De Benedicto y la cobertura mediática

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Aunque la actualidad funcione a la velocidad de la luz y parece que sea una noticia del mes pasado, solo hace dos días desde que el anuncio de Joseph Ratzinger de abandonar el puesto de Papa de Roma invadió toda la cobertura mediática de, no sé si todo el mundo, pero seguro que todo este país. Y una vez más, algunos medios de comunicación españoles tuvieron una excelente oportunidad para tomar decisiones, cuanto menos, polémicas.

Antes de alcanzar el momento de los hechos de los que quiero hablar, me gustaría rebobinar un puñado de horas, cuando todavía me encontraba en mi puesto de trabajo. Inevitablemente la noticia alcanzó a mi oficina, y en un pequeño alto en el camino para comprobar que no se trataba de un bulo nos encontrábamos accediendo a las primeras notas publicadas por la prensa española en sus versiones digitales.

Alcanzábamos entonces un artículo de El País en el que, entre los hechos objetivos y las primeras conjeturas, exponía los pocos antecedentes en los que el Jefe de Estado del Vaticano había renunciado a su cargo. Y entre párrafos, se presentaba la incertidumbre que supone tal acción dado el hecho de que, según la Santa Sede, no existe una autoridad terrenal por encima de la del Papa de Roma. Acertadamente, una compañera de trabajo reaccionaba diciendo que le daba escalofríos ver escrita una afirmación de ese calibre.

Pasaron las horas, se llenaron horas de radio y televisión, y alcanzamos la franja horaria de las 21:00, con la mayoría de cadenas generalistas dando el pistoletazo de salida a sus informativos estrella. Y durante un ejercicio de zapping, sintonizo Televisión Española y lo veo. Marcos López, antiguo presentador de espacios deportivos y desde el pasado enero co-presentador del informativo nocturno de TVE, aparecía en pantalla pero no lo hacía sentado tras su mesa de cada noche. Se encontraba desplazado en la Plaza de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano.

Detengámonos un momento a pensar qué estaba ocurriendo. Una redacción de informativos, pública para más datos, había decidido que para dar cobertura a la decisión de un Jefe de Estado de abandonar su puesto no era suficiente utilizar al corresponsal del que ya dispone en el lugar de los hechos. Consideró más adecuado, con total urgencia, desplazar a uno de sus “rostros bandera” al lugar de los hechos, acción que pretendía dar mayor notoriedad a la noticia y transmitir al espectador que se trataba de algo -todavía más- fuera de lo común.

Personalmente me parece una mala decisión. Con una acción así RTVE, organismo público supuestamente representativo de una sociedad -laica, también supuestamente-, no hace más que alimentar afirmaciones como la que habíamos leído unas horas antes sobre la figura del Papa. Por muy poco comunes o relevantes que sean, las noticias de ámbito político -y ésta no deja de serlo pese al contexto- son cubiertas por los corresponsales, que para algo son los que están al pie del cañón y tienen el tiempo y recursos suficientes para “empaparse” de la actualidad local y saber situar la noticia en su contexto. Despreciar la labor de la corresponsalía enviando a alguien “de Madrid” cuando llega la hora de la verdad no hace ningún favor ni al corresponsal, ni al enviado, ni a la credibilidad de la cadena.

Evidentemente ésto no es más que una anécdota dentro del enorme impacto que la noticia ha tenido en todas las cadenas generalistas. Debates exclusivos, parrillas de programación totalmente modificadas, anuncio de reportajes en los próximos días, promesas de una cobertura casi ininterrumpida hasta que finalice el próximo Concilio Vaticano. Todo decisiones cuánto menos discutibles por la misma razón: dar implícitamente un peso a una institución y no permitir que sea el espectador el que decida si es o no tan relevante en comparación con el resto de la actualidad. Pero esta acción concreta, por inesperada, me pareció digna de comentar.

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