Si vienes a Mallorca…

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El pasado día 1 de marzo fue motivo de fiesta para todos los que vivimos y trabajamos en las Islas Baleares. Se aplica también a mi caso, aunque por motivos que van más allá de una festividad autonómica. El 1 de marzo ocurren dos cosas que me resultan mucho más cercanas: la primera -y más importante-, que Mori cumple años. Mori es la mascota de mis suegros, y la culpable de que mi relación con los perros haya pasado de la indiferencia al amor en los últimos años. La segunda efeméride es que fue un 1 de marzo cuando di un cambio radical a mi vida tomando un vuelo de solo ida de Barcelona a Mallorca.

Así que recientemente se han cumplido cuatro años desde que emigrara, pero no es mi intención ahora hacer una reflexión sobre lo que ha supuesto para mí este cambio. Si me gustaría, sin embargo, hacer inventario sobre qué sitios se han convertido en clásicos de mi estancia según la actividad a la que están destinados.

De paseo

Entendiendo por paseo lugares en los que poder caminar tranquilamente, sin requerir especial esfuerzo físico, y con la posibilidad de tomar bellas fotografías, me quedaría con dos emplazamientos por encima de todos los demás.

El primero es el Puerto de Valldemossa. No confundir con el pueblo, que aunque igualmente recomendable, no tiene nada que ver. El puerto se encuentra al final de un frenético descenso desde las alturas hasta el mar, y -si no recuerdo mal- el censo oficial informa de solo dos personas residiendo en sus calles. Su situación, incrustado en la tierra completamente rodeado de montañas, lo convierte en un lugar diferente a cualquier otro, especialmente cuando las nubes bajas te impiden ver el fin de las paredes naturales que lo delimitan. Resulta espectacular tanto en pleno verano, con el mar en calma, como en días de fuerte oleaje en los que el agua invade el muelle.

Puerto de Valldemossa (Picasa)

El otro lugar es algo más tradicional, aunque su paisaje ha sido menos contaminado que el de otros destinos similares. La Colonia de Sant Jordi es un pueblo pesquero situado en el sureste de la isla. Pese a la existencia de algunos hoteles, éstos han respetado bastante la fachada y la tranquilidad de sus calles, por lo que sigue siendo agradable visitarlo, especialmente en meses de temporada baja. A varios kilómetros se encuentra el Faro de Ses Salines, igualmente recomendado y con unas inmejorables vistas a la isla de Cabrera.

De excursión

Si lo que se busca es un paseo con un poco más de exigencia física, existen otras opciones. No es que sea especialmente dado al senderismo ni a otras actividades del mismo corte, por lo que no esperéis un reto para las piernas. Seguramente en estos mismos parajes haya rutas de mayor exigencia, pero cualquiera con un mínimo de forma física -no pesar 150 kg o tener artritis hasta en la nuca- puede disfrutar de ellos.

El primero es el Port d’Es Canonge. Se encuentra en el oeste de la isla, y una vez en él se presentan dos opciones para pasar el día. La primera, muy relajada, es tomar la ruta “oficial” que llega hasta Bunyalbufar. Se trata de un camino de tierra muy llano que suelen frecuentar las bicicletas de montaña. La segunda opción, algo más exigente, es descender hasta el nivel del mar a través de ciertos atajos abiertos entre la maleza, y empezar a superar las calas subiendo y bajando las rocas que separan unas de otras. Requiere algo más de esfuerzo, pero tanto las sensaciones como las fotografías lo merecen. Por no hablar del escenario idílico de comer un bocadillo en la soledad de algunas de las calas, mientras las olas chocan contra la orilla.

Port d'Es Canonge (Picasa)Port d'Es Canonge (Picasa)

El segundo emplazamiento lo conozco por cercanía, y es visita casi obligada cada vez que algún pariente o amigo viene a visitarnos. En el sur de la isla, más allá de donde termina el Arenal de Llucmajor, empieza una línea costera llena de acantilados y descensos al mar. En concreto, la zona cercana a las urbanizaciones de Maioris y Puig de Ros merece muchísimo la pena. Apenas hay que caminar para plantarse en unas rocas que, con la puesta de sol en el horizonte, cogen una tonalidad anaranjada espectacular.

De cena

Y tras tanto pasear y subir y bajar rocas, hay que reponer fuerzas. No necesito ni un segundo para decidir cuál es para mí El Lugar en mayúsculas donde disfrutar de una buena cena. Can Torrat es un local especializado en carnes a la brasa, brasas que el propio cliente observa en el exterior del restaurante cuando accede al recinto. Cualquier carne -y especialmente el entrecot- merece la pena, y la cosa no hace más que mejorar cuando se acompaña de unas bandejas de patatas fritas aderezadas con ajo y pimiento rojo. Inmejorable.

La segunda recomendación supone un cambio radical respecto a la primera. El Café Barroco es un pequeño, muy pequeño local en el centro de Palma -muy cerca de la Plaza de España-. Su cocina apenas tiene fogones, ya que salvo algunas recientes excepciones, no se sirve comida caliente. Ni falta que hace: las ensaladas y, especialmente, los pambolis son de los mejores que pueden probarse, aunque escapen de la presentación tradicional de este plato típico mallorquín. Y como colofón, un amplio catálogo de tartas caseras de cuya vitrina es imposible escapar cuando se entra en el comedor. Otra mención especial para las numerosas variantes de té -fríos, calientes, descafeinados…-, y a la existencia de montones de juegos de mesa a disposición de la clientela para que la noche termine lo más tarde posible.

De playa

Y siendo esta isla un destino turístico, no puede faltar una recomendación para probar las aguas del Mediterráneo. Y para mí no hay discusión: Es Trenc. Una muy extensa orilla que ocupa la costa entre Ses Covetes y la Colonia de Sant Jordi, bañada por un agua de color turquesa difícil de encontrar en cualquier otro lugar. Es una playa abiertamente nudista, aunque a ella acuden tanto partidarios del destape como familias más pudorosas. Desde que la empezamos a frecuentar, ninguna otra playa -la Riviera Maya no cuenta, claro- nos ha despertado tanto asombro y admiración.

Es Trenc (Picasa)

Esto sería lo que, tras cuatro años de experiencia, recomendaría a cualquiera que me pidiera información sobre la isla. He dejado algo discriminada la parte norte (con algunos lugares bastante notables como el Cabo de Formentor o la Bahía de Alcudia), pero no sería sincero poner a la misma altura lugares en los que apenas he estado un par de veces y otros que visito siempre que tengo ocasión. Otros igualmente conocidos como Sóller o la isla de Dragonera, o bien no son exactamente lo que busco o bien todavía no los he visitado, aunque no tenga excusa.

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