Temiendo la “piulada”
Ha sido noticia durante la pasada semana: Twitter, tras varios meses recibiendo peticiones para ello, ha habilitado el catalán como uno de los idiomas a los que traducir su plataforma.
El proceso de adaptación al nuevo idioma difiere del clásico sistema de un equipo de lingüistas encargados de la traducción. En su lugar, se habilita un portal colaborativo en el que cualquiera participa accediendo al glosario original y proponiendo la que considera que es la traducción más adecuada para cada término. Más allá de éste punto de partida, no conozco el mecanismo exacto. Supongo que se trata de algún sistema pseudo-democrático en el que para cada palabra, la propuesta que mayor aceptación reciba pasará a ser la traducción oficial.
No tardó en aparecer un motivo de discordia que ya se vaticinaba en la red catalana antes de que se abriera el proceso oficial de traducción. Entre el buen puñado de palabras que Twitter ha conseguido difundir y a las que ha dado un significado propio (“follower”, “reply”, etc.), una de ellas representa la piedra angular de todo el sistema: el “tweet”. La unidad mínima en la que un usuario lanza al mundo un nuevo mensaje de 140 carácteres o menos. Cualquier persona no angloparlante con un mínimo conocimiento de la red conoce el significado de “tweet”, y a lo que menos le recuerda es a su significado en un universo “antes de Twitter”, que sería el equivalente al español “piar”.



Como tantos otros, soy una víctima más de la nueva edad de oro que atraviesa la ficción televisiva norteamericana. El auge de series con altos presupuestos ha propiciado que muchos guionistas dejen de lado la gran pantalla para entrar en el televisor, con el consecuente aumento de calidad de las obras que se nos entregan en pequeñas píldoras semanales.
Nueva York 2008
Riviera Maya 2010
Lisboa 2010
París 2007
Salamanca 2009