Descubriendo a The Darkness

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The Darkness

Los últimos tiempos me han convertido en una persona bastante conservadora en lo referente a gustos musicales. Sí, sigo estando en forma para memorizar el nombre y principales referencias de cientos de grupos e intento ir escuchando cosas nuevas de tanto en cuando. Pero mi colección de bandas y artistas clave permanece inamovible desde hace ya mucho, mucho tiempo, y nadie nuevo consigue hacerse hueco entre los Def Leppard, Bon Jovi, Garbage, Green Day, etc.

Hasta que llegó The Darkness. Y junto a él, todo un cúmulo de circunstancias que provocaron el efecto mariposa por el que la banda de Justin Hawkins ha pasado en cuestión de días del más completo desconocimiento a ocupar un lugar de privilegio entre ese puñado de grandes nombres de mi industria musical particular.

Todo empieza en los primeros meses del pasado 2012. Mallorca, un lugar por lo general poco dado a recibir conciertos de grandes nombres internacionales, despierta con la noticia de que Guns N’ Roses visitaría la isla en el mes de julio. Los más veteranos escupirían antes de referirse como Guns N’ Roses a una banda irreconocible y probablemente indigna de llevar la etiqueta de la que en su día llenaba grandes estadios, por mucho que el que era su principal icono mediático, un ahora desmejorado Axl Rose, sea uno de los pocos resquicios de la banda original. Pero en Mallorca lo habitual es que solo lleguen los ecos de grandes giras que pasan por la península, así que la visita de Axl y sus chicos fue recibida con ilusión.

El cartel del concierto lo completaba originalmente The Cult, pero no pasaron muchas semanas desde el anuncio oficial cuando se hizo público un cambio por el que los británicos se caían del cartel y eran sustituidos por The Darkness. ¿The Darkness? Espera que busque… ah sí, los autores de “I believe in a thing called love”, ese tema guitarrero con estribillo pegadizo y un cantante propenso a los gallitos. Aparte de eso, ni puñetera idea.

Sobra decir que a estas alturas varios amigos ya estábamos comprometidos con la causa y las entradas estaban a buen recaudo en mi correo electrónico. Y personalmente, soy de los que prefieren acudir a los conciertos con conocimiento de lo que voy a escuchar, por aquello de poder berrear y fingir que me sé todas las letras. Así que empecé a investigar a The Darkness y… ahí empezó el fenómeno.

En el momento de la investigación, The Darkness contaba solo con dos discos de estudio, los que tuvieron tiempo de publicar antes de anunciar una separación que había durado hasta su reciente anuncio de recuperación de la banda. “Permission to Land” (2003) había recibido muy buenas críticas y una notable acogida por el público, éxito que no se repitió con el posterior “One way ticket to hell… and back” (2005). Pero yo todavía no tenía esas referencias; sencillamente conseguí ambos discos y pulsé el play.

No daba crédito a lo que empezó a sonar por los altavoces. Lo que hace grande a The Darkness es que es nuevo, pero antiguo. Pertenecen a la historia reciente, pero su sonido recuerda a las mejores épocas de un género, el glam rock, que tuvo su máximo esplendor a caballo entre las décadas de los 80 y los 90. Precisamente mi género favorito, un favoritismo heredado de mis hermanos mayores y por el que siempre he creído que yo nací diez años más tarde de lo que me correspondía. Pero ahí estaban sonando Frankie, Dan, Eddie y Justin -gallitos que desafían a la física incluidos-, anticipándome lo que iba a poder disfrutar, en el presente, sobre el escenario de Son Fuster Vell.

Los meses previos al concierto tuvieron un absoluto protagonismo de The Darkness. En casa, en el coche, en el trabajo… no había una semana en la que no me empapara de la veintena de temas que su breve discografía me ofrecía. Guns N’ Roses pasó a un puesto muy secundario, y eso fue un vaticinio de lo que viví en julio. Una hora de éxtasis con Justin y sus chicos para luego esperar pacientemente dos horas a que Axl ofreciera un show deplorable del que lo poco que se salvó fue la pirotecnia, una apertura decente con “Chinese Democracy” y el recuerdo de los temas más emblemáticos de la banda original.

Para rematarlo, la vuelta a la palestra de The Darkness viene acompañada con un nuevo disco, Hot Cakes, que lejos de decepcionar ha supuesto una declaración de intenciones cargada de temas a los que seguir muy de cerca. Y antes de pasar a mi selección personal de sus cinco mejores temas, una curiosidad: un nombre que ha sido importante en todo el proceso de recuperación de la banda, hasta el punto de incluirles como teloneros en su gran gira mundial, ha sido ni más ni menos que… Lady Gaga. Así que la próxima vez que alguien sienta la tentación de meter a “La Gaga” en el mismo saco que otros subproductos de estribillo fácil y más marketing que música, que lo tenga en cuenta.

Termino en un último esfuerzo de contagiarios mi ya definitiva devoción por The Darkness y su música con los que considero son sus cinco mejores temas. No ha sido fácil, probablemente podría dar cinco opciones más que deberían escucharse para hacerse una idea de su grandeza. Se trata de videos en Youtube con solo el audio, pero si os engancháis al grupo, no os perdáis sus videoclips llenos de humor absurdo y surrealismo. Merecen capítulo aparte.

5. Growing on me: un tema en apariencia sencillo pero que irradia simpatía y, una vez dentro de la atmósfera del grupo, será imposible pasar de largo cada vez que salte en tu reproductor de música.

http://www.youtube.com/watch?v=jVNFESCrGgI

4. Every inch of you: canción que abre su nuevo disco Hot Cakes y que, si se presta atención a la letra, supone toda una declaración de intenciones. Referencias a las cintas TDK, a Led Zeppelin y a la clásica historia de chico bueno que se pasa al lado oscuro del Rock N’ Roll.

3. I believe in a thing called love: el single por excelencia, probablemente la única canción que “te sonará” si no conocías la banda hasta ahora y la que les consiguió notoriedad a nivel de emisoras de radio, anuncios de publicidad, etc.

http://www.youtube.com/watch?v=PpkCyqAaOns

2. She just a girl, Eddie: a mi juicio el mejor tema de su último disco. Referido explícitamente al batería Ed Graham tras finalizar una relación sentimental, incluye todo lo que hace grande a The Darkness. La fuerza, el ritmo, el sentimiento de Justin al micrófono… la música es difícil de explicar en palabras, simplemente hay que escucharla.

1. One way ticket: la que da título e inicia su segundo y para la mayoría de sus seguidores más flojo disco -yo creo que no está tan mal-. Un principio étnico que en mi opinión podéis obviar: lo grande viene luego con unos golpes de ritmo previos al estribillo que se grabarán a fuego en tus oídos.

B. Christmas time: un pequeño bonus en forma de tema inédito que posteriormente se incluyó en una “Edición navideña” de su primer LP. Sí, es un villancico, pero es el mejor jodido villancico que jamás he escuchado.

Eso es todo. Quizás no lo consiga, o puede que a estas alturas haya captado algún adepto más para la causa de The Darkness. La verdad es que en la oficina ya lo he hecho y no me ha exigido demasiado esfuerzo: sus canciones se defienden por sí solas.

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