus propios gofres, aunque uno entero para una sola persona sea empezar el día demasiado fuerte. M está imparable, y nos deja otra de sus perlas en forma de frase para enmarcar: "Joder, estoy petado... voy a por un poco más de bacon."

La mañana sigue con otra costumbre: utilizar la máquina de hielo del hotel para rellenar la nevera portátil y mantener el agua y la fruta que nos queda fresca durante todo el día. Los tres botellines de Coors Light se quedan fuera: en Estados Unidos, no está permitido llevar alcohol en el habitáculo principal del vehículo, obligándote a guardarlo en el maletero.

Hoy salimos muy temprano, ya que se avecina un día con mucho por ver. Para empezar, partir del hotel a las 7:30 con destino a Horseshoe Bend.

Ha pasado hora y media cuando terminamos de visitarlo. Tras un corto trayecto en coche, toca recorrer 1,2 km de pendiente sobre tierra para alcanzar el mirador. No es especialmente duro, pero no lo aconsejaría en las horas de más calor. La vuelta, cuesta arriba, se hace un poco más dura.

El sitio merece muchísimo la pena. El río Colorado traza una enorme curva en forma de herradura provocando la formación de un gigantesco meandro. Es un lugar al que las fotografías no le hacen justicia, ya que el mayor atractivo está en el tamaño y la altura desde la que se divisa. En las imágenes, los barcos que lo transitan de vez en cuando no son más que puntos blancos con una estela de espuma.

Pasamos allí el largo rato haciendo fotos desde todos los ángulos, avanzando hasta el saliente con pasos cortos fruto del respeto que impone la caída, y prestándome a ayudar a unos japoneses que querían hacerse una fotografía juntos y sabían todavía menos inglés que nosotros.

Recomiendo visitar Horseshoe Bend un poco más tarde de lo que lo hicimos nosotros, ya que el sol debe elevarse unos cuantos grados para evitar que el mirador provoque sombra sobre el río. Las 10 de la mañana deben ser ya una hora adecuada.

Cumplido el objetivo de visitar Horseshoe Bend, conducimos ahora hasta el Lago Powell, un lugar muy frecuentado por los propios norteamericanos que llevan sus embarcaciones en los escasos días de vacaciones de los que disfrutan. La llegada al lago la marca la presa de Glen Canyon, que como no podía ser de otro modo cuenta con su propio museo y centro para visitantes.

La presa tiene un tamaño considerable, es de las que te hacen meditar sobre lo que el ser humano es capaz de levantar. Observar la caída de más de 200 metros y pensar que esa es la profundidad del lago al otro lado del muro, tampoco es poca cosa. El museo, como todos, está surtido de actividades interactivas para hacer del aprendizaje algo más humano.

Por ahora, no solo estamos cumpliendo la apretada agenda del día si no que estamos ganándole tiempo al reloj. Todavía faltan 2 horas para la excursión programada, así que avanzamos todavía más ladeando el lago, hasta el mirador de Wahweap Viewpoint.

Este punto ya se encuentra dentro del área de Lake Powell, así que utilizamos por primera vez nuestro Annual Pass. Se trata de una tarjeta plastificada con la que tienes acceso a todos los parques nacionales del país (ojo, porque los que no son propiedad del estado como Monument Valley no se incluyen). Tiene un coste de 80 dólares, con lo cual se amortiza visitando un mínimo de 3 o 4 parques. En nuestro caso, el coste fue cero gracias a un amable usuario de un foro que nos lo cedió desinteresadamente. El pase tiene en el reverso espacio para dos firmas autorizadas, así que dos grupos de turistas que se pongan de acuerdo pueden utilizarlo dentro del mismo año.

A las 9:30 llegamos al mirador de Wahweap, que está totalmente desierto y en el que disponemos de enormes plazas de aparcamiento para dejar el coche. Hay buenas vistas el lago, y mirando hacia el sur podemos hacernos una idea de a dónde nos dirigiremos en cuestión de minutos.

Hacemos una parada más en el hotel Wawheap Lodge, que tiene vistas al embarcadero y conexión a Internet desprotegida ante cazadores de wifi como nosotros. Básicamente, hemos entrado en nuestro primer parque nacional para actualizar Twitter... menos mal que no es el único que visitaríamos.

Seguimos sin tener prisa, así que antes de adentrarnos en las calles de Page podemos hacer una parada más en el Walmart para comprar más agua. Y ahora si, vamos hacia la oficina de Antelope Tours en pleno corazón de Page. Previa reserva por internet y pago de 32 dólares por cabeza, unos rudimentarios vehículos nos llevan a Antelope Canyon, visita guiada incluída.

Por ahora, el viaje de ida es relativamente tranquilo, a pesar de los baches y de circular durante más de 15 minutos por puro desierto. Ayuda el hecho de que nos subamos en los asientos más cercanos a la cabina del conductor.

La visita a Antelope estaba programada para llegar al lugar al mediodía por un motivo muy claro: conseguir las mejores fotos. En un día despejado, es en este momento cuando los rayos de sol se cuelan por las grietas y consiguen el efecto más vistoso. Sin embargo, esta vez no ha habido suerte y el cielo no deja pasar ni uno solo de dichos rayos, así que la visita, aunque siga siendo recomendable, va a quedar un tanto desaprovechada.

Atravesar el cañón puede ser una gozada o un agobio, todo depende de lo obcecado que estés en hacer fotografías. Yo me quedé como el único equipado con cámara ya que el resto del equipo desistió a las pocas fotos, así que me pasé toda la travesía plantando el trípode que M me había cedido donde buenamente podía, y ajustando la cámara para poder hacer las fotos más dignas posibles. Las fotos valieron la pena, pero me hubiera gustado revisitarlo con más calma. El guía navajo de turno se pasa toda la visita apremiando a los cuatro o cinco fotógrafos frustrados que se van quedando atrás.

Existe la posibilidad de reservar plaza en visitas especialmente dedicadas a la fotografía, en grupos más reducidos y con más tiempo para dedicarse a las instantáneas, pero la oferta es menor, el precio es mayor, y tampoco era ese nuestro principal objetivo.

En el trayecto de vuelta no tenemos tanta suerte al escoger asiento. Más bien tenemos la peor posible. Nos sentamos en el extremo final, y pasamos gran parte del viaje dando saltos que nos mantienen casi un segundo completo flotando en el aire. Tememos por la integridad de nuestras mochilas, y notamos la arena pegada a nuestra piel.

Con el trajín de Antelope Canyon me he cargado una batería entera, pero valió la pena a cambio de utilizar el Live View (la funcionalidad por la que puedes previsualizar el resultado de una foto en pantalla antes de realizarla).

Cojo el volante hasta Monument Valley. El camino desde Page dura algo más de 2 horas, pero el GPS marca más de 3 porque en la zona horaria del territorio Navajo tienen una hora más. El recorrido consta de 3 giros y rectas de hasta 70 millas. Todos aprovechan para comer los bocadillos que compramos ayer en Walmart, menos yo, que disfruto conduciendo por ese paisaje más de lo que he disfrutado nunca al volante.

El cielo está nublado, pero por ahora es una buena noticia ya que no rompe a llover y las nubes enriquecen el paisaje. Cuando Monument Valley empieza a asomar en el horizonte, un arco iris nos da la bienvenida. Son ya varios diarios de viaje los que llevo redactados, y es la primera vez que prefiero no desmerecer un momento con palabras. Solo puedo decir, que cuando hacemos una parada para disfrutar de la imagen, no siento otra cosa que magia y emoción.

Tenemos una agradable temperatura de 25 grados. M toma el relevo al volante para recorrer los últimos kilómetros. Pasamos de largo Monument Valley porque antes de que el sol inicie el descenso queremos alcanzar un punto estratégico ya en territorio del estado de Utah. Una larga recta en descenso y Monument Valley al fondo, solo falta que Tom Hanks aparezca e interprete de nuevo a Forrest Gump.

Cuando llegamos al mirador, solo hay otro coche apartado. A los pocos minutos de llegar nosotros, ya contamos cinco vehículos en el arcén. Toca respetar turnos para hacerse la fotografía que hemos venido a buscar, pero algunos no están muy por la labor de hacerlo.

Pasamos un buen rato en este apartadero pendientes del tráfico. Cuando deja de divisarse un coche en el horizonte, plantamos el trípode en medio de la carretera para programar una de las mejores fotos de grupo del viaje. Superando ya las 5 de la tarde, el bocadillo de jamón, pavo y queso cheddar me sabe a gloria.

Abandonamos "La Vista" y nos adentramos ahora si en el área de Monument Valley. Dejamos el coche en el aparcamiento del hotel The View, que por una generosa cantidad ofrece habitaciones con vistas a la magia. F tiene la idea friki de combinar Monument Valley y el Delorean que compré en los estudios de la Universal, y no puedo negarme.

Tras pagar 5 dólares por cabeza para acceder al recinto (aquí no vale el Annual Pass), iniciamos el tour a bordo de nuestro propio vehículo. Nos dirigimos directos hacia las tres mesetas hermanas, y llegamos hasta el mirador de John Ford Point. Observamos que lo que parece una tormenta del copón se dirige directamente hacia nosotros, y al cabo de un minuto entramos en el coche justo a tiempo para que no nos alcance. Las condiciones son horribles, así que no queda más remedio que dar media vuelta y abandonar la posibilidad de hacer el recorrido completo.

El regreso hasta el aparcamiento es otra aventura. Rodeados de lluvia y fuerte viento, esquivando baches embarrados, y sonando Riders of the Storm en el disco de un F previsor. Aunque suene horrible, no solo no tememos por nuestra seguridad, si no que disfrutamos del momento.

No abandonamos la escasa visibilidad hasta recorrer un buen puñado de millas en dirección al sur. Nos dirigimos a Tuba City, la pequeña ciudad donde tenemos el hotel para esta noche, ganando distancia al camino de vuelta hasta el Gran Cañón, que será nuestra siguiente parada del viaje. El CD del coche ha dado paso a Surfin' USA de los Beach Boys cuando la lluvia todavía es fuerte. Qué ironía.

A 40 km de Tuba City, el termómetro ha descendido hasta los 20 grados. Todavía pasaremos frío en Arizona. Llegamos a la ciudad y no parece tan siniestra como las imágenes vía satélite auguraban. Alcanzamos el Quality Inn Navajo, donde tenemos reservada la ya típica habitación de 2 camas para 4 personas por 114 euros. Tramitamos el check-in con la recepcionista india y damos un extraño rodeo para aparcar cerca de la entrada más próxima a la habitación 221. No hay ascensor.

La habitación parece correcta, con mobiliario rústico. La conexión a internet es algo lenta. F nos confiesa que su pareja (que a punto estuvo de venir al viaje) le había preparado pequeñas tarjetas para que las fuera abriendo tras cada día de viaje. En la tarjeta de hoy, nos deseaba buen tiempo. Bien por ella.

L se queda en la habitación duchándose y cenando fruta, y los otros tres intentamos ir al Taco Bell frente al hotel. Está cerrado, así como el Kentucky Fried Chicken que alcanzamos en coche. Tras la primera buena impresión, el poblado ahora si que nos parece un poco siniestro, sin un solo peatón o coche por las calles. El único local que parece no cerrar tan temprano es un McDonalds, así que no nos queda más remedio que entrar. Ceno una ensalada césar y más limonada de Minute Maid.

Ponemos en hielo las tres Coors Light que nos quedan para cerrar el día brindando. Antes de dormir, intercambiamos algunas fotos, ya que el día ha sido tremendo en ese aspecto. Y mañana, ¡a por el Gran Cañón!

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