Por qué Fringe es mejor que Lost

Facebooktwittergoogle_plus

Nota: El siguiente texto habla de dos series de televisión sin entrar en detalles relativos a su argumento. Su lectura no supone la revelación de ningún aspecto clave de su historia a aquellos que no las conozcan o no las estén siguiendo al ritmo de emisión.

Lost & FringeComo tantos otros, soy una víctima más de la nueva edad de oro que atraviesa la ficción televisiva norteamericana. El auge de series con altos presupuestos ha propiciado que muchos guionistas dejen de lado la gran pantalla para entrar en el televisor, con el consecuente aumento de calidad de las obras que se nos entregan en pequeñas píldoras semanales.

De entre tanta serie de calidad, me gustaría hablar de dos en concreto. Una se encuentra todavía en emisión, en la que es ya su tercera temporada. La otra terminó en mayo del pasado año, en un fenómeno mundial que será difícil repetir. La primera todavía permanece escondida en círculos internos, siendo una pequeña joya con un seguimiento que no va acorde a su calidad. La segunda trascendió más allá del mundo de la televisión y se convirtió en un acontecimiento del que era imposible escapar, como es imposible evitar conversaciones sobre Barcelona y Real Madrid cada lunes. Todavía a día de hoy, es difícil iniciar un debate sobre dicha serie sin que despierte los más salvajes instintos de los contertulianos, como si en defender o criticar cada capítulo les fuera la vida.

Irónicamente, ambas tienen su semilla en la misma mente prodigiosa que ahora se rifan todas las cadenas de televisión estadounidenses. La misma cabeza que se asoma a las parrillas de programación con nombres como Alias, Felicity, el reciente fiasco de Undercovers o la todavía en ciernes Alcatraz. Hablo, como ya es obvio a estas alturas, de J. J. Abrams, y de dos de sus criaturas: Lost (Perdidos) y Fringe.

A continuación intentaré exponer los motivos por los que considero que Fringe, la serie todavía en emisión por la FOX, ya ha alcanzado cotas de calidad equiparables e, incluso, superiores a las que en su día consiguió la historia de supervivientes aéreos en una extraña isla.

Los capítulos autoconclusivos

Se trata de aquellos capítulos que no suponen un avance real en la historia de fondo de la serie. En lugar de seguir un hilo anterior, presentan un nuevo escenario que queda resuelto al finalizar el episodio. Un ejemplo de ello es CSI en sus tres variantes, en las que -casi- cada capítulo presenta unos crímenes que quedan resueltos antes de los títulos de crédito.

Existe cierta corriente de opinión que desprecia estos capítulos y se siente decepcionada cuando se le presentan. Sin embargo, es un recurso necesario en cualquier serie que tenga una esperanza de vida más allá de una temporada única, ya que lo contrario precisa de una historia de tal magnitud que sería difícil de manejar al ritmo al que se escriben, ruedan y producen las series de televisión.

En el caso de Lost, los capítulos autoconclusivos trataban problemas menores -en comparación con los grandes enigmas- de algunos de los personajes de la serie. Suponían, por tanto, pequeñas historias que el espectador toleraba gracias a la empatía que ya sentía anteriormente por dichos personajes, pero que raramente hubieran resultado atractivas para ese mismo espectador si las protagonizaran nombres que le fueran desconocidos.

En Fringe, los capítulos autoconclusivos siguen el camino que abrió hace mucho tiempo otro clásico de la televisión, The X-Files (Expediente X). El capítulo se inicia con una escena que intenta impactar desafiando a las leyes del universo conocido. Durante el desarrollo, los protagonistas investigan y juntan las piezas de lo ocurrido para darle una explicación lógica -relativamente hablando, claro-, jugando con los límites de la pseudociencia y los fenómenos paranormales. Se trata de algo muy personal, pero la verdad es que adoro este tipo de capítulos en los que los guionistas demuestran tener una mente abierta -buscando mostrar algo que no se haya visto ya anteriormente- y tanto personajes como espectador “unen fuerzas” para buscar una explicación.

Los capítulos reveladores

Conociendo el concepto de “capítulo autoconclusivo”, podríamos definir el tipo totalmente opuesto como “capítulo seriado”, tratándose éstos de aquellos que suponen un avance en la historia que se sucede de fondo a lo largo de toda la serie. Y siendo más específicos, me he tomado la libertad de definir como “capítulos reveladores” aquellos que suponen un hito importante en el global de la serie. Suelen ser capítulos que levantan mucha expectación previa, bien sea por su título, por los anuncios promocionales, o por rumores y pequeños avances que aparecen antes de su emisión.

Cumpliendo ambas el perfil de series que intentan atrapar al espectador con grandes preguntas y promesas de grandes respuestas, en el momento de la verdad el resultado final ha sido dispar. Los capítulos clave de Lost solían levantar una ola de “alegría moderada”, ya que si bien daban alguna respuesta a preguntas que llevaban tiempo abiertas, solían venir acompañadas de nuevas preguntas más extrañas si cabe, provocando un sentimiento de frustración en la audiencia.

Fringe ha tenido ocasión de presentar, por lo menos, tres capítulos reveladores, todos ellos a partir de su segunda temporada. Y lo que en ellos se cuenta son piezas del puzzle que encajan a la perfección con los huecos que habían quedado vacíos. Esa sensación de que no quedan cabos sueltos es la que espera un espectador que deposita su confianza y fidelidad en los guionistas. Especialmente admirable es descubrir que, en el enésimo capítulo de la serie, un pequeño detalle emitido muchísimo antes cobra sentido. No hay mejor muestra de que una historia está debidamente planteada, planificada, y cerrada a la improvisación.

Los personajes

Ahora que, pensando en Lost, ya es posible echar la vista atrás y sacar conclusiones del global de la serie, nos damos cuenta de que con cierta frecuencia la historia introducía a nuevos personajes con tal de aportar frescura e intentar abrir nuevos caminos. Es una estrategia que en algunos casos resultó a la perfección, pero en otros fue vergonzosamente fallida.

A lo largo de las dos temporadas y media que Fringe lleva emitidas, solo una vez ha aparecido un nuevo personaje que intentaba ganarse importancia en la historia. Sin embargo, no solo ese único intento ha tenido éxito, si no que además parece justificado por el hecho de tratarse de una figura que, aunque no físicamente, ya estaba presente en la historia de fondo desde el primer día.

Los detalles

Ambas series han jugado y juegan muchísimo con los detalles que van más allá de la propia historia. Estoy pensando en el ejemplo de la infinidad de pequeños elementos que se muestran en escena sin darles importancia, pero que para el espectador atento son pequeños regalos visuales. En el caso de Lost, estos guiños consistían en entrelazar las historias de los personajes sin que ellos fueran conscientes de ello. Por ejemplo, el personaje X aparecía en televisión cuando Y estaba viéndola. O el personaje X se cruza paseando con el vehículo de Y, que ya conocemos por algún episodio anterior.

En el caso de Fringe, han dado un paso más allá. Sabemos de antemano que son detalles que no tienen un peso real en la historia -los detalles de Lost daban pie a miles de teorías que luego eran en vano-, y sin embargo son igualmente disfrutables. Además, los guiños de Fringe no se limitan a los personajes de la ficción: juegan con la propia realidad conocida del espectador. Cualquier cartel, cualquier valla de publicidad, incluso el nombre de una película puede ser una pequeña broma por parte de los guionistas. Y no puedo decir más sin estropear alguno de los grandes momentos de la serie.

Eso son, a grandes rasgos, los componentes más importantes que hacen que a día de hoy ya tenga un mejor concepto de Fringe que de Lost, lo cuál no significa que no siga admirando a la segunda. Entonces, ¿porqué no se ha repetido el fenómeno?

Es difícil de saber. Quizás Lost estaba en el momento y lugar adecuado. La audiencia estaba desprevenida, la competencia era menos feroz, y el boom de las redes sociales -auténtico nido de las teorías de los espectadores- acababa de empezar. Debo confesar que, cuando empezó a ser una serie tan popular, los foros de Lost en la red empezaron a llenarse de personas que parecían no estar a la altura de la serie, y discutir del argumento con ellas era como hablar sobre fútbol con tu madre, aunque no sepa lo que es un fuera de juego. No me entendáis mal, cada obra tiene su público objetivo, y no puedes buscar lo mismo en Perdidos que en Física o Química.

Lost dispuso de crédito suficiente por parte de la ABC -incluso cuando las audiencias bajaron- y vivió lo suficiente para contar su historia en seis jugosas -unas más que otras- temporadas. No es para menos, ya que la serie ha conseguido que la marca “ABC” sea conocida en todo el mundo. Fringe, en cambio, parece vivir en constante peligro de cancelación. Su cadena, la FOX, es conocida por tener un gatillo fácil a la hora de cancelar series -solo una palabra: Firefly-, y recientemente su horario de emisión fue trasladado a la noche de los viernes, un lugar conocido por ser el purgatorio de las series antes de descender a los infiernos.

Solo puedo recomendaros que descubráis y disfrutéis Fringe mientras podáis, porque no sabemos si, cuando nos falte, alguien tomará el testigo del buen hacer de todo su equipo.

Facebooktwittergoogle_plus

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *