Hotel, spa y cena en El Dorado

30 de mayo de 2010

Quinto día completo en la Riviera Maya, y tercero que pasamos íntegramente en el hotel. Seguimos proyectando una última salida del recinto para ir a Chichén Itzá, pero el proyecto permanece en fase de negociación, ya que algunos taxistas de los contactados no se enteran -o no se quieren enterar- de que solo nos interesan las ruinas y no queremos paradas itinerantes.

Empezamos, como siempre, desayunando en El Jardín, donde nos espera un Damián con el que ya compartimos algunas palabras cada mañana. Como excepción al café que sirven por defecto en las mesas -que no está mal-, pedimos sendos capuchinos de la carta, ya que los que habíamos avistado en mañanas anteriores tenían muy buena pinta. En vaso largo, cumple las expectativas. El resto del desayuno siguiendo la tónica habitual: bollería, comida caliente, jugos de frutas...

Empezamos las paradas del día visitando uno de los pocos rincones del hotel que teníamos planeados y todavía no habíamos pisado: la Piscina Las Rocas.

Esta piscina es algo especial, ya que es la única del complejo que se nutre del agua salada del mar, gracias a una pequeña abertura que la comunica directamente con el Caribe. Llegamos y lamentamos no haber visitado el lugar antes. Quizás sea por la relativa lejanía de la piscina respecto a las demás zonas comunes, o quizás por estar totalmente orientado al mar y no sentirse rodeado de gente. O quizás por el hecho de que el día ha amanecido con el cielo nublado y una pequeña brisa que reduce las ganas de bañarse, pero el caso es que pasamos encantados la mañana en este lugar.

Gracias a la poca afluencia de gente -a la mayoría de los huéspedes esta zona les resulta muy lejana-, hay mucha disponibilidad de camas con cortinas para tumbarse. El cielo nublado consigue que por primera vez desde nuestra llegada el sol no sea tan agobiante, y podamos abrir los ojos totalmente sin necesidad de gafas de sol. Para los que vienen a un sitio como este a pasar el día tumbado y devorando libros, me parece el rincón perfecto.

Al cabo de varios minutos, se abre un claro en el cielo y aprovecho para probar el agua salada. El suelo de la piscina -que tiene muy poca profundidad- emula del mismo modo el piso del mar, ya que está hecho de roca y permite la entrada de pequeñas piedras desde el exterior.

Cuando llevo ya varios minutos en el agua, creo recordar que metí un billete de 20 pesos en el bolsillo, por aquello de llevar siempre una propina a mano. Palpo con la mano y efectivamente, ahí está el billete. perfectamente conservado. Parece que los pesos aguantan muy bien el agua -¡incluso salada!-.

De nuevo tumbados en las camas, volvemos a divisar lo que parece ser una atracción del hotel: pasearse por las alturas con la ayuda de algo similar a un paracaídas remolcado por una lancha que va pasando frente a la orilla. Sabiendo que detrás del paseo de los hoteles no queda más que bosques, las vistas deben ser espectaculares. aunque probablemente el acceso a la atracción sea previo pago.

Satisfechos con la experiencia de Las Rocas, nos dirigimos -vía carrito que recogemos en recepción- a la Piscina Colonial, una de las dos piscinas principales del complejo. No se nos ha perdido nada aquí -y menos teniendo a nuestra disposición la Piscina Royal-, pero todos los domingos en el acceso a la Playa Colonial se prepara una jornada de paella y fideuá y ella, como cocinera experimentada en el arte de las paellas, no puede dejar pasar la ocasión de evaluar el resultado.

Tanto la playa como la piscina del hotel Colonial se mucho más próximo a lo que cabe esperar de un destino de este tipo. Más, por llamarlo de alguna manera, "mundano". Mucha gente, mucho alboroto, muchas voces de niños correteando. vaya, será mucho más barato que The Royal Suites, pero personalmente, es una diferencia que pago con gusto.

La paella, por encima de nuestros presagios, aprueba con buena nota y no se le echa nada en falta. La fideuá también pasa la prueba.

Una tarde más, regresamos al Renova Spa, esta vez accediendo al recorrido por la zona húmeda para tomar algunas fotografías y grabar algún video que poder enseñar. Se vuelve a suceder la escena de gente que mete los dedos del pie en la bañera helada, y decide no seguir con el resto.

A la salida del Spa aprovechamos la cercanía para visitar una de las "piscinas para adultos" que hay repartidas por las zonas no-royal del resort, de forma algo más apartada que las demás. Están aisladas por barreras de arbustos y son algo más pequeñas. Esta, en concreto, apenas alberga a cuatro o cinco parejas y el camarero más inexperto de todos los que nos encontramos en nuestro viaje. Nuestro paso es testimonial y a los pocos minutos damos por saciada nuestra curiosidad.

Repetimos una nueva sesión de ducha, cama y televisión hasta la hora de la cena, en la que nos dirigimos hacia el hotel Kantenah.

Aprovechando que llegamos con algo de antelación respecto a la reserva, visitamos la capilla de Nuestra Señora de las Nieves. Y más la quisiera para él el cura de mi barrio: una capilla pequeña, coqueta, completamente abierta -a ver quien se atreve a meterse si no, con este calor-, y con dos cascadas de agua resultonas a la entrada.

Entramos ya a cenar en El Dorado. Al igual que el Ribs & More, se trata de un restaurante especializado en carnes a la brasa, aunque en esta ocasión sin la ambientación norteamericana del anterior. De hecho, casi podríamos decir que esa es la única diferencia notable, ya que incluso la oferta de la carta es muy similar. Como el Ribs & More resultó ser nuestro restaurante favorito, éste no puede ser menos que el segundo en nuestra clasificación.

Hoy no pasamos por ninguno de los teatros al regreso a nuestra villa, ya que el espectáculo en el Teatro Colonial se celebra más temprano, y puestos a coger un carrito para ir a la zona Riviera, preferimos que nos deje directamente en nuestra villa. Llegamos al ecuador de nuestro viaje. Hemos encontrado un taxista que parece cumplir todos nuestros requisitos para ir a Chichén Itzá, pero bien entrada la noche no ha contestado con la confirmación definitiva de que pasaría a recogernos, así que mañana volveremos a disfrutar en exclusiva del Palladium.