Openbank, o cómo empezar con muy mal pie

Facebooktwittergoogle_plus

Con motivo del inminente viaje que vamos a realizar a los Estados Unidos, mi pareja y yo hemos estudiado diferentes entidades bancarias hasta conocer cuál nos ofrecía mejores condiciones en lo que a pago en moneda extrajera se refiere. Tras conocer los datos -complejo proceso, ya que algunas entidades solo dicen verdades a medias-, llegamos a la conclusión de que una de las mejores opciones era Openbank, la banca online del Banco Santander.

En concreto, Openbank ofrece tarjetas de débito y crédito libres de cuotas, con las cuales se aplica tan solo un 1% de comisión sobre el tipo de cambio vigente en el momento que se realiza la compra con una divisa extranjera. Este porcentaje vence a otras alternativas de las que disponemos, como Bankia (un 2%) o LaCaixa (un 4%).

Así que nos decidimos a, con fecha 4 de agosto, dar de alta dos cuentas independientes en Openbank. Mi pareja la tramitó por teléfono, y yo íntegramente por Internet. Las diferencias son mínimas, todo se resume a recibir un contrato, firmarlo, y reenviarlo por correo a la entidad. Teníamos hasta 27 días de margen hasta la salida de nuestro viaje, tiempo que se antojaba suficiente para recibir la documentación para activar la cuenta, solicitar las tarjetas de crédito y por último recibir éstas.

Las cosas empezaron a torcerse ya desde el envío de los contratos. Como nos apremiaba el tiempo, ambos decidimos enviarlo por correo urgente, pese a que en ese caso debíamos abonar el coste del servicio -el franqueo pagado que incluye el contrato solo cubre el envío ordinario-. De nada sirvió, los contratos terminaron recibiéndose en el apartado de correos de la entidad bastantes días más tarde de lo que nos informaron que suele suponer. Para colmo, pese a tener la certeza de que la documentación había llegado -a través de números de seguimiento-, nos reiteraban que no tenían constancia de ella. Mi pareja tuvo que repetir el envío -otra vez de su bolsillo- a petición de un técnico comercial.

Tras las primeras discusiones telefónicas, quedamos a la espera de recibir toda la documentación necesaria para poder activar nuestras cuentas, y disponer por lo menos de una tarjeta de débito. Según nos informan, el proceso consta de dos envíos: el primero, por correo ordinario, consiste en una carta que comunica al cliente el PIN de la tarjeta de débito y la clave operativa para poder realizar operaciones online (transferencias, activaciones, etc.). El segundo, por correo certificado, consiste en el “pack de bienvenida” que incluye, entre otras cosas, la tarjeta de débito.

Empieza el más absoluto descontrol. Al cabo de unos 10 días, mi pareja recibe el correo ordinario con las claves, pero a fecha 27 de agosto sigue sin tener noticias del paquete certificado. En mi caso, todo lo contrario: recibí hace unos días el paquete certificado, pero el envío ordinario -según ellos, enviado con fecha 9 de agosto- parece haberse esfumado. Y al tratarse de un correo no certificado, cualquier intento de pedir explicaciones a Correos es inútil.

Así que la situación final es esta: a 4 días de despegar rumbo a Los Ángeles y 23 días después de tramitar el alta, yo tengo una tarjeta de débito que no puedo activar, y mi pareja tiene unas claves para activar una tarjeta de débito que no ha recibido. Evidentemente, lo de solicitar las tarjetas de crédito queda fuera de toda posibilidad.

En el soporte telefónico de la entidad (un número 901, afortunadamente se puede encontrar un teléfono 91 equivalente en la red) solo han podido lamentar la incidencia y remitirnos a seguir esperando, aún habiéndoles informado de la urgencia y propósito de nuestra alta en su compañía. Puede que el fallo realmente no sea suyo, y que todo se deba a una mala gestión de Correos en pleno mes de agosto, pero eso no me consuela.

Tratándose de una entidad respaldada por una marca tan fuerte como el Santander, creo que sería lógico asociarse con una compañía de mensajería privada que ofrezca más garantías que el servicio público de correspondencia. Al fin y al cabo, el envío de documentación solo es necesario en contadas ocasiones para cada cliente, y es un coste que a buen seguro se pueden permitir.

Durante el tiempo que hemos esperado a que llegaran documentos con origen en Madrid, hemos recibido varios paquetes sin relación alguna con este caso pero con origen en California, todos por correo ordinario. Así que no parece que el culpable en este caso sea la empresa pública.

Estamos profundamente decepcionados con Openbank por sus evasivas y falta absoluta de soluciones alternativas cuando el plan original les falla. Depender de Correos ya puede considerarse un error, pero querer eximirse de toda responsabilidad cuando es evidente que su gestión de la correspondencia es deficiente, no hace falta más que agravar la situación.

No ha sido necesario ni un mes completo para tener claro que Openbank, no es nuestro banco.

Facebooktwittergoogle_plus

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *